El ruido invencible del avance del agua va permeando estos trece cuentos como en una inundación que al principio se filtra apenas por debajo de la puerta y termina por tragárselo todo. A merced de la costa o del pantano, los personajes están sumergidos en mundos opresivos de mutismo animal, con la naturalidad de lo cotidiano y el estoicismo de los minerales. Los protagonistas cambian de una historia a otra pero es fácil entrar en sus hábitats y reconocerlos, casi siempre parcos, con el carácter oxidado por el aire salino del océano. El paisaje de la infancia se cruza con la narrativa madura y sutil de la autora de estos cuentos a cielo abierto que, sin embargo, hurgan sin recelos en lo subterráneo.
«A pocos metros, pero ya dentro del barro, los colores se van opacando, las texturas se granulan, se hinchan, y, más adelante, con el tiempo, empiezan a descomponerse. Es un proceso forzoso de desaparición que tiene un olor bien característico…»
(Salto, 1981) Es traductora literaria, además de investigadora y cronista de prensa. Se licenció en Comunicación y tiene un doctorado en Estudios de la Traducción por la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil. Coeditó y tradujo del portugués la antología Crónicas de melancolía eufórica, de Mário de Andrade (2016); del inglés, tradujo Dinosaurios en otros planetas, de Danielle McLaughlin (2020), entre otros.
Publicó la novela Mayito (2006) y varios cuentos en antologías colectivas de Brasil, Bolivia, Francia, Paraguay y Uruguay. En Criatura, publicó las colecciones de cuentos Peces mudos (2016) y Cráteres artificiales (2021, segundo Premio Nacional de Literatura).
Perdonen la emoción, pero hacía mucho tiempo que no leía cuentos breves uruguayos tan completos, tan virtuosos, tan bien elaborados. No sé si porque encontré tantas referencias a mi Rocha, mi este, mi zona, a La Paloma, a Chuy, mi ciudad o a departamentos limítrofes pero que constituyen al final paisajes a los que siempre estuve unida, que la autora logró de entrada hacer con que me sintiera identificada. Trece cuentos breves divididos en dos partes, pero toda ella está plagada de animales y de agua. Agua por todas partes, agua de mar, de profundidades oceánicas, de arroyo, de pantano, de río. Animales de todo tipo, perros, gatos, plagas de cascarudos y gallaretas con tonos bíblicos si se quiere, todo contado con gran precisión. Y es que la fuerza de la naturaleza se hace presente en lo más íntimo y acompaña con su irracionalidad sosteniendo silenciosas violencias, furias primitivas, mundos opresivos. La ciudad casi no está presente, todo se desarrolla en ámbitos rurales, o pueblos costeros, con personajes que cambian de un cuento a otro, pero se hace muy fácil penetrar en las distintas realidades. Hay muchos buenos, como "Los diques", que presenta un hombre solo que vive aislado en su cabaña en medio de un pantano y una lluvia incesante amenaza con la ruptura de los diques, y el agua que se llevará todo a su paso:
"La vida en un pantano es puro barro e inmovilidad, restos de flores descompuestas, pedazos de madera que flotan, partes más hondas, zonas en las que se hace pie, pozos profundos, insectos, muchos más insectos que personas, animales de movimientos lentos y algún que otro trozo de carne echado al abandono."
"Halley", un cuento sobre su niñez y los recuerdos de infancia mezclados con como vivió la familia el histórico pasaje del cometa en el balneario La Paloma; "Lengua de cascarudo", donde una invasión de cascarudos acompaña el nacimiento y la muerte de un amor adolescente, en el que un posible embarazo no deseado rompe con el deseo inicial de la protagonista.
Pero "Dos perros" y "Chamizo" son la perfección. El primero, la historia de una mujer casada, con los hijos ya criados y un marido que está pero no está, se alegra con la llegada de un tercer perro a su vida, que la saca de la cotidianidad, y donde finalmente una excursión al arroyo con los perros terminará con su alegría:
"Ella nunca pensó demasiado al respecto, aunque estar aislada en el campo era como ser una oveja más, sosteniendo la mudez de las cosas".
El segundo, un cuento bastante perturbador sobre una prostituta de campo y la atmósfera agobiante de la pieza del viejo que siempre requería sus servicios y el perro del viejo, que se unía a los encuentros amorosos como espectador. En fin, creo que ha sido uno de los grandes descubrimientos del año. Y una autora para seguir de cerca.
La autora tiene una increíble capacidad de describir vivamente una situación, o lugar, pero sus cuentos no parecen terminar de desarrollarse. Hubieron tres de los cuentos que realmente me gustaron, pero el resto se quedó en una descripción de un evento, sin demasiado desenvolvimiento.
Dos perros 4* Los diques 3* Piures 2* La pérdida de los ojos 3* Condiciones para la vida 1* Peces mudos 2* Halley 3* Gatos de la cuadra 1* Las gallaretas 1* 21 grados 2* Lo esencial es completamente visible a los ojos 2* Chamizo 4* Lengua de cascarudo 3*
Me sorprendió para muy bien. Volver a casa no siempre es gustoso, ya se sabe, pero leer a Rosario Lázaro Igoa (Uruguay, 1981) me arrancó de mi piel y me soltó de repente al universo del campo uruguayo, del Interior; y el viaje me enganchó sin remedio y me dejó con ganas de más.
Trece relatos breves conforman este libro. Aunque el universo que te lleva de uno a otro parece un continuo, unidos cómo están por un hilo umbilical acuoso y enigmático.
Sí, hay mucha agua en estos cuentos. Agua salina de mar, agua de arroyo, agua de pantano, agua de tormenta. Y animales -perros, unos cuantos perros- y personajes ásperos, agriados, secos en universos inmóviles.
“Dos perros”, que abre el libro es probablemente mi favorito junto con “Peces mudos”, que le da nombre. Pero se quedaron fijas las hermanas de “Gatos de la cuadra”, el recuerdo de infancia y la memoria fragmentada de “Halley”, el viejo de “Los diques”, la sexualidad de “Condiciones para la vida” y esa lengua asquerosa de “Chamizo”.
Ta, me gustaron todos.
No hay nada como volver a casa, aunque sea para quedarse un poco muda del susto.
Me resultó difícil seguir leyendo este libro porque empezó con una primera parte que detesté por la monótona, aburrida e innecesariamente descriptiva prosa que duró seis cuentos pero al llegar a la segunda parte me vi al fin inundado por la belleza que destilaron otras nuevas situaciones. Peces mudos es una compilación de cuentos que resaltan, por sobre todo, la naturaleza y de esa naturaleza también se incluyen las relaciones entre personas. Cuentos cortos, sobrios, con personas afectadas por el presente minúsculo de lo que lo rodea. La melancolía del recuerdo siempre presente ante unos paisajes que se describen mejor cuando no están escritos y que la presencia de las acciones los pintan en lo sublime y bucólico de un tranquilo Uruguay. Si en la primera parte los animales se agotan en sus propias descripciones, en la segunda muerden suave, juegan y hasta se dejan acariciar por el lector.
Como siempre me pasa con los libros de cuentos, más que valorar el libro como un todo, me voy individualmente por cada cuento de los que leí.
La autora tiene una prosa muy bonita y estructurada, que facilita la lectura. Literalmente me leí esto en dos sentadas, creo que es un muy buen libro si quieres leer unas cuantas horas sin parar hasta terminar.
Como pasa con los cuentos, hay unos que me engancharon muchísimo y otros que siento que no los desarrolló bien o que simplemente no me dijeron nada. Pero al final se lleva sus tres estrellas porque la balanza positiva es mucho mayor que la balanza negativa. Creo que hay un par de cuentos que además tienen el potencial de ser algo más largo y continuado.
Estamos frente a 13 relatos divididos en dos partes, que nos hablan no solo de agua y peces, sino de naturaleza, conflictos internos, tristezas, relaciones buenas y conflictivas, de la vida y de la rutina, variados temas que ante tan pocas paginas se van llenando de descripciones, colores, formas y todo tipo de situaciones. Los paisajes y los animales están presentes dentro de pequeñas historias que parece que no dijeran nada pero que dicen mucho si sabemos comprenderlas. Los relatos pueden parecer por momentos algo densos, pesados por lo lento que se desarrollan pero eso a mi entender es por las descripciones y sensaciones que la autora trata de expresar y que quiere que la sientas también, que estés dentro de esa pequeña historia de tan pocas paginas, al finalizar logra hacerte pensar y recordar varios momentos que pienso que ese es el punto fuerte, el lograr que estés dentro de cada momento que se narra con total esmero en cada palabra. A mi me gustó aunque costaba en algunos cuentos que lograran mantenerme interesada, quería saber a donde querían llegar sin que diera tanta vuelta. Pero en definitiva es una lectura interesante, diferente y que vale la pena conocer. Esta bueno cada tanto salir de la zona de confort y planear lecturas diferentes.
A veces da gracia lo chico que es Uruguay. Tenía visto este libro prácticamente desde que salió, pero no había tenido oportunidad de leerlo. No fue hasta este año que, al encontrarlo en la Biblioteca País, me di cuenta de que la autora me había dado clase en un curso de traducción literaria y que habíamos compartido espacio en el Ciclo Palimpsestos a principios de este año. Con esta nueva información, sentí todavía más ganas de leer el libro, a pesar de que no soy tan fan de los relatos.
Al ser una lectura en digital, me metí en estos relatos en mis ratos libres, en el ómnibus —cuando no me mareaba— y en otros tiempos muertos. Me gusta la sinopsis porque es muy acertada: en estos cuentos hay cosas en común, como si en un punto todos ellos dialogaran. Lo vemos en la naturaleza, en esos ambientes apartados y llenos de silencio. En los personajes que los pueblan, en su mayoría solitarios y mudos como los peces del título. En los escenarios más rurales, despojados. En una prosa que dice todo lo que tiene que decirse, sin miramientos.
Disfruté de su lectura y me alegró al fin haber podido adentrarme en este libro, conocer la voz de esta autora que tuve el placer de tener como docente y compañera de actividad.
El libro está muy bien escrito y tiene un montón de descripciones bien elaboradas y hermosas. El problema radica en que los cuentos se vuelven reiterativos y termina cansando la falta de una historia fuerte en ellos. Igual lo recomiendo, aunque capaz no para leer de corrido.