Decía uno de mis docentes que uno de los males característicos de nuestra historia es la tendencia al gatopardismo: todo cambia para que todo siga igual. Ese es el corazón del reformismo constitucional, como bien lo expone el autor de este libro.
La crítica más relevante del texto es su énfasis en la verdadera intención del reformismo, la cual consiste en evitar el cambio social, acentuar el continuismo y al mismo tiempo tratar (en nuestro caso, frustradamente) de generar un consenso político general.
Valencia Villa trae a la tierra el arte jurídico, mientras señala la ilusa y ferviente tradición colombiana de creer que la ley es la solución a todos los males. Creemos en la defensa del order por el orden mismo, al tiempo en que ingenuamente algunos podrían defender fielmente la neutralidad de nuestras leyes. Pero no es así, pues las leyes nacen del campo de batalla, de la disputa política que está lejos de ser una abstracción. No siendo suficiente, el autor no se muerde la lengua al señalar quienes han estado a cargo de las enmiendas de las cartas constitucionales, donde sus limitados actores reflejan las oscilaciones partidistas a cargo de las élites.
Así mismo, la lectura de la constitución del 91, si bien resulta optimista, no deja de enumerar todos sus posibles frenos y limitaciones en un Estado con una historia tan particular como la nuestra, permeada por la violencia y la guerra civil. Se nos interpela a nosotros como constituyente primario. La pregunta es si queremos seguir haciendo parte de esta llamada tiranía de los representantes sobre los representados, de este culto sin sentido a la estabilidad institucional y al orden público mientras nos cubrimos los ojos ante el atropellamiento de los derechos humanos y el funcionamiento de nuestro Estado en general.
Creo que tenemos una carta excepcional, pero no deja de ser un hecho que muchos de los nuevos mecanismos de participación allí consagrados son de difícil acceso para la ciudadanía. Después de más de 30 años en vigencia, cabe preguntarse si algún día lograremos una participación democrática real que no se agote en el mero ejercicio al voto.