El giley es un antiguo juego de naipes. Los reyes confiaban al azar y a sus reglas los doblones de oro, e, incluso, la corona...En la actualidad, algunos hombres, com el policiía Cobos, se juegan la vida al giley. Cobos ha sido trasladado de Madrid al paisaje ocre de Puertollano. En teoría, se encarga del departamento de Lesiones y Menores; en la práctica, regenta un garito ilegal donde apuestan macarras y borrachos. Por chulo y por bocazas, una rubia embutida en un vestido rosa le agrede en el portal de su negocio; a pesar del incidente, comenzará a buscarla como a una antigua novia. Tres días después, la Guardia Civil la saca de un riachuelo cerca de Puertollano, y Cobos se dará cuenta de que acabará entre rejas, o peor.
Cierro septiembre con la lectura de esta historia de Julián Ibáñez. Después de todo, a pesar de que el mes ha sido para mí más festivo y viajero de lo habitual, he logrado culminar cuatro lecturas. No es un mal número. Este "Giley" me ha parecido, quizás, la novela más floja de las cuatro. A su favor tiene la facilidad con que se lee, si bien creo que el autor riza algo el rizo en su afán por desvelar poco y confundir durante mucho tiempo al lector. Desde luego me ha gustado menos que "La colegiala" novela suya que leí no hace muchos meses
Julián Ibáñez se desvincula aquí de la novela policiaca más complaciente, esa en la que el policía restablece la ley y el orden, esa en la que las conciencias de los lectores encuentran sosiego.