A mediados de los noventa, Liliana Villanueva y su pareja se mudan a Moscú por cuestiones laborales. De esa experiencia surgen estas crónicas. Pero Sombras rusas no es sólo un libro de crónicas sobre Rusia, también es un libro sobre la caída del Muro y las ruinas del socialismo real, sobre el espectro gigantesco que en esos años iba quedando de la Unión Soviética. La cronista visita ciudades, edificios, monumentos; hace viajes a Siberia y a otras zonas del interior de Rusia; convertida en periodista, reportea al traductor de Cortázar y a la intérprete del Che. Con una lengua y una mirada afiladas nos entrega sofisticadas descripciones de la vida cotidiana de ese país cuyo territorio comparten dos continentes.
Los lectores encontrarán delicadas sombras de un gran viaje a un país inabarcable, difícil de pensar o imaginar, y también la narración de parte de una vida.
Liliana Villanueva, arquitecta y periodista, empezó a ir al taller de escritura de Hebe Uhart en febrero de 2003, y desde entonces hasta ahora se ha convertido en una de sus más fervientes discípulas.
Liliana Villanueva tuvo una vida que me hubiera gustado tener a mí. Estuvo en Berlín el día que cayó el Muro y después se fue a vivir a Rusia apenas caído el comunismo. Estas experiencias las reflejó en dos libros - el otro es Otoño alemán - donde cuenta esos días extraordinarios pero desde lo más ordinario - por común - de su vida. Como otra de las cosas que hizo en su vida que me hubiese gustado hacer a mí, es haber sido alumna del taller de Hebe Uhart, estos textos breves, redondos, contundentes, esclarecedores y amables, son geniales.
El mejor elogio que se me ocurre es que por momentos me recordó a las contratapas de Forn; especialmente el capítulo de Bulgakov, el del traductor de Cortázar, el del aniversario de Borges y la excursión al lago Baikal.
Todos, si más o menos estuvimos en la Tierra en los últimos 50 años, conocemos la historia; los grandes acontecimientos sociales y políticos; pero estos relatos le suman la potencia de la cotidianeidad; por ejemplo, la primera compra de leche en un local de Moscú, la mudanza a un hotel diseñado por Stalin o por qué los nuevos ricos dejan las botellas de champagne ya vacías sobre la mesa en un cabaret VIP. Porque lo que la autora cuenta no es la mirada de un turistas, de alquien fue unos días y vio un par de highlights, ni tampoco la esos turistas con licencia para exagerar que son los periodistas; sino la de alguien que vivió varios años en el lugar y accede a un conocimiento, a una experiencia, que los tiempos cortos no permiten.
Sospecho que a un historiador que quiera saber un poco más de esos años que enterraron al Siglo XX y su guerra fría, la lectura de estos textos le van a servir muchísimo.
¿Por qué le pongo cuatro estrellas en vez de cinco? La verdad, no lo sé.
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Los libros de Liliana no deberían terminar nunca. Quiero que, entre todos, le paguemos todos los viajes que quiera hacer para que escriba las crónicas. Y pasarme la vida leyéndolas.
. . . Sombras Rusas es la primera obra que leo de la autora y debo reconocer que me sorprendió muchísimo y para bien. Ame este libro de comienzo a fin. En ella relata su vida en Rusia, como fue llegar a este país tan culturalmente diferente que percibí todo el relato como un diario.
La autora comienza explicando las circunstancias del por qué se muda hacia Rusia con su pareja Jan, quien es corresponsal y le ofrecen un puesto en Moscú, para el momento del libro llevaban viviendo varios años en Alemania (dato: la obra anterior de la autora es Otoño alemán, que obviamente voy a leer próximamente). La aventura comienza cuando deciden ir a ver si podrían adaptarse a esa vida y se encuentran con otro mundo. Un mundo que se reconstruye después de que la Unión Soviética deja de existir. Un mundo donde salir por una copa exige dejar en la mesa todas las botellas vacías para que los demás vean el estatus social al que perteneces a través de ese gesto.
Liliana Villanueva tiene el poder de las palabras justas que con descripciones simples y totalmente convincentes logra hacer viajar al lector y acompañar su mirada a las personas, el clima, la ropa y los paisajes, sobre todo los paisajes. Tal es que casi al inicio de la historia logra explicar el título del libro, cuáles y quienes son esas sombras rusas es algo para descubrir.
En medio de la travesía que significa adaptarse al idioma y lo orgullosa que puede hacerte sentir comprar leche en un negocio, la autora descubre una nueva faceta de sí misma, la periodista; que durante todos sus años en Moscú le va a dar la posibilidad de conocer personajes y lugares interesantes que describe esos encuentros durante su relato, así es que conocemos a Ludmila quien fue traductora del Che cuando visito Rusia o en una reunión a quien fue la hija de Stalin.
La autora logra mezclar su día a día, por ejemplo, desde la ventana de su departamento ve que hay un cadáver en su vereda mientras mantiene una conversación telefónica, o sus problemas matrimoniales al no poder tener hijos hasta ese momento. Nos deja, a los lectores, ver que todo sucedía con un clima de -27° bajo cero y con personas que repiten frases como: Rusia es asi. Sinceramente termine el libro con ganas de leer más de la autora y conocer ese mundo llamado Moscú.
Me gustaría destacar a una persona dentro de las crónicas de Liliana Villanueva, pues ella mantuvo contacto con Pavel Grushko, quien considero podría pertenecer a la casa de Revenclaw, pues es que por su inteligencia y sabiduría se convirtió en el traductor de las obras de Cortázar al ruso, como así también de Octavio Paz y Borges. La autora logra hacerle una entrevista a Pavel que es más que interesante de leer ya que menciona como el lenguaje no es algo estático ni mecánico, y es a través de las palabras de Cortazar que conoce Buenos Aires sin haber ido nunca.
En mi familia las fiestas navideñas son muy tranquilas, por lo que creo que tener a un Revenclaw como cita sería ideal en una noche donde una mente creativa y curiosa puede mantener entretenida la espera de Papa Noel y sus regalos. Creo que una invitada más que especial seria Sybill Trelawney, de quien esperaría alguna que otra predicción sobre lo que nos espera el próximo año.
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Compré este libro para un amigo rusofilo, con la cuarentena decidí leerlo, sin mucha expectativa porque no sabía de qué se trataba. El libro reúne las crónicas de Liliana Villanueva durante sus cuatro años vividos en Rusia, a fines de los 90. Gracias a que consigue una credencial de periodista tiene acceso a conversar con personajes como el traductor de Cortázar al Ruso, una traductora del Che, la hija de Stalin, y otrxs. Me gustó mucho la manera en que lo cuenta, con una sencillez y humildad que sentí que una amiga me contaba un viaje. Aprendí muchas cosas sobre Rusia, tan misteriosa como su lenguaje
Liliana y su marido viven en Alemania, él es periodista y ella arquitecta. Por razones laborales deciden mudarse a Rusia aunque no les gusta. Apenas llegan, tras la mudanza, lo primero que nota Liliana es que “el capitalismo parece haber llegado mucho antes que yo a Rusia para instalarse de una manera despreocupada y salvaje”. .
En el transcurso de los cuatro años que vivirán en el país, la autora dará cuenta de la dureza de la vida para nativos y extranjeros. Entrevistas con el traductor de Cortázar y la intérprete del Che, enfrentamientos de pareja en medio de la nada absoluta y desconocida, la nostalgia y los encuentros casuales que terminan transformando a Liliana Villanueva en periodista por accidente.
La vida que transcurre en un departamento, propiedad del Ministerio del Interior ruso, en donde Liliana tiene palos borrachos y jacarandás en macetas para mitigar la distancia de Buenos Aires.
No sabría muy bien cómo clasificar esta novela. La palabra que se me viene a la cabeza es deslavazada. Entré en ella con muchas ganas esperando descripciones de Rusia, sus habitantes y su modo de vida de mano de alguien cuyo transfondo cultural podría ser relativamente semejante al mío. Si eso es lo que buscas, esta no es tu novela; la autora se dedica más bien a pasear por capítulos inconexos de su vida en Rusia sin que sepas muy bien qué criterios sigue, ni por qué se decide por según qué episodios que podrían haber pasado en Rusia, como en cualquier otra parte.
Fácil de leer, pero sin duda decepcionante a la hora de hacer una aproximación a un país con una historia, cultura e identidad tan fascinantes como complejas.
1.40 a.m. y recién termino de leer este libro que estuvo en mis estanterías esperando por al menos tres años, no recuerdo por qué me llamó la atención en aquel momento pero agradezco haberlo comprado.
Me decidí a leerlo por la situación actual de Rusia y Ucrania. Quería empaparme de las experiencias de una argentina en ese país y cultura tan ajena a la mayoría del mundo.
Es la primera vez que leo a Liliana Villanueva y la verdad es que no me decepcionó. Cuenta sus experiencias, mientras nos enseña la cotidianeidad y parte de la historia de este país.
Muy bien escrito, capitulos cortos y mucho aprendizaje sobre esta cultura tan distinta. Una lectura muy amena e interesante.
Varias partes me gustaron mucho, pero la mayoría del libro me pareció un borrador. Hay frases repetidas (casi textuales) en un mismo texto, errores de sintaxis y tipeo. No sé si correspondería hacerle este llamado a la autora sino a la editorial, pero fue muy engorroso leer asi.
Me pareció increíble el nivel de las descripciones, su profundidad, la capacidad de la autora de pintar en mi cabeza todo lo que ella vio y quiere que yo vea. Hago incapié en este aspecto porque es un libro en el que la narradora conoce un país, lo mira con los ojos del descubrimiento y logra plasmar todo el impacto que le causó el asombro en sus líneas. Esto fue muy importante para mí, porque de cierta manera, me quedo con la sensación de que yo también estuve ahí, en una Rusia que ya no está más pero que sigue estando acá, en este libro.
Por otro lado, este libro está compuesto por variadas historias y anécdotas que le aportan complejidad a la narración: no es solo un viaje a un país, es un viaje por su historia, su gente, sus costumbres y sus fantasmas. Sin ir más lejos, considero que el capítulo de la parrillada (En la dacha de Galina) están presentes todos estos elementos.
Cómo reflexión final, me quedaron en el cuerpo las ganas de charlar con los rusos de este libro: con los de Moscú, con los de Siberia, con Galina y con Valdimir; con ganas de compartir con ellos esas empanaditas con mucha masa y tomar un buen té para sobrellevar esos 27 grados bajo cero; con ganas de cruzar el Baikal caminando y que suene el piso congelado.
El destino y las propias elecciones llevaron a la autora y su pareja a instalarse en Moscú a mediados de los 90. Sombras rusas es una serie de crónicas que retratan esa experiencia, escritas en tiempo presente son una invitación obligada a permanecer ahí como lectora prendida a su nuca.
Imaginar un país tan vasto o dimensionar su amplitud sólo es posible de la mano de una gran narradora, y Lílichka lo logra! No se conforma con compartir lo que va descubriendo con su sentir agudo, se mete en ese idioma extraño cuya composición adivina una cultura tan ajena como fascinante, acompañándolo además con revelaciones de gente intrigante que tiene algo o aparentemente nada que contar.
Leer a Liliana Villanueva es un verdadero viaje hacia otras culturas, ciudades y formas de vida. Y es que definitivamente consigue teletransportarte a callecitas y escenarios tan distintos a la propia realidad, que no solo nos permite conocer otras costumbres, sino que además se explica de una manera tal, que uno puede vivir junto a ella todas esas experiencias tan pero tan enriquecedoras.
Disfruto mucho cuando un libro me permite conocer a profundidad, una existencia tan alejada de la mía. Me gusta sentirme parte de otras sociedades y de otras vivencias que se encuentran tan alejadas de la mía.
Me llevo una lectura que amé y que estoy segura, voy a volver a transitar! La cultura rusa me parece una de las más interesantes de este mundo, y aunque aún no pueda conocerla con mis propios ojos, sentí que la autora me llevó de la mano para presentarme escenarios increíbles de admirar!!!
Por desgracia no me ha gustado mucho o, más bien, creo que me esperaba otra cosa. Lo empecé llamado por por la sinopsis, que promete que "no es sólo un libro de crónicas sobre Rusia, también es un libro sobre la caída del Muro y las ruinas del socialismo real", pero me encontré con un libro de crónicas de la vida de Liliana en Rusia sin un hilo conductor, desestructurado y sin un propósito claro. Si bien es cierto que alguna información sobre Rusia se cuenta, siempre sabe a poco porque no es más que alguna pincelada, siempre tangencial a la (no) trama que es la vida profesional (y a veces personal) de Liliana.
[...] En esos años un supermercado exclusivos para nuevos ricos abrió en Moscú ofreciendo artículos de un millón de dólares como precio mínimo. Mientras tanto, maestros, obreros, mineros y cosmonautas o recibían sus sueldos desde hacía meses y cada vez que el alcalde de Moscú -también llamado Míster 30% por las coimas que recibía de la obra pública- se iba de caza de osos, sus empleados llevaban una larga alfombra roja para evitar que se ensuciaran sus zapatos italianos...
Cuando bucea en la historia y en la geografía de Rusia es un libro fascinante, sin embargo cuando se centra en los personajes que se encuentra Liliana o en su relación sentimental, no tanto. Desaprovecha el contexto histórico extraordinario que le regalaba la Rusia post-URSS pero aún así es un libro curioso si te interesa el país.
Lo que más me gusto de libro es qe obviamente se origina en Rusia y no cuenta como es ese misterioso país de cuál no se sabe mucho, lo malo de libro es que se volvía aburrido y repetitivo, me desilusiono ya que me había enganchado pero fue en declive, eso si me asombró ciertas cosas que pasan en Rusia.
Que decir que no se sepa de los maravillosos libros de Liliana. Lo amé. Siempre haciendo una historia de algo cotidiano que puede parecer insignificante cómo el capítulo en que va a comprar leche. No quería que se terminara pero me gustaba cada vez más y lo terminé muy rápido. Sin dudas este verano Liliana es mi compañera.
Que mejor manera de comenzar a conocer Moscú que de la mano de alguien que vivió allí en una época que ya no volverá. Un verdadera joya de la literatura de viajes para atesorar en la biblioteca y leer cada vez que se quiera viajar al pasado moscovita.
Una argentina viviendo en Rusia, en la década del '90 relata en cada capítulo alguna experiencia en un país tan lejano y distante. Entre otros, entrevista al traductor de Cortázar y visita el mausoleo donde están los restos momificados de Lenin.
Está bien. Es ameno pero como con el otro libro de ella que leí, me quedé esperando que profundizara en algún momento. Algunos capítulos no valen ni como anécdota, no entendí el propósito. También es algo reiterativo, pero si eran columnas eso puede llegar a entenderse.
Un libro sobre como relatarse a una misma y a lxs otrxs con una mirada precisa y cálida. Un viaje por lo más destacado de Rusia para la autora que deviene en un recorrido interesantísimo para lxs lectores de esa selección.
Casi igual de bueno que Otoño Aleman, un placer leer la crónica de un hecho impresionante para la historia de la humanidad, en primera persona y en la pluma de Liliana.