Héctor es cosmonauta. Hace muchos años que surca el Cosmos enfundado en un minúsculo cohete unipersonal, diseñado para viajar a una velocidad muy superior a la de la luz. Su misión, como la de otros millones de jóvenes cosmonautas que fueron lanzados en todas las direcciones hacia los confines del Universo, es salir de él. Ese descabellado plan responde a un propósito global llamado Second Chance Project, que está destinado a conseguir para una Humanidad en decadencia, que ha entrado ya en su agónica fase final, una segunda oportunidad.
Siguiendo las indicaciones de los sesudos ingenieros que proyectaron la misión, Héctor viaja con sus constantes vitales y necesidades fisiológicas al mínimo imprescindible. Pero conserva su lucidez, eso sí. Todo lo que las circunstancias permiten. Su única actividad radica en llevar a cabo un cuaderno de bitácora en el que va registrando aquellas peculiaridades del vuelo dignas de ser tomadas en consideración. El resto del tiempo le da para aburrirse, recordar su vida y pelearse con Nic, el ordenador que comanda la nave.
Para el cineasta Álex de la Iglesia –que comenzó siendo autor de cómics–, Pep Brocal construye con Cosmonauta “un cuento sólido y terrible sobre la condición humana, de una profundidad y sencillez apabullantes, como las grandes obras maestras. Una lección sobrecogedora de una nueva filosofía: el nihilismo alegre, el único inteligente. Pep nos enseña que las grandes verdades se entienden mejor con viñetas”.
“El mundo en descomposición (ya definitiva) que nos presenta Pep Brocal es triste hasta el paroxismo y, a la vez, una farsa descacharrante. Las páginas con las que Brocal dibuja estos paisajes son de una contundencia deslumbrante, me atrevería a decir que única a día de hoy. Hay amor al trazo, a la mancha. También a la palabra, al diálogo preciso. Leer este libro es, antes que nada, un placer a todos los niveles”.
Cuando empecé este cómic la cosa apuntaba como mínimo hacia cuatro estrellas, un dibujo sencillo pero muy trabajado, en cuatro colores, y una historia de soledad cósmica, compuesta de un hombre y sus ideas sobre dios, las mujeres y él mismo. A medida que avanzaba la lectura y la trama se concretaba, el cómic mantenía el pulso gráfico, pero la historia se iba haciendo más mundana y también más previsible, hasta acabar en algo bastante manido. Me hubiera gustado que el autor se mantuviese en ese punto abstracto, metafísico, y aunque ya sé que esos cómics son más difíciles , cuando funcionan son excelentes. Este se ha quedado en bueno.
Muy bonito, muy triste también. Me gustan los dibujos y los recursos gráficos —el uso de los colores azul y rojo para separar (o unir) distintas realidades, o el uso del spread completo para generar lecturas circulares—. Pero creo que queda a deber en recursos narrativos: el hecho de que le esté contando su historia a Nic me parece una salida fácil. De hecho, eso hace que los elementos clave (el encendedor, las piernas, la golpiza, la ranura de luz) resulten demasiado obvios y el final sea predecible.
Las noticias científicas de los últimos meses nos permiten albergar una lejana esperanza de poder llevar, en algún momento, la vida de nuestro planeta a otro parecida a años luz de la tierra. Bajo una premisa similar, Pep Brocal nos invita en su nuevo trabajo a acompañar a Héctor Mosca, uno de los cosmonautas elegidos con urgencia para el programa Second Chance, que tiene como misión principal llegar a los confines del universo ¿El objetivo? Encontrar a dios y llevarle un mensaje: Es responsable de la tragedia que nos ha ocurrido, debe repararlo y esta vez debe hacerlo bien. El protagonista cruza el universo a una velocidad superior a la de la luz, con sus funciones fisiológicas economizadas al máximo pero completamente lúcido. Lleva cientos de años en una cápsula de reducidas dimensiones únicamente acompañado de NIC, el ordenador de a bordo que supervisa la misión y le obliga a llevar un cuaderno de bitácora. Será en este formato de primera persona en el que se desarrolle todo el guión de esta novela gráfica. Junto a los datos científicos rutinarios que debe aportar periódicamente, comienzan a colarse confesiones personales y recuerdos. Es entonces cuando las escenas en el espacio de figuras negras y azules recortadas cambian y las viñetas se inundan de palpitantes tonos rojizos y entonces aparece ella… Eva.
Lo que parecía otra obra distópica de ciencia ficción, se enriquece con una trama sentimental entre tres personas a lo largo de su vida.
Ahora acompañamos a Héctor en su viaje en moto, paseamos por cada uno de los lugares de su vida, orbitan a su alrededor su mejor amigo, su primer amor, el camarero del Chez Guido… Al doblar aquella curva, una constelación de miedos, al subir esa escalera, un Big Bang de celos y después un agujero negro en el pecho. El mundo se acaba de muchas maneras posibles.
Aproximadamente a la mitad tuve el deseo de dejar la novela, no porque la historia fuera repetitiva o el contenido se presentara de manera forzada (características que suelen hacerse presente a mitad de los textos), sino por su simpleza, no era "gran cosa". Agradezco que no cedí a tal impulso pues en la última parte de la novela el despegue es brutal, su cantidad y grado de giros es ejemplar. Creo que coincide con la idea del cohete que acumula potencia y en un instante, despega.
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El dibujo y la composición muy bien. Pero la historia muestra una visión del mundo machista y antropocéntrica con la que no puedo simpatizar ni sentirme identificada. Seguir viendo historias de malvadas y traidoras mujeres cuando la relación que retrata parece algo totalmente unilateral pues ya cansa. No somos fantasías ni accesorios, somos seres humanos.
Una historia excelente, triste, con unos encuadres y un dibujo maravillosos. Se alterna el viaje por el universo con recuerdos de la vida en la tierra en una gradación que nos lleva poco a poco hasta el inesperado final.
mi ha deluso un po' la conclusione (e direi anche che il trama cominciava già verso il penultimo capitolo a diventare mondano), sennò veramente uno dei miei fumetti preferiti
La premisa fue interesante hasta que dejó de serlo. Todavía me sorprende y me preocupa como los autores deliberadamente tratan a las mujeres como un mero arquetipo, casi un objeto en sus relatos.