1944. La guerra en Europa se encuentra en un momento decisivo. Las tropas nazis retroceden ante el avance imparable de los aliados. Estos, tras años de sufrimiento y grandes pérdidas, están al fin cerca de la victoria. Ante ese panorama, el teniente general de las SS Hans Kammler, uno de los ingenieros más brillantes del III Reich, está a punto de finalizar el proyecto más ambicioso de toda su carrera, un arma tan eficaz, que bien utilizada podría suponer la derrota de las fuerzas aliadas. Ante la posibilidad de que los nazis puedan alzarse con la victoria, los servicios secretos norteamericanos optan por enviar un pequeño comando al corazón de Alemania para evaluar la amenaza y destruirla. El capitán Manuel Ferrer, antiguo soldado republicano durante la Guerra Civil Española, y actualmente al servicio del ejército estadounidense, tendrá que infiltrarse junto a sus hombres tras las líneas enemigas, bajo las ordenes del teniente coronel James T. Andrews, un oficial frío y calculador dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de cumplir su misión. No tardarán en descubrir que la amenaza a la que se enfrentan es tan real como mortífera. La vida de millones de personas, así como el desenlace de la guerra, están en juego.
Aunque los tambores de guerra ya venían sonando desde bastante antes, el 1 de septiembre de 1939 comenzó de manera oficiosa la Segunda Guerra Mundial con la famosa fotografía de los soldados de las Wehrmacht destruyendo el puesto fronterizo polaco-alemán. Mediante acciones políticas expansionistas del reciente régimen nazi, con la connivencia de las naciones vencedoras de la Primera Guerra Mundial y con su fallido Tratado de Versalles y Sociedad de Naciones, los vencedores reblandecieron sus discursos con la aplicación del Pacto de apaciguamiento con Alemania, con el que creían que podrían llegar a un acuerdo frente a las políticas de “espacio vital” nazi. Pero se equivocaron. La maquiavélica mano del ministro de propaganda Joseph Goebbels ya apuntaba muy alto desde el inicio de la guerra. Durante los meses anteriores a la invasión de 1939, los periódicos y políticos alemanes llevaron a cabo una campaña propagandística a nivel nacional e internacional, por la cual acusaban a las autoridades polacas de organizar o tolerar la limpieza étnica de los alemanes que vivían en Polonia y que constituían una minoría étnica. El 22 de agosto Adolfo Hitler dijo a sus generales: “Proporcionaré un casus belli propagandístico. Su credibilidad no importa. El vencedor no será cuestionado por si dijo la verdad”.
¿Les suena de algo este tipo de discursos supremacistas, xenófobos y racistas?, ¿el Tratado de Versalles nos roba? El populismo trata de eso precisamente, de encandilar al pueblo con discursos que resalten la figura del “salvapatrias de turno” que les sacará de las penurias y solucionará sus problemas. Y no nos equivoquemos, hay todavía muchos turnos en la cola del INEM de sectarios en paro, listos para abducir a los más embobados. Pero para unir el voto no es suficiente sus promesas futuras (y probablemente inalcanzables) sino que hay que elaborar el curriculum del enemigo común, del demonio que engendra a todos los males que asolan a una población depresiva, sin recursos y normalmente de clase más humilde. Y ahí es cuando aparece un líder “amantísimo” que aglutina el odio sobre el opresor exterior, llevando (casi siempre) a su pueblo a la perdición más desalmada, al caos más cruel y a la destrucción final. Fascismo y comunismo enseñaron los dientes a la Historia dejando marcadas para siempre sus páginas. Pero no es un problema del pasado, el hombre tropieza en muchas piedras. Con cambios de siglas, de atuendo, de semblantes y de operaciones publicitarias de una estética cercana y juvenil, están siempre pugnando por aparecer. En el “black friday” de las pieles de cordero siempre hay un puñado de lobos agolpados en las puertas, esperando para asaltar el trono de discursos edulcorados con los que se ganan el favor del populacho carente de herramientas reflexivas, educativas y de perspectiva histórica. Ya saben aquello de “… luego vinieron a por mí… pero ya era demasiado tarde”… pues eso.
En estas lides estamos cuando Francisco Sainz Silva nos embarca en una aventura épica de furia de comandos y espías. Nos acordamos en este punto del fantástico videojuego español “Commandos: Behind the enemy lines” de Pyro Studios 1998. En la presente novela nos encontramos como en las distintas fases del mencionado videojuego, con personajes perfectamente perfilados en sus diferentes habilidades. Hemos tenido muy presente que la “pantalla” que más nos gustaría jugar sería la de la mansión Böhm. Sería apasionante. Varios escenarios, técnicas de distracción, eliminaciones de enemigos quirúrgicamente, extracción del trofeo y colocación de explosivos tácticamente para cubrir la huida. La mansión Böhm de la presente novela, para que se hagan una idea, es parecida al castillo de Rennes de la película “Los doce del patíbulo – Robert Aldrich 1967”, pero con un mayor espíritu libidinoso y moral distraída. Aquí los horrores de la guerra se mojan en whisky de importación con bailarinas especialistas en la danza horizontal.
Son estas las imágenes que nos han traído la lectura de este libro: “Los cañones de Navarone”, “El desafío de las águilas”, “Los héroes del Telemark”, “El puente sobre el río Kwai”, “Tobruck”, “Comando en el mar de China”, “Las ratas del desierto”… entre otras. Muchos hombres y mujeres dieron la vida para destruir infraestructuras esenciales para el devenir de la guerra o bien para hacerse con planes bélicos o de armamento del ejército nazi.
En este libro el papel de la mujer es fundamental. Es la época dorada del espionaje que contó con muchas mujeres listas a prestar la labor más ingrata y arriesgada que puede realizar un civil, ya que con casi toda seguridad, el ser descubierto significaba la tortura y la muerte. Ahí están ejemplos como Mata-Hari, Krystyna Skarbek, Virginia Hall, Margarita Konenkova, etc. En muchas ocasiones han sido silenciadas por los historiadores dejando de manifiesto que, las “cosas bélicas”, son asuntos masculinos. Muchas de ellas dieron la vida por su país. Su memoria, como la de sus compañeros, debería ser siempre respetada y valorada. En muchas ocasiones se arrojaron a misiones suicidas que evitaron la muerte de sus compatriotas.
Francisco Sainz nos trae lo mejor de la literatura de espías y comandos suicidas (sin llegar a ser Juego de Tronos, aquí hay bajas en todos los bandos… Siempre sale algo mal… al tiempo). En la línea de los grandes escritores del género como Ken Follett, Frederick Forsyth, Graham Greene, John LeCarré, Ian Fleming, Tom Clancy, Robert Harris, etc… el autor nos mete de lleno en un magnífico fregado en el que el destino de la guerra, de Europa y del Mundo está en juego. Contemplamos los cohetes V1, V2 y la casi consecución de armamento nuclear que Hitler pudo tocar con la yema de los dedos pero que se le escapó finalmente de las manos… ¿y si la guerra hubiera durado apenas seis meses más? ¿y si Hitler tuviera un último as en la manga? (Historia/ficción que dejaremos para la ucrónica distopía de Philip K. Dick en su obra “El hombre en el castillo” de 1962.
Cabe destacar dos aspectos en la narración de la presente obra: El pundonor y resistencia femenina, fundamental en la consecución de los objetivos de la misión. Nunca un grupo de resistencia ha hecho tanto por su país (incluso el nazismo era criticado veladamente por algunos detractores en su propias filas. El camino que llevaba a la perdición del país y las noticias sobre las “soluciones finales”, dejaban un poso amargo en algunos ciudadanos que veían que según corría la campaña, las promesas que les habían realizado estaban siendo una ponzoña destructiva). El segundo factor destacable es la eliminación de la delgada línea entre los buenos y los malos (que los nazis son los malos nadie lo cuestiona. Solamente algunos que hoy en día comulgan con ideas negacionistas sobre el Holocausto), pero “los buenos”, en un contexto bélico, se tornas hienas ignominiosas, que solamente buscan salvar el pellejo y desplegar sus más bajas pasiones. En situaciones límite de supervivencia no todos los “buenos” se comportaran como tales. Una guerra es una pausa en las reglas que todo grupo humano se ha otorgado. El dolor, la frustración, las torturas y mirar a la muerte con ojos encendidos, machaca la mente de quienes, por desgracia, han tenido que comer del barro de las trincheras.
Por último, también hay que comentar que el propio autor tras el impacto que le produjo la visita al campo de concentración de Sachsenhausen, no pudo menos que introducir en su narración un pequeño fragmento acerca de la situación de estos lugares donde la muerte se abría camino diariamente a golpe de guadaña. El mundo pudo conocer hasta dónde somos capaces de llegar cuando no vemos en el semejante más que despojos. La Eugenesia moral siempre acaba con el intento de destrucción de colectivos minoritarios… Y no estamos libres de que estos sucesos vuelvan a ocurrir.
Francisco Sainz Silva nos ofrece una “pelinovela” muy entretenida, llena de valientes, de buenos y de malos, de misiones imposibles, de momentos de sangre y destrucción (física y moral). Es la lucha de los principios éticos en tiempos duros y grises que no debemos olvidar. Días en los que se daba la vida por la patria y no se subían tus progresos a Twitter ni a Instagram. Los campos de batallas de Europa quedaron regados con las almas de anónimas personas que dejaron en este mundo su pequeña pieza en el engranaje de una necesaria victoria. Hoy pocos les recuerdan, pero de sus gestas nació nuestra libertad.
Operación Hades o cómo nunca el infierno ha estado tan cerca de ganar la partida.
P.D. El Gran Hermano de la sociedad ocultista Thule siempre vigila. ¡Avisados están!
Esta obra podría enmarcarse dentro del género de la novela negra, ya que comparte características que se observan presentes en la estructura del texto. Pero lo que tenemos en esta ocasión es una novela de ficción histórica, que presenta una historia alternativa sobre el final de la Segunda Guerra Mundial. Un "Y si..." que me gusta llamarlo en relación al término americano "what if". La verdad que ya de por sí se presenta bastante llamativa la historia, con lo que es fácil acabar leyéndola para saber si al final la situación se hubiera dado, qué habría pasado.
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Ahora bien, sin entrar en detalles de la trama para no desvelar nada, la novela es algo más extensa, quizás de lo que el público que lea ficción histórica esté acostumbrado. Desde el primer momento en que se comienza a leer, el lector se ve sumergido en el ambiente y en la época en la que se mueven los personajes. Además, a quien le apasione la historia, seguramente le atrapará aún más, consiguiendo que se transporte a los escenarios que se describen.
Un libro con mucho ritmo. Al principio andas un poco perdido pero al rato comprendes que te estaban poniendo en situación y luego todo va rodado y lo devoras en un momento.
Decidí leer este libro después de ver varios vídeos de su autor en su canal de YouTube, “En Plano Fijo”. La verdad es que no esperaba nada; no es un tema que me interese lo más mínimo. Y, sin embargo, me ha sorprendido muchísimo. Me ha pasado lo mismo con un par de escritores que he leído últimamente: gente que escribe una buena historia, sin muchos artificios literarios, y cuyo éxito (a mi ver) se basa en una historia bien contada. Me explico: ¿Creo que Francisco Sainz es un literato maravilloso? No. ¿Va a ser el próximo Antonio Gala? No (dicho con el mayor de los respetos). Pero “Operación Hades” es un buen libro, sí. Me ha gustado mucho; la historia me ha parecido muy entretenida. Los personajes están muy bien construidos; estaba deseando que todo les saliera bien. Y el final me ha encantado. Ojalá escriba más libros; estaré deseando leerlos. ¿Recomendaría este libro? Sí, sin dudarlo. Muchísimo.