Aunque es minuciosamente exhaustiva y muy entretenida, no deja de ser la típica biografía de una estrella o grupo de rock, leída una, leídas (casi) todas. Como siempre, lo más interesante es el origen de Lynott (un muchacho negro irlandés que no conocía a su padre y cuya madre se vio obligada a entregárselo a su abuela para que lo criara) cuando la biografía casi deviene en ensayo sobre como Lynott fue construyendo su identidad como una narrativa mitológica íntima, idealizando una serie de tropos y personajes, desde el padre ausente visto como un idealizado aventurero, a la mitología celta, el nacionalismo irlandés y un ideal masculino extraído de fantasías pop y pulp, creando una especie de constructo que protegiera su terrible inseguridad que, al entrar en contacto con el tóxico y paranoico mundo de la industria musical, provocó mucho dolor tanto para el artista, como para la gente que le rodeaba. El resto de la narración, la habitual vista en muchas biografías musicales que parecen casi el camino del héroe; inocencia, ambición, éxito, caída a los infiernos y dos posible salidas; renovación y redención, o como en este caso, un tristísimo deslizamiento hacia la autodestrucción.
Me ha sorprendido que siendo una "biografía autorizada" el relato es bastante duro con Lynott quien, adicciones aparte, no sale muy bien parado; su inseguridad y paranoia le convirtieron en una persona obsesionada con la fama, envidiosa, aprovechada, celosa, egoísta, agresiva y hedonista, relatándose alguna que otra situación que bordea lo sórdido. No era precisamente una excelente persona y la excesiva insistencia de Thomson en afirmar a través de los testimonios que Lynott era muy majete acaba por resultar un mero mecanismo compensatorio. Incluso creo que se cargan las tintas en exceso en este aspecto; cualquier comportamiento de Lynott se interpreta bajo la regla del "piensa mal y acertarás". Por ejemplo, tratando su acercamiento al punk y la new wave, se insinúa como una maniobra oportunista para chupar cámara y subirse al carro de la moda, cuando antes y después se nos informa del amplio y ecléctico gusto musical de Lynott y su interés por todo tipo de estilos y bandas, tanto de folk, blues o rock en su Dublín natal como por el rap u otros estilos de música negra en los últimos años de su vida.
Finalmente, señalar un aspecto negativo de esta biografía que resulta muy habitual en muchos libros sobre música pop, y es cuando el autor comenta los discos de Thin Lizzy bajo sus criterios estéticos. También sorprende comprobar que al autor de la biografía no le gusta ni el cincuenta por ciento de la producción de Lynott, generando la impresión de que el suyo era un talento desaprovechado en músicas o estilos de dudosa calidad. Estos ocasionales juicios de valor (que no análisis, reservados éstos a las letras) de Thomson me sobran en una biografía como me sobrarían los de mi vecino de abajo. Sobre todo cuando se le nota muchísimo que no le gusta ni entiende el rock duro o el heavy metal o es incapaz de contextualizar algunos discos. Por ejemplo, en el caso de "Thunder and Lightning", el último disco plenamente heavy metal del grupo que no merece más que un breve comentario despreciativo en el libro. Aparte de su calidad o falta de ésta, este era el único camino que podía tomar la banda en 1983 si quería modernizar su sonido siendo fieles a su estilo. Visto ahora, el disco resulta adelantado al heavy metal que dominaría los ochenta, sobre todo si consideramos que John Sykes, cuyo sonido de guitarra dominaba la producción, entró a continuación en Whitesnake, otra banda de hard rock avejentado de escasas ventas, modernizando su sonido y pavimentando el camino para que el David Coverdale y su grupo alcanzaran el éxito masivo en 1987. Es más, un detalle feísimo de Thomson es como menosprecia a Sykes como músico sin nisiquiera darle voz, quizá Sykes no quiso colaborar pero esto es algo que no se indica en el libro.