La sorprendente personalidad de Glenn Gould, su extraordinario talento interpretativo, su intensidad y su carácter escurridizo han fascinado a varias generaciones que vieron en el intérprete canadiense a un músico deslumbrante y singular capaz de inspirar tanto a músicos como a melómanos y lectores. El hechizo de su música y su carisma también cautivaron a Bruno Monsaingeon, quien logró trabar una amistad y colaboración que se prolongó hasta la prematura muerte del intérprete. Este libro recoge las evocaciones del amigo, así como las vivencias de aquellos años a través de textos e imágenes que nos descubren el universo gouldiano en un retrato casi autobiográfico.
La primera parte de entrevistas es tediosa, más para aquéllos que conocemos la vida y obra de Gould al dedillo. Es una recopilación nefasta por repetitiva, valga como ejemplo que relate hasta 4 veces la historia del pez. Y me abstengo de opinar sobre las mil y una preguntas sobre la dichosa sillita. Entiendo que el libro quiera ahondar en sus manías, pero creedme, las tiene mucho más interesantes. El discurso va mejorando en la segunda parte, centrándose paulatinamente más en la música y menos en el cotilleo. Su manera de entender la música y los grandes compositores es única; Su anecdotario, sin límites, aunque a veces una se plantea si lo que dice realmente sucedió, cual Marco Polo contando sus aventuras. Un libro también para emocionarse, sobre todo cuando plantea cómo será el futuro, sin intuir su próximo final.
Gran y dispar pianista, además de otras cosas interesantes. Personaje auténtico en un mundo (el de la música) de mucho falseo, hipocresía, peloteo y puñaladas varias. Personaje con el que sin duda me codearía y con el que me siento muy identificado en muchas de sus opiniones y fobias aunque difiero en otras, como sus opiniones y zascas sobre algunos grandes compositores, y como sus gustos musicales en general y pianísticos en particular. Para él, no hay paraíso sin contrapunto a tutiplén :-D
En cuanto al montaje de las entrevistas, podrían haberse hilvanado mejor y no haberse repetido en muchas cosas, como el tema de la silla!!
Yo no soy músico, no sé leer música, ni soy un intelectual de la música clásica. Sin embargo, hay algo más allá de la superficie en la música de Gould que me hechizo años atrás, vi todos sus videos y escuché interpretaciones únicas. Compré este libro para saber porqué. Glenn Gould, en su mundo, realmente cree que no es un excéntrico. Todo funciona perfectamente en su lógica, en su forma de ver el mundo. Tiene una opinión sobre todo, una crítica a todos los maestros, a todos los estilos, a tocar conciertos, a ser figura pública. Debo admitir que este libro me decepcionó un poco porque esperé un libro sobre la vida de Gould, su pensamiento, anécdotas personales, y encontré un libro sobre opiniones musicales muy complejas, críticas fuera de mi entendimiento como un no-músico. Extrañamente, a pesar de no entender grandes fragmentos, la forma de Gould de abordar los temas no me permitía soltar el libro. Todo tenía perfecto sentido, pero desde una óptica muy distinta. Este libro es para entendedores de la música (a nivel formal), aunque todos pueden disfrutar de las no-excentricidades de Gould.
Recopilación de entrevistas a Glenn Gould. No será un excéntrico pero un poco particular si que era. Hilarante cuando cuenta el concierto que dio con abrigo por el frío que hacia en la sala. No tiene rubor para criticar a Chopin, Liszt, Schubert y Schumann.
Una recopilación de entrevistas y algunos artículos escritos por Glenn Gould. El más interesante es el último donde se explaya sobre su posición sobre tocar en vivo, las grabaciones y sus opiniones sobre una serie de compositores (shock: su compositor favorito era Orlando de Lassus y no J.S. Bach) y algunos intérpretes (particularmente famosas son sus palabras sobre Sviatoslav Richter). Lo valioso es que este es Gould según sus propias palabras, haciéndole el quite a esbozos de biografías que solo se basan en sus quirks y adicciones sin hablar nada de música.
Me parece que Gould veía la música como algo unidimensional, donde lo único importante es la forma, su arquitectura (era esencialmente un cultista, como decía el gran Scott Ross), desechando en absoluto su lado emotivo. Y si bien grabó muchísimo, más que la mayoría de otros titanes del piano, en definitiva sus grabaciones me dejan frío, y creo que han envejecido mal.