Entre todas las mujeres quedo finalista en el XIV Premio La sonrisa vertical y suscito un renido debate entre los miembros del jurado. Cuando los lectores de esta coleccion lo lean, comprenderan, aunque solo en parte, la naturaleza de esta acalorada discusion. Y es que nos encontramos ante una novela muy distinta, insolita en el panorama, en estos ultimos anos, de la narrativa erotica escrita por mujeres. Algunos clamaran al escandalo, otros a la herejia, pero sin duda los sensatos, amantes de la buena literatura del genero, sabran ver en ella una hermosa parodia de la erotica mistica, ademas de una vision sarcastica de los excesos a los que pudo conducir la mojigateria y el fanatismo religioso en los anos oscuros del franquismo. Una mujer de mediana edad, que vive en un mundo familiar y social sofocado por normas y convenciones estrictas, comprueba que ya no pude ocultarse a si misma su «diferencia» con las demas mujeres heterosexuales, que se casan y llevan una vida normal. En su desesperacion por «regenerarse» y, en realidad, siguiendo las indicaciones de psquiatra del Opus, quien le aconseja, para aplacar sus animos, enamorarse de la Virgen , se deja arrastrar en la gratificante fantasia de reencarnar a Bernadette Soubirous, la nina que recibio los favores de la Virgen de Lourdes a mediados del siglo pasado. Nadie, entonces, supo imaginar de que naturaleza fueron estos favores, que duraron tan poco, pero fueron tan intensos... Esta es la primera novela de Isabel Franc, y estamos convencidos de que, allende los meritos evidentes que la hacen merecedora de formar parte del catalogo de una coleccion como La sonrisa vertical, los lectores atentos sabran detectar en ella todos los atributos de una escritora a quien podemos vaticinar un futuro mas
Ganadora del premio La Sonrisa Vertical, "Entre todas las mujeres" de Isabel Franc, tras un reñido debate del jurado, se trata de un libro transgresor, extraño y atrevido, que oscila entre lo espiritual y lo erótico, sin demasiada delicadeza pero tampoco sin explayarse en lo concreto. Digamos que juega con el lector, fingiendo atrevimiento, pero escondiéndose tras una fingida discreción ambigua.
Me han pasado cosas con esta novela que no suelen ocurrirme: me ha enganchado, pero me ha resultado aburrida; me ha parecido original y, al mismo tiempo, recurrente y repetitiva; me ha resultado creíble la protagonista y también inverosímil. Resulta, entonces, un libro diferente, insólito, con una fuerte crítica social, una burla al amor clásico, al fanatismo, a la Iglesia y a sus creencias, a las mentiras y a la falsedad.
La joven protagonista ve despertar sus inclinaciones lésbicas con una apasionada relación con una compañera de colegio que termina repentinamente. Desesperada por regenerarse, acude a un psiquiatra del Opus Dei, quien le aconseja, para apaciguar su alma, enamorarse de La Virgen y dedicarle su vida a ella.
Dejándose llevar por la gratificante fantasía de Bernadette Soubirus (la niña que recibió los favores de la Virgen de Lourdes), la protagonista se ve inmiscuida en la relación erótico-amorosa con una aparición virginal y celestial en una gruta, donde los encuentros clandestinos serán, poco a poco, descubiertos.
En torno a esta premisa, se desarrolla un cúmulo de intereses, de erotismo, de mentiras, de duros sucesos que le acontecerán a la joven, quien totalmente enferma de amor, no querrá rechazar bajo ningún motivo las visitas y sus encuentros con musa celestial.
Aunque transgresor y atrevido el argumento, su literatura no logró encandilarme. Me sentí alejada de la historia, aun sintiendo admiración por este tipo de tramas diferentes y sin tapujos que son, desde luego, dignas de aplaudir y de tener en cuenta.
Durante los minutos que siguieron, mi voz dejó de oírse para dar paso a los suspiros de las niñas, al roce de las telas de sus faldones, al sibilino murmullo de sus rezos, a sus gemidos, a sus lamentos, sus jadeos y, por último, al estallido de gozo que las niñas lanzaban en el momento de alcanzar de sus emociones y hacer entrega de ella a aquella hermosa señora que había nacido en la imaginación de cada una. Cuando la hermana Geneviève llegó hasta donde estábamos alertada por unos quejidos que le resultaban extraños, sólo quedaba ya nuestra respiración honda y entrecortada. Nos encontró arrodilladas en círculo, con las manos unidas, el semblante arrebatado, sudorosa y con la cabeza agachada ocultando las lágrimas que a más de una le corrían mejilla abajo. Aquella visión, más que asustarla, la emocionó. Se quedó inmóvil en la puerta del oratorio antes de atreverse a preguntar con voz trémula: ¿Qué estáis haciendo pequeñas? Orando, madre - respondí yo-, orando.
Me pierdo, me estoy perdiendo. Voy a subir, o a caer en los más hondo. Me voy, me voy, me alejo. La explosión. Sí, la explosión está llegando. Su mano en mi punto, la humedad, el sudor, el chasquido. Ahora, ya. El volcán ha estallado. Su lava baja por mi cuerpo. El calor me abrasa. Agito mis brazos, mis caderas y mis nalgas. Y sigue, sigue. Parece que no va a acabar nunca este estallido. Otra sacudida. Y otra. Y otra más. Un poco más. Suspiro.
Desde luego, Isabel Franc se conoce al dedillo la historia de Bernadette Soubirous. Yo habría preferido que se apartara un poco más de la historia original para construir un argumento más divertido con el humor del que sé que sabe hacer gala. Una vez pasadas las risitas de la identificación del éxtasis místico con el carnal, la historia sigue la biografía de la santa sin ofrecer muchos más giros. Dios te salve, María, mira que enamorar muchachas para luego hacer la tres catorce.
"No reveléis a hombre alguno lo que hacéis aquí conmigo, ni vuestro mismo confesor debe saberlo; amad a las mujeres y enseñadles lo que yo os he transmitido". Saliendo de mi gusto por libros de fantasía y novelas policíacas, encontré esta joya en la biblioteca de mi escuela y no me arrepiento de haberla leído, a cada página quería saber más y, al igual que Bernadette, sentí el abatimiento porque ya no "veríamos" a su señora.
Como mujer que ama a las mujeres, también sentí que relató de forma no solo poética, sino también fuera del morbo social, el erotismo vivido por la protagonista.
Tal vez no a todos, pero siempre que se presente la oportunidad me veré en la necesidad de recomendar el libro, sobre todo por ese final que no vi venir, pero darme un tiempo pensando, se vio real. 10/10 este libro ✨
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Primera novel·la d’Isabel Franch, premi ‘La sonrisa vertical’ 1991. Amb un to entre místic i eròtic explica la relació entre Bernardette Subirous i l’aparició de la verge a Lourdes com una relació lèsbica. Són millors els llibres posteriors, però té un to irreverent i transgressor.
Lo divertido de las hagiografías :p (más en jorgerueda.blogspot.com)
un cachito, va!
Entre todas las mujeres es la recreación irreverente de la hagiografía de Santa Bernardita ya que esta vez no es para un misal sino para deleite de herejes y profanos: Parodia de modo delicado los raptos extáticos de los que han hecho gala muchas de aquellas que pueblan el santoral. Armada de profunda ironía y un manejo de lengua envidiable, Isabel Franc equipara ambos estados extáticos dejando alelada a la pequeña Bernardette en brazos o a horcajadas de la bellísima mujer; lo que en Bataille son disquisiciones la Franc lo convierte en sugerentes anécdotas.
"Vi su rostro dulce y aterciopelado acercarse lentamente hasta mi. 'Estamos solas', pensé, 'como al principio. ' Dejé que su mano me despojara de las ropas que desordenadamente cubrían mi cuerpo apenas lo justo para protegerme del frío. Y sentí su boca, su cálido aliento acercándose a mis labios. Una lengua mullida y mojada se introdujo hasta el fondo del paladar acariciando los rincones como una sanguijuela traviesa que busca la sangre de su víctima. Así me clavaba ella sus afilados dientes en la comisura de mis labios, recorría mis encías, agitaba su lengua entre mis dientes, levantaba un remolino de espuma en mi boca. 'Solas como antes, sin mirones ni beatos ni barreras ni disimulos; solas para gozar, para subir en esa nube de amor, como al principio' "
La literatura de entrepierna ha hecho de la iglesia y sus representantes uno de sus blancos favoritos, ya por los excesos que se cometían entre los muros monacales como por lo licenciosos y hipócritas que resultaron muchos de sus oficiantes. En 1748 "Teresa filosofa" hizo gala de ironía al referir el verdadero motivo de los trances de Marie-Catherine Cadière; años después vendría Sade y el escarnio, "El portero de los Cartujos", las Historias de la Pulga y otras obras. Esa es la tradición que Isabel Franc reverdece de estupendo humor y novedad al cambiar la óptica y reinventar la creencia popular.