El retiro invernal de una mujer en una playa valdiviana da pie a un relato lleno de belleza y misterio
Una mujer decide retirarse una temporada para meditar sobre su vida y escribir un texto del que nada sabemos. Para ello se va, en pleno invierno, a una antigua casa familiar en una playa sureña en la que cuando niña pasaba los veranos. Entregada al ocio y la contemplación del mar, piensa en algunos amores y en algunos muertos, especialmente en su padre y en la incierta historia común.
Una mañana sale a caminar por el fantasmal balneario en busca de leña y conoce a un hombre que la lleva inusitadamente de vuelta a sus años de infancia, mientras que la niebla y el paisaje costero la conectan con pasados más la prehistoria indígena del sur de Chile, el inmemorial origen geológico de esos territorios imponentes.
Me pasó que, pese a lo simple y corto de la historia, tenía tantos hilos en los que enredar mis pensamientos que me pareció irresistible seguir leyendo para saber cómo iba a cerrar la historia. No sé si me dejó satisfecha, aunque me atrapó entre tanto giro y tanto recuerdo, una desgracia tras otra. A momentos me parecía estar leyendo sobre una mala resaca de un autor gringo cualquiera, mezcla de depresión, nihilismo y dudas existenciales de las que huyen como si fuera la cura a sus males, mientras que, otras veces, era como leer a una amiga con la que hablar de esos temas oscuros y melancólicos que abruman la vida.
Esta novela describe el verano de una mujer que se encuentra a la deriva, es un relato corto, fácil de leer que tiene dentro de su narración una niebla espesa de misterio y tristeza, melancolía y soledad.