“Hay un mundo entero que te espera, amigo mío, lleno de dolor, pero también lleno de alegría. El primero te ayudará a crecer, y el segundo hará más tolerable el viaje.”
Tercera parte y final de la primera trilogía de Drizz Do’Urden. A pesar de que la novela me ha entretenido, siento que no me ha gustado ni ha estado a la altura de la primera entrega. La mitad del libro sentía que no estaba sucediendo nada y lo poco que sucedía tardaba demasiado en desarrollarse. Eso sí las perlas de sabiduría de Drizzt no sobraban.
“He aprendido que la ambición de aquellos que siguen preceptos egoístas no es más que un desperdicio caótico, una ganancia misera a la que sigue una perdida infinita. Porque es cierto que existe una armonía en el universo, una sinfonía coral de la felicidad. Para unirse al coro, uno debe encontrar la armonía interior, debe encontrar las notas verdaderas”.
Creo que tampoco el estado de ánimo melancólico, característico del protagonista, me ha ayudado. Sentía que muchas veces me veía reflejado él y sinceramente eso no ayudaba para nada a mi mejorar mi percepción de la novela, más bien al contrario.
“Nosotros…al menos los que somos de carácter sincero…siempre nos juzgamos a nosotros con normas mucho más exigentes que aquellas que aplicamos a los demás. Supongo que es una bendición o, según como se mire, una maldición. Tómalo como una bendición, amigo mío, una llamada interior que te empuja hacia metas inalcanzables”
Con esto no quiere decir que las novelas no sean disfrutables, al contrario, son bastante entretenidas, pero para mí considero que les faltaba algo más. Es más cuando llegué al final y me di cuenta que había acabado el libro me dije: ¿ya está? ¿este es el final?
“La dureza de este mundo produce grandes remordimientos, pero afortunadamente es un lamento pasajero y sin duda no es el más apropiado para ir a una batalla”.
No sé, por el momento voy a seguir leyendo sus novelas, pero tomándome un largo descanso de estas novelas y estaré a la espera que mejoren.
“Una bendición frustrante”.