Después de leer corazón que ríe corazón que llora, es casi imprescindible leer este libro. Empieza en la etapa de Paris, y nos lleva por todos los avatares de la vida de esta mujer. Ella busca una identidad que no siente en ningún lado, llena de carencias emocionales se aferra a relaciones que dan frutos que complican un poco mas, cada vez, su vida. Pero lejos de asumir su parte de responsabilidad a Marise le cuesta entender los motivos de porque su vida es como es. África no es ese continente amable que se amolda a ella para acogerla en sus brazos, África es salvaje, y sus gentes también... Es ella la que debe amoldarse o siempre será rechazada.
Cuesta empatízar con ella desde la postura de madre, desde la mentalidad del siglo XXI , cuesta también empatízar como mujer, ella misma lo dice, se lo dicen, tan inteligente y tan malas decisiones.. Me han sorprendido varias preguntas que se hace a si misma, la última cuando se da cuenta ya casi al final del libro de que los hombres no quieren hacerse cargo de sus hijos, algo tan evidente y que tanto le costó comprender.
No tiene la prosa del primer libro, le falta ese humor sutil, le falta la ironía, aquí hay crudeza hay dolor y hay política, mucha y obsesiva política. Y personajes, que necesita relatar más casi que experiencias porque la han marcado, porque son conocidos, porque formaron parte de su mundo. Un mundo en el que se rodeó de hombres en el lugar equivocado, en donde no era más que una presa que quería vivir una vida que no podría, solo podía sobrevivir .
Me han causado mucha ternura sus hijos y también mucha desazón pues con ellos si que he empatizado y no lo tuvieron nada fácil. Vivieron en el desarraigo la mayor parte de sus vidas, se me partió el alma con Dennis.
En fin, un libro que merece la pena leer por conocer un poco mas de la interesante vida de Marise y por acercarse a esa África tan inhóspita para nuestras mentes occidentales.