Es la primera vez que leo a Etgar Keret, y ya está en mi lista de autores consentidos.
Tuberías es un compendio de relatos tan contundentes como breves: Algunos de ellos no exceden las tres páginas, pero bastaron para que cada una de esas historias removieran rincones profundos de mi pensamiento.
Etgar Keret mete en la licuadora dosis generosas de humor negro, sarcasmo, crítica social, y los adereza con mucho surrealismo rampante y febriles realidades oníricas.
Muchos de estos textos están inmersos en la difícil realidad del medio oriente, específicamente de Israel, con todo lo que ello significa: El sentimiento de estar rodeado por vecinos hostiles, de una perpetua amenaza a su existencia, y al mismo tiempo, saberse responsables en buena medida de haber sembrado esa hostilidad.
Creo que no es un relato moralista que intente llevarnos a tomar una postura específica en el conflicto Israel-Palestina, pero sí nos provee de perspectivas de ambos bandos, dejándonos tomar la decisión por nuestra cuenta, o al menos eso me pareció percibir.
Hay numerosas referencias a costumbres, lugares y ambientes Israelíes, pero que en su mayoría son de conocimiento popular, al menos someramente, entre los no judíos, por lo que no advierto ninguna dificultad para aquellos que quieran internarse en esta lectura.
En resumen, es una lectura muy recomendable para aquellos que gusten de explorar mundos bizarros, deformes, que den concesiones a la locura, que admitan creaciones lisérgicas de imaginaciones pródigas sabiendo que de un modo u otro parten y aterrizan en la realidad de nuestro mundo tangible.