Dagoberto Juárez, the “Ginger” was the thief who robbed the most important jewelry store in Buenos Aires. He was convicted and imprisoned but he never confessed where he hid the stolen jewelry, and took his secret to the grave. The loot of the legendary robbery becomes a “Maltese Falcon,” an object of desire. With millimetric suspense and an impeccable narrative, the author traps the reader without giving them respite.
Dagoberto Juárez, el “Locho”, fue el ladrón que asaltó la más importante joyería de Buenos Aires, el Trust joyero y relojero, el 17 de octubre de 1949, mientras Perón y Evita hablaban en Plaza de Mayo. Fue sorprendido, condenado y encarcelado en la Penitenciaría de Las Heras. Nunca confesó dónde había escondido lo robado y se llevó el secreto a la tumba. ¿Cómo hacer hablar a un muerto? El botín de la legendaria joyería se convierte en un “halcón maltés”, en un objeto de deseo por el cual los personajes de esta apasionante historia serán capaces de caer en los peores infiernos. Hampones, investigadores internacionales y policías de variada calaña giran en esta enloquecida búsqueda del tesoro. Con suspenso milimétrico y un engranaje narrativo impecable, que solo se resuelve en la última línea, el autor de Restos humanos atrapa al lector sin darle respiro.
Entretenimiento y calidad desde el primer segundo. Toda su obra se puede resumir así. Hay una intención en su mensaje, hay amor por la escritura: una conciencia real del submundo en donde la muerte y la crueldad son un vecino de todos los barrios, lo que hace que destaque con aún mayor valor esa ciega voluntad: la desesperación de armar una vida soportable con los restos de las fantasías destrozadas. Y soportar lo que salga cuando se improvisa.
El mundo está vivo y es un depredador, los personajes luchan y se roban entre si el protagonismo de cada escena ya sea con sus acciones o con sus palabras, el ritmo con su cuenta regresiva manipula todas las piezas a su favor y la historia promete traiciones en cualquier momento. Y ese final...: una pasión que acelera los latidos y hace correr la sangre y las lágrimas.
Este autor está entre mis mejores descubrimientos del año: demuestra como una brutalidad bien pensada puede terminar revelando la más intensa humanidad.
Dogo acaba de salir de la cana y trata, por una vez, de mantenerse en el buen camino (o por lo menos uno que no lo devuelva de cabeza a la cárcel de manera inmediata). Para ello, esquiva el barrio y las viejas compañías pero -como indican las reglas del género- es muy difícil escapar a quien uno es o ha sido (el límite es difuso, más cuando sos/fuiste un malandra legendario) y pronto, su pasado va a aparecer a imponerse en su presente, sobre todo cuando muchos empiecen a buscar a su viejo socio y compañero y estén convencidos (sin demasiada razón, siendo justos) que Dogo sabe dónde está. Así, esta crook story bien puede ser que no se aparte demasiado de los caminos habituales del género, pero la clave está en que Ferraro escribe como los mil demonios, la historia es vertiginosa, cruda, atrapante y se disfruta como loco. Con aires de western -resuenan por ahí aires de Pat Garret y The Sundance Kid-, violencia descarnada (hay que ver lo que es la descripción de una pelea brutal allá por la recta final) y una contundente construcción de un submundo criminal (dónde Ferraro honra a su maestro Leo Oyola pero desde su propia perspectiva), Dogo se vuelve una de las mejores novelas negras leídas recientemente por un servidor.
Este tío parece que escribe con una navaja en lugar de con un ordenador. Me parece brillante. Me gusta todo. El ritmo al que transcurre todo, lo complejo de las historias (historias de delincuencia negras muy negras), la forma de expresarse utilizando un lenguaje directo y callejero en la narración pero a la par con frases que te hacen parar un momento y reflexionar. Me maravilla como retrata los sucios y sórdidos bajos fondos (aquí hay maldad de verdad), los matices de los personajes principales (jamás santos pero siempre humanos). Es la segunda novela de este autor que leo y espero encontrar mas. Una maravilla.