Mórbida historia que retrata de una forma brutal la vida de un grupo de seres tratando de sobrevivir en la miseria de la periferia de la CDMX. En específico, se centra en un grupo de cirqueros venidos a menos, cuyo modo de vida es trastocado cuando Esteban, enloquecido por los celos, asesina a uno de los pretendientes de Sara, su mujer, de quien prácticamente se apoderó siendo una niña, y a quien no le puede cumplir como hombre, debido a un accidente que lo ha dejado reducido a ser un tullido por siempre.
De este modo, poco a poco nos vamos introduciendo en un mundo donde imperan los vicios y las bajas pasiones. Spota hace un excelente trabajo retratando en Esteban muchas de las frustraciones de los típicos machos mexicanos en situación de pobreza, quienes en el fondo cargan con un centenar de complejos. Del mismo modo, el personaje de Sara, muchacha que nunca tuvo una oportunidad, pero que ha descubierto una sed que la lleva a enredarse con uno y otro hombre, buscando un poco de ese amor que jamás tuvo, resulta muy complejo también, Ya que, de un modo magistral, Spota logra pintarlo en toda su fragilidad, pero también denotando la perversión que habita en ella, que es la que al final la lleva a desquitarse de Esteban en el único remanso de inocencia que le queda, y que es lo que lleva al desenlace del relato.
El único error, es que Spota no logra disimular su figura por entero entre los pensamientos de sus personajes, y muchas veces estos son demasiado elevados para personas sin instrucción alguna. Esto es patente cuando se compara el libro contra la película del mismo nombre, dirigida por Rogelio A. González en 1971, donde, al enfocarse más en los acontecimientos del día a día de los personajes, sin ahondar tanto en sus diálogos internos, queda aún más patente la brutalidad de la historia.
Tremendista, cruda, pero muy real tanto para la época en la que fue publicado por vez primera, como en los aciagos días que nos ha tocado vivir.