Hasta donde se sabe, este libro es el primer intento de tener en un solo documento algunos escritos en lengua castellana del reformador español Casiodoro de Reina. En esta obra se describen los acontecimientos más importantes de su vida, y su colosal esfuerzo de poner a disposición de los pueblos hispanos la palabra de Dios.
Excelente trabajo de parte del Dr. Rosales. La única razón por la cual no me parece merecedor de 5 estrellas es porque Rosales tiende a repetirse; la obra contiene bastantes notas de pie, pero por propia admisión del autor, no todas fueron incluidas; se pudo haber incluido la Confesión Hispánica de Reina como un apéndice, pero esto lamentablemente no sucedió.
La vida de Casiodoro de Reina es una increíblemente inspiradora, desafiante y esperanzadora. Dentro de la historia del protestantismo, su figura es una que ha permanecido en las sombras incluso en Latino América—pero sus contribuciones, principalmente la primera traducción de la Biblia al vernacular castellano desde las fuentes originales ha sido sin lugar a duda la mayor contribución teológica en toda tierra donde se hable el español.
Al considerar que Reina prefirió vivir como exiliado y refugiado a negar su fe; que enfrentó un sinnúmero de peligros mortales al ser asechado constantemente por la Inquisición; que el mismo Emperador Carlos V y que, posteriormente, su hijo y Rey de España, Felipe II le habían puesto precio a su cabeza y fantaseaban con su captura día y noche; que nunca se desanimó de continuar la tarea de proveer una Biblia en el vernacular castellano a pesar de que le tomó más de una década y que fue víctima de calumnias a su reputación filtradas por la Inquisición; que se enfrentó y superó enfermedades, emboscadas, malentendidos, problemas financieros, gubernamentales y eclesiásticos para poder producir la tan ansiada Biblia en castellano vernacular; que fue un hombre adelantado a sus tiempos siendo un campeón de la libertad religiosa y de conciencia a gran costo personal donde reinaba el fanatismo religioso...
Reina superó todas y muchas otras más dificultades para poder producir su Magnus Opus. ¡Qué vida! ¡Qué valentía! ¡Qué legado!