Cuando el egoísmo y el poder llenan la mente del hombre, un deseo amorfo cobra forma en su ser, y aquella naturaleza disléxica y destructora se desata en una lluvia de ira. Aquel mundo como se lo conocía llegó a su fin, cuando en el 2048 la cuarta guerra mundial devasta la vida con un absurdo vaivén de bombas atómicas. De modo que hoy, 258 años después de la Guerra Ciega, la primitiva población intenta levantarse de manera errante, como un hueso roto que jamás puede volver a ser lo que era.
Pero esta historia escapa más allá de esta burda premisa, pues se trata de una persona distinta con una mentalidad diferente: Katu, un joven hallado en un vertedero, intenta encontrar las piezas necesarias para reparar un artefacto de su propia invención que le permite cazar overos, y con sus pieles, subsistir otro eterno verano nuclear. Aquella pieza faltante, le enseñará nuevas cosas de República Austral, cosas que él siempre ignoró… o quiso ignorar.
Un frío 29 de marzo de 1989, yo veía la luz por primera vez en la ciudad de Villa María, en la provincia de Córdoba. La realidad, es que no estoy seguro si el día estaba frio o no, porque como podés imaginar, no tenía mucho entendimiento del clima a mi día 1 en el mundo, de modo que tenemos que conformarmos con la idea de que mi mamá no me mintió. Un tiempo después (mucho tiempo después... demasiado quizás), me recibí de biólogo en la Universidad Nacional de Córdoba dándome mucha comprensión del ambiente y la sociedad.
Entre medio a todos esos vaivenes de la vida escribí República Austral, una novela de ciencia ficción donde hipotetizo una argentina distópica. Obviamente aprovecho para alardear de mis "amplios conocimientos" (o al menos así lo escribí en mi currículum) de biólogo y camuflo una crítica socio-ambiental entre sus páginas.
Si hablamos de mis inspiraciones, me temo que podría aburrir hablar de tantos escritores pasando por Isaac Asimov y J.R.R. Tolkien, principales exponentes que usé para escribir República Austral, hasta otros autores nacionales como Julio Cortazar y Roberto Arlt. Trato de no casarme con ningún genero en particular porque verdaderamente me gusta descubrir historias y poder escribir las mías.
Por dios, que libro INCREÍBLE. LE DARIA 4'5 SI PUDIERA.
Una obra excelente y atrapantes, con pasajes de lectura buenísimos que te obligan a seguir leyendo enganchadisimo. Dos protagonistas recontra distintos entre si, que se complementan y se mandan las mil y una. Risa y acción garantizadas, con muchas referencias históricas nacionales. Explota un escenario y un género casi inexistente en la literatura nacional, sobre todo por dónde es ambientado.
El final, ufff que final, que libro increíble, frenético hasta el final, donde uno sigue con la adrenalina hasta la última página.
Me encantó este libro. Nunca había leído libros de este estilo y me gustó. Muy bueno el uso de nombres de animales y plantas nativas, así como de lugares de Argentina. Tiene hasta un mapita! Muy recomendado.
Me encantó leer "República Austral", desde el principio atrapa al lector construyendo una historia muy original. En el transcurso de los capítulos y de a poco se van vislumbrando detalles acerca del lugar en que transcurre la historia, la época y el trasfondo de cada uno de los personajes. Muy dinámica de leer, me gustó mucho todo el universo que creó el autor y que los hechos se desarrollen en una Argentina post apocalíptica.
Este libro me llegó en una caja literaria argentina (We are infinite). Si no era por esto, creo que nunca lo hubiera conocido y leído. La historia en sí no me pareció mala, pero tampoco me encantó. Hay cosas que no me terminaron de convencer y otras que, por más que el autor lo explicara, no lograba imaginarme esas situaciones. Creo que le hubiese puesto 3 estrellas pero la cantidad de faltas ortográficas y mal tipeo que tiene hace que no pueda darle más de 2 estrellas. De verdad, me molestó mucho los errores ortográficos que tiene y eso a la larga influye bastante.