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Jewish gangsta
L’envers de Brooklyn en pleine guerre des gangs .
Qu’est-ce qui réunit deux jeunes frères d’origine israélienne amateurs de hip hop, de metal et de films gore, la fondatrice d’un gang de filles et un prodige du vol de voitures ? Ils sont tous les quatre jeunes, blancs, juifs et déclassés, perdus dans l’enfer de Brooklyn des années 1990, coincés dans la guerre des gangs.
Pour s’en sortir, tous les moyens sont bons – trafic de crack, vol à la tire, bastonnades. Leur énergie commune définira un courant du hip hop et de la culture urbaine : celui des goons. Les destins croisés de Ill Bill et Necro, J.J. et Ethan Horowitz sont des illustrations de ce mouvement. Dans Jewish Gangsta, Karim Madani nous rapporte des histoires vraies, méconnues, violentes, hypnotiques et teintées d’un humour très noir.
Qu’est-ce qui réunit deux jeunes frères d’origine israélienne amateurs de hip hop, de metal et de films gore, la fondatrice d’un gang de filles et un prodige du vol de voitures ? Ils sont tous les quatre jeunes, blancs, juifs et déclassés, perdus dans l’enfer de Brooklyn des années 1990, coincés dans la guerre des gangs.
Pour s’en sortir, tous les moyens sont bons – trafic de crack, vol à la tire, bastonnades. Leur énergie commune définira un courant du hip hop et de la culture urbaine : celui des goons. Les destins croisés de Ill Bill et Necro, J.J. et Ethan Horowitz sont des illustrations de ce mouvement. Dans Jewish Gangsta, Karim Madani nous rapporte des histoires vraies, méconnues, violentes, hypnotiques et teintées d’un humour très noir.
190 pages, Paperback
First published February 11, 2017
About the author
Karim Madani
33 books19 followersNé à Paris en 1972, Karim Madani se passionne pour le cinéma, les comics, le jazz, la soul, le funk et les B.O. de films. Journaliste pour des revues spécialisées dans les cultures urbaines et les musiques afro-américaines, il a interviewé les plus grands artistes de cette scène (50 Cent, Wu-Tang Clan, Puff Daddy, Jay Z). Il est également auteur de romans noirs : Le Jour du fléau (Gallimard), Casher Nostra (Le Seuil) et biographe : La Fouine (Flammarion), Spike Lee et Kanye West (Don Quichotte).
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Community Reviews
Displaying 1 - 9 of 9 reviews
June 14, 2026
Soberbio libro de crónicas que arroja luz sobre el movimiento Gangsta judío de finales de los 80 y principios de los 90 en Nueva York.
A partir de las experiencias de 3 bandas callejeras, Madani vertebra un relato con múltiples nombres, aristas y caras esculpidas en un monolito de violencia, hip-hop, subculturas urbanas y droga, toneladas de droga. Karim Madani logra de una manera inverosímil unir su propia voz a la de traficantes, atracadores, músicos y artistas (a veces todo a la vez), en un libro apasionante, que se lee de una sentada y que no deja detalle al aire, tratando de hacer aprehensible las razones de la violencia, de la cultura grupal y la rabia de ser joven judío, carne de White Trash, en un suburbio neoyorquino de finales de los 80.
Memorable.
A partir de las experiencias de 3 bandas callejeras, Madani vertebra un relato con múltiples nombres, aristas y caras esculpidas en un monolito de violencia, hip-hop, subculturas urbanas y droga, toneladas de droga. Karim Madani logra de una manera inverosímil unir su propia voz a la de traficantes, atracadores, músicos y artistas (a veces todo a la vez), en un libro apasionante, que se lee de una sentada y que no deja detalle al aire, tratando de hacer aprehensible las razones de la violencia, de la cultura grupal y la rabia de ser joven judío, carne de White Trash, en un suburbio neoyorquino de finales de los 80.
Memorable.
June 7, 2018
El libro me atrajo por su nombre: pensé que era un compendio de la historia de los mafiosos neoyorquinos Lansky y Siegel. Luego, al leer la reseña vi que para nada: la base del argumento eran Non Phixion, un grupo neoyorquino de rap compuesto por varios “basuras blancas” -por cierto, me compré su álbum The Future is Now estando en el instituto hace casi 20 años-. También trataba sobre el hermano de uno de los componentes de Non Phixion, Necro, que además de rap producía cine porno.
Este “Jewish Gangsta” se presenta como una biografía oficiosa de los muchachos, y de cómo evolucionaron de goons violentos y traficantes de droga a artistas de renombre internacional. Sin embargo, resulta mucho más que eso.
Se trata de una crónica cruda de una serie de criminales judios que habitaron en Nueva York a finales de los años 80.
Para empezar, los raperos Ill Bill y Necro no ocupan más que una de las tres tramas de este pequeño libro . Y es la menos trepidante (típica historia de superación de raperos, 8 millas); las otras dos, la de la fundadora de la gang feminista/judía Cee Jay y el ladrón de coches Ethan Horowitz, son más atractivas e increíbles (la estancia de JJ en la cárcel de Rikers es estremecedora).
Me temía el típico estilo cultureta y pretendidamente cool de periodistas musicales españoles rollo Rockdeluxe. Por lo contrario, tiene un estilo conciso y literario. Cuando se usa jerga es para “meterte en la historia”, no suena impostado ni aleatorio.
Con 400 páginas más (que no necesita) podría haberse convertido en un épico cruce de “Kavalier and Klay” de Chabon y la novela negra más sucia de Jim Thompson. No deja de ser buenísimo aún así. Se merece una película de Scorsese.
Este “Jewish Gangsta” se presenta como una biografía oficiosa de los muchachos, y de cómo evolucionaron de goons violentos y traficantes de droga a artistas de renombre internacional. Sin embargo, resulta mucho más que eso.
Se trata de una crónica cruda de una serie de criminales judios que habitaron en Nueva York a finales de los años 80.
Para empezar, los raperos Ill Bill y Necro no ocupan más que una de las tres tramas de este pequeño libro . Y es la menos trepidante (típica historia de superación de raperos, 8 millas); las otras dos, la de la fundadora de la gang feminista/judía Cee Jay y el ladrón de coches Ethan Horowitz, son más atractivas e increíbles (la estancia de JJ en la cárcel de Rikers es estremecedora).
Me temía el típico estilo cultureta y pretendidamente cool de periodistas musicales españoles rollo Rockdeluxe. Por lo contrario, tiene un estilo conciso y literario. Cuando se usa jerga es para “meterte en la historia”, no suena impostado ni aleatorio.
Con 400 páginas más (que no necesita) podría haberse convertido en un épico cruce de “Kavalier and Klay” de Chabon y la novela negra más sucia de Jim Thompson. No deja de ser buenísimo aún así. Se merece una película de Scorsese.
June 5, 2018
Puede que “El Padrino” (antes novela de Mario Puzo que trilogía de películas de Francis Ford Coppola) consiguiera que la mafia de Nueva York tenga para siempre acento italiano. De hecho, también puede que parte del éxito de “Los Soprano” tuviera bastante que ver con el hecho de que los espectadores ya tenían la historia bien aprendida, así que solo había que construir en el presente y hacia el futuro. Pero, sea como sea, lo cierto es que en Nueva York han convivido siempre muchas mafias, y no todas ellas son italianas.
De hecho, algunas de las escenas de delincuencia puramente neoyorquinas han ido medrando cada vez más profundamente en el imaginario colectivo a través de la literatura y, sobre todo, el cine y las series de televisión. Ahora mismo, de hecho, el verdadero fervor a este respecto puede encontrarse en el mundo criminal negro, con representaciones catódicas tan variadas que permiten aproximaciones tan diferentes como el cuento multicolor de “The Get Down” de Baz Luhrmann o la violencia de cómic de “Luke Cage” en Netflix.
El hampa latina está ahí, esperando ser descubierta y haciendo cameos estelares en las ficciones centradas en la mafia italiana y en el crimen organizado negro. Pero ¿qué dirías si te comento que Nueva York también tuvo una crudísima red de judíos que vivieron al límite y fuera de la ley? Al fin y al cabo, aquí en España y en cualquier otro país que no sea Estados Unidos, lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en judíos es el cliché que se nos ha vendido desde el cine y la televisión yanki. El chico de nariz grande aprisionado en una comunidad en la que la religión es un corsé durísimo. La chica de grandes gafotas que vive en los márgenes del instituto porque no entiende a qué se dedican el resto de chavales. Woody Allen. Los Coen.
Y eso que, en literatura, proliferan las voces discordantes que ofrecen visiones mucho más profundas del judaísmo, desde el gusto por lo crepuscular de Philip Roth hasta ese Michael Chabon que es capaz de introducir la simiente judaica en cualquier género, desde el pulp hasta la ficción musical. Será que el audiovisual sigue enredado en clichés que ya no operan en lo literario… Y eso viene a demostrar de nuevo “Jewish Gangsta“, el libro publicado en nuestro país por Alpha Decay en el que el escritor y periodista Karim Madani explora la escena de delincuentes judíos que intentó sobrevivir en Nueva York a finales de los 80 y principios de los 90.
Goons. Los delincuentes judíos que vivían de trapicheo en trapicheo en la Gran Manzana por aquel entonces se llaman goons. Y así lo explica Madani en su libro: “Es Bill quien, sin quererlo, creará la identidad del movimiento goon, la versión gore y semiautomática del «negro blanco» de Normal Mailer. Una serie de pequeños delincuentes se ponen a hacer rap por todo Brooklyn y se reconocen en ese movimiento. «El movimiento está formado, sobre todo, por golfos judíos de barrio, pero comprende también a muchos blancos pobres y a negros inclasificables -recuerda Bill-»“.
Y los goons aparecen representados en “Jewish Gangsta” a trevés de un grupo de personajes, perdón, personas reales que son pura metonimia: la parte del delincuente juvenil por el todo de la red de goons que habitaron Nueva York. Cada uno de las personas escogidas -y entrevistadas- por Madani juega un papel determinante y diferencial con respecto al resto. Ethan Horowitz, por ejemplo, sería el epítome goon, el que se mete en más líos y el que llega hasta lo más hondo una vida criminal que lleva pegada a la piel simple y llanamente por ser quien es y haber crecido en el entorno que ha crecido: “Los psicólogos quisieron entender su mapa mental, e intentaron tomar todas las autopistas que les condujeran a un infierno familiar, a la droga, al maltrato, pero Ethan nunca fue maltratado. Es que Brooklyn era tóxico. Hay gente que se intoxica con amianto; él se intoxicaba con los vapores del barrio“.
En paralelo, J.J. sería la representación femenina y la constatación de que podías ser mujer y goon. De hecho, J.J. llega a ser parte vital de una de las bandas más duras del Nueva York de la época… Teniendo en cuenta que, tal y como explica Madani, una banda podía hacer muchas cosas malas, pero también era un hogar que te podía salvar la vida: “Yo fumaba crack y ahogaba mi tristeza en alcohol, y un día conocí a Viper. Me devolvió la confianza en mí misma. Esa banda no fue nunca una banda de feministas ni de lesbianas, aunque algunas lo fueran. Nació de la violencia, de la rabia y de la desesperación de los colegios públicos de Queens. Yo también había sido víctima de acoso escolar en Ozone Park South y sabía lo que esas chicas sentían. Aquello me echó en los brazos odiosos y descarnados del crack. Y la banda me ayudó a reconstruirme“.
Finalmente, Ill Bill (el que creó la identidad del movimiento goon) y Necro vendrán a ampliar el cuadro demostrando que toda escena criminal siempre va ligada a una escena musical. Y que la salvación también puede nacer de este mundo tan miserable… Ambos le sirven a Madani, además, para hablar de la música de la época (¿una pasión que no puede ocultar?) y cómo esta nació de la realidad pura y dura: “Necro no se perdió el álbum de los Beastie Boys “Paul’s Boutique“, y el uso que en él hacen de la mezcla lo convierte en un disco fundamental de 1989. «Pero, ojo, yo no era un fan die-hard de los Beastie Boys porque a mí solo me gusta la música que te provoca ganas de descuartizar a la gente, que seguramente es la música que escuchan los Zetas de los cárteles mexicanos antes de decapitar a sus rivales.» No: lo que escucha los sicarios mientras les arrancan los miembros a sus víctimas es narcocorrido, literalmente «balada de la droga», subgénero de corrido mexicano, una música popular del norte de México: polca de asesinos sádicos y esnifadores de cocaína“.
Sorprendentemente, “Jewish Gangsta” no cae en la seductora posibilidad de convertir las vivencias de todas estas personas en una saga criminal equiparable a “El Padrino“. Ni mucho menos. A Karim Madani se le nota el oficio de periodista en la forma documental en la que moldea el relato: una forma expeditiva, seca y solo descriptiva cuando puede ceñirse a los hechos, a lo que le han explicado los testigos de la época, sin permitirse nunca ni un mínimo de poesía ni floritura en la escritura porque lo que vivieron estas personas poco tiene de poesía y floritura. Muchas veces, “Jewish Gangsta” es más una concatenación de declaraciones que un libro en sí… Y eso, sin embargo, acaba siendo una de sus mejores bazas. Porque, cuando no hay poesía ni floritura en lo que lees, eres tú el que la crea en su cabeza. Y, por consiguiente, un puñado de historias como esta se convierte en puro mito dentro de tu cabeza si eres tú el que las convierte en mito, no si es un autor cualquiera el que se esfuerza en amplificar la dimensión de lo que explica.
De hecho, algunas de las escenas de delincuencia puramente neoyorquinas han ido medrando cada vez más profundamente en el imaginario colectivo a través de la literatura y, sobre todo, el cine y las series de televisión. Ahora mismo, de hecho, el verdadero fervor a este respecto puede encontrarse en el mundo criminal negro, con representaciones catódicas tan variadas que permiten aproximaciones tan diferentes como el cuento multicolor de “The Get Down” de Baz Luhrmann o la violencia de cómic de “Luke Cage” en Netflix.
El hampa latina está ahí, esperando ser descubierta y haciendo cameos estelares en las ficciones centradas en la mafia italiana y en el crimen organizado negro. Pero ¿qué dirías si te comento que Nueva York también tuvo una crudísima red de judíos que vivieron al límite y fuera de la ley? Al fin y al cabo, aquí en España y en cualquier otro país que no sea Estados Unidos, lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en judíos es el cliché que se nos ha vendido desde el cine y la televisión yanki. El chico de nariz grande aprisionado en una comunidad en la que la religión es un corsé durísimo. La chica de grandes gafotas que vive en los márgenes del instituto porque no entiende a qué se dedican el resto de chavales. Woody Allen. Los Coen.
Y eso que, en literatura, proliferan las voces discordantes que ofrecen visiones mucho más profundas del judaísmo, desde el gusto por lo crepuscular de Philip Roth hasta ese Michael Chabon que es capaz de introducir la simiente judaica en cualquier género, desde el pulp hasta la ficción musical. Será que el audiovisual sigue enredado en clichés que ya no operan en lo literario… Y eso viene a demostrar de nuevo “Jewish Gangsta“, el libro publicado en nuestro país por Alpha Decay en el que el escritor y periodista Karim Madani explora la escena de delincuentes judíos que intentó sobrevivir en Nueva York a finales de los 80 y principios de los 90.
Goons. Los delincuentes judíos que vivían de trapicheo en trapicheo en la Gran Manzana por aquel entonces se llaman goons. Y así lo explica Madani en su libro: “Es Bill quien, sin quererlo, creará la identidad del movimiento goon, la versión gore y semiautomática del «negro blanco» de Normal Mailer. Una serie de pequeños delincuentes se ponen a hacer rap por todo Brooklyn y se reconocen en ese movimiento. «El movimiento está formado, sobre todo, por golfos judíos de barrio, pero comprende también a muchos blancos pobres y a negros inclasificables -recuerda Bill-»“.
Y los goons aparecen representados en “Jewish Gangsta” a trevés de un grupo de personajes, perdón, personas reales que son pura metonimia: la parte del delincuente juvenil por el todo de la red de goons que habitaron Nueva York. Cada uno de las personas escogidas -y entrevistadas- por Madani juega un papel determinante y diferencial con respecto al resto. Ethan Horowitz, por ejemplo, sería el epítome goon, el que se mete en más líos y el que llega hasta lo más hondo una vida criminal que lleva pegada a la piel simple y llanamente por ser quien es y haber crecido en el entorno que ha crecido: “Los psicólogos quisieron entender su mapa mental, e intentaron tomar todas las autopistas que les condujeran a un infierno familiar, a la droga, al maltrato, pero Ethan nunca fue maltratado. Es que Brooklyn era tóxico. Hay gente que se intoxica con amianto; él se intoxicaba con los vapores del barrio“.
En paralelo, J.J. sería la representación femenina y la constatación de que podías ser mujer y goon. De hecho, J.J. llega a ser parte vital de una de las bandas más duras del Nueva York de la época… Teniendo en cuenta que, tal y como explica Madani, una banda podía hacer muchas cosas malas, pero también era un hogar que te podía salvar la vida: “Yo fumaba crack y ahogaba mi tristeza en alcohol, y un día conocí a Viper. Me devolvió la confianza en mí misma. Esa banda no fue nunca una banda de feministas ni de lesbianas, aunque algunas lo fueran. Nació de la violencia, de la rabia y de la desesperación de los colegios públicos de Queens. Yo también había sido víctima de acoso escolar en Ozone Park South y sabía lo que esas chicas sentían. Aquello me echó en los brazos odiosos y descarnados del crack. Y la banda me ayudó a reconstruirme“.
Finalmente, Ill Bill (el que creó la identidad del movimiento goon) y Necro vendrán a ampliar el cuadro demostrando que toda escena criminal siempre va ligada a una escena musical. Y que la salvación también puede nacer de este mundo tan miserable… Ambos le sirven a Madani, además, para hablar de la música de la época (¿una pasión que no puede ocultar?) y cómo esta nació de la realidad pura y dura: “Necro no se perdió el álbum de los Beastie Boys “Paul’s Boutique“, y el uso que en él hacen de la mezcla lo convierte en un disco fundamental de 1989. «Pero, ojo, yo no era un fan die-hard de los Beastie Boys porque a mí solo me gusta la música que te provoca ganas de descuartizar a la gente, que seguramente es la música que escuchan los Zetas de los cárteles mexicanos antes de decapitar a sus rivales.» No: lo que escucha los sicarios mientras les arrancan los miembros a sus víctimas es narcocorrido, literalmente «balada de la droga», subgénero de corrido mexicano, una música popular del norte de México: polca de asesinos sádicos y esnifadores de cocaína“.
Sorprendentemente, “Jewish Gangsta” no cae en la seductora posibilidad de convertir las vivencias de todas estas personas en una saga criminal equiparable a “El Padrino“. Ni mucho menos. A Karim Madani se le nota el oficio de periodista en la forma documental en la que moldea el relato: una forma expeditiva, seca y solo descriptiva cuando puede ceñirse a los hechos, a lo que le han explicado los testigos de la época, sin permitirse nunca ni un mínimo de poesía ni floritura en la escritura porque lo que vivieron estas personas poco tiene de poesía y floritura. Muchas veces, “Jewish Gangsta” es más una concatenación de declaraciones que un libro en sí… Y eso, sin embargo, acaba siendo una de sus mejores bazas. Porque, cuando no hay poesía ni floritura en lo que lees, eres tú el que la crea en su cabeza. Y, por consiguiente, un puñado de historias como esta se convierte en puro mito dentro de tu cabeza si eres tú el que las convierte en mito, no si es un autor cualquiera el que se esfuerza en amplificar la dimensión de lo que explica.
November 6, 2017
Une plongée fascinante dans le New-York des années 90.
Karim Madani nous entraîne, entre fiction et essai, dans un New-York méconnu des touristes. Il révèle, avec force, des quartiers où la violence et la drogue règnent en maîtres. Les personnages du roman (qui existent réellement) viennent nous rappeler de façon puissante que nous ne naissons pas égaux et que notre environnement direct influence grandement notre vie. Entre rap, gangs, drogues, trafics, violence et survie, Ethan, Ill Bill, Necro et JJ offrent de magnifiques témoignages.
Ce roman docu / fiction est une très belle découverte !
Karim Madani nous entraîne, entre fiction et essai, dans un New-York méconnu des touristes. Il révèle, avec force, des quartiers où la violence et la drogue règnent en maîtres. Les personnages du roman (qui existent réellement) viennent nous rappeler de façon puissante que nous ne naissons pas égaux et que notre environnement direct influence grandement notre vie. Entre rap, gangs, drogues, trafics, violence et survie, Ethan, Ill Bill, Necro et JJ offrent de magnifiques témoignages.
Ce roman docu / fiction est une très belle découverte !
July 30, 2018
No sólo he disfrutado de su lectura, amena en la forma y sórdida en el contenido, que ha iluminado de sentido álbumes que ya escuchaba (Ill Bill, Necro, Vinnie Paz...), también me ha servido para trazar un mapa más amplio de lo que debía ser la vida en Brooklyn en los ochenta y noventa (y comprender en profundidad otros libros como HUérfanos de Brooklyn de Lethem o algunas reivindicaciones del mundo del cómic).
May 12, 2020
Buen libro que cuenta la vida de varios judíos en uno de los barrios más hostiles de New York a finales de los ochenta , entre ellos cabe destacar la vida de Ill Bill y Necro (Non Phixion) en sus inicios con la música rap y el cine terror/gore y los inicios del Lo-Life. Libro que se lee rapido y bastante entretenido.
October 10, 2019
"Nos recibirán con Uzis y con Desert Eagle.
Son armas judías, me dirás. Las armas y la diáspora son dos cosas diferentes, siempre me lo han dicho".
Son armas judías, me dirás. Las armas y la diáspora son dos cosas diferentes, siempre me lo han dicho".
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July 24, 2025
Me encontré con este libro por casualidad. Me transportó al Nueva York de una época que desconocía por completo. Sencillo,directo y real. Relatos de vidas duras y complicadas. ¡Recomendable!
November 16, 2025
INCROYABLE
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