RESEÑA
Debido a la previa lectura de Nietzsche, no guardaba ningún tipo de deseo frente a las tragedias de Eurípides. El ensayo había conseguido en mí esa influencia letal con que ciertas críticas consiguen apartar a los lectores de las obras, augurándome encontrar poco en el último de los trágicos griegos. Mala mía. Leí El origen de la tragedia siendo muy joven y no había limado de mí su influencia.
¡Gracias a los dioses lo he hecho!
Le debo una relectura a Nietzsche, pero ya he encontrado en Eurípides mucho más de lo que podía esperar. Siempre habrá que volver a los griegos, conjugar con su tiempo circular y beber en sus fuentes primeras. Por ahora, al menos, me reconforta lo leído y alto es el deseo de leer lo que falta.
Voy dejando comentarios breves de cada obra:
El Cíclope
No es tragedia, es un entremés cómico donde se aborda a Ulises engañando a Polifemo. Se lee muy rápidamente, es corto. De aquí me quedo con el culto a Baco, la presencia de Dionisio como punto de fuerte motivo en el relato.
Alcestis
Ah, Heracles sujetando a la muerte y negándose a soltarla hasta conseguir la promesa de devolver la vida a Alcestis. ¡Qué imagen grandiosa! Y los ecos, claro, los ecos llegando hasta nuestros días, hasta el Peralta de Carrasquilla en estos pueblos colombianos.
Medea
Dios. Aquí se rompe el alma. El monólogo de Medea, donde reconoce los límites de su razón frente al empuje de sus pasiones. De hecho, todos los monólogos de Medea... Es tremendo, y doloroso, y con el claro motivo de que siendo humanos siempre terminamos destruyendo aquello que es recipiente de nuestro amor.
Los Heraclidas
Si algo triunfa en la cultura popular siempre será posible rastrear el motivo de su éxito hasta el corazón de lo clásico. ¿Recuerdan, jóvenes, esa escena donde la protagonista de los juegos del hambre se ofrece a participar en lugar de su hermana? ¿Recuerdan, jóvenes, ese "yo me ofrezco como tributo"? Aquí está, aquí en Macaria y su sacrificio. Leí el fragmento cinco veces. Si lo leo la sexta sé que voy a estremecerme igual.
Hipólito
Este enfrentamiento entre Afrodita y Artemisa es brutal. En el fondo se trata del motivo de la fuerza incontenible enfrentada al obstáculo inamovible: entre el deseo desaforado y la virtud férrea, sólo la tragedia aparece como tercera vía. Qué doloroso ver caer a un personaje tan mesurado a causa de la venganza de los dioses. Siento, en Eurípides, eso que en la novela posterior al siglo xx daremos en llamar psicología del personaje. La tensión entre razón y deseo es música en sus manos. Hipólito y Fedra son, cada uno a su modo, grandes derrotados.
Andrómaca
Esta tragedia es impresionante, en gran medida porque Andrómaca es, quizás, uno de los personajes de la tradición griega que podemos admirar sin mancha. Su duelo por Héctor, su miedo en tierras extranjeras, esclava de Pirro y en manos de la Hermíone, no podemos más que admirar su resistencia. De igual modo, en alabanza de Peleo las escenas finales. Es una tragedia heroica. El carácter de sus personajes consigue impresionarnos por su fuerza.
Hécuba
Alguna vez don Ángel García Galiano dijo que ser griego era vencer, y luego dedicar toda una obra a honrar a los derrotados. Hécuba es un canto a los derrotados, a su valor y a su dignidad, incluso cuando han sido reducidos a esclavos. Aquí la venganza es secundaria. Es la dignidad de Políxena y la justa ira de Hécuba lo que debe brillar. Es violenta y total, y llena de fuerza.
Suplicantes
Ninguna madre quiere parir hijos para la guerra. Esto es hermoso. El reclamo de las mujeres de Argos, su ruego, su súplica, tiene toda la dignidad de quienes reconocen en la batalla un fracaso. El fracaso de las leyes, el fracaso de la vida común, el fracaso por culpa del exceso de los hombres. El papel de Teseo, aquí, es paralelo al de Edipo en Colono de Sófocles.
Heracles
No es justo con Megara. No es justo. De todas las críticas a los dioses que Eurípides establece quizás esta sea la mayor. Heracles enloquece por capricho de Hera. No la ha ofendido, no ha causado daño alguno, y menos sus hijos y su esposa. En Hipólito al menos está el rechazo a Afrodita. En Áyax está el rechazo a Atenea. Aquí hay furia, y luego de la furia la muerte. Y no es justo con Megara.
Ion
Que quede escrito y que quede claro y que quede explícito aquí: en el siglo V antes de Cristo ya un griego se atrevió a recriminar a los dioses por sus violaciones. No sólo a los dioses, ¡a Zeus! Eso. Eso es Ion. Eso.