Ficción y no ficción en español sobre temática de ciencia ficción, fantasía y terror
Editorial
Entrevistas El gótico caribeño de Daína Chaviano – Cristina Jurado José Antonio vocación por lo fantástico – Cristina Jurado Lavie el hombre que sueña despierto – Cristina Jurado La Nave luchando contra la infrarrepresentación de las escritoras de género – Cristina Jurado
Ficción Donde vuelan los pájaros - Alfredo Álamo El pulporno. Un relato Exilium -- Israel Alonso Voces Remotas de Albión (IV y última parte) – Víctor Conde Flor, Clemencia, Aguja, Cadena - Yoon Ha Lee Extractos de una última instantánea -- Francisco Jota-Pérez Tocó con su señalada copa la tierra – Sergio Mars Cambiaformas – Laura Ponce Flow, dijo el gato – Daniel Pérez Navarro Isla Faraday -- Mª Concepción Regueiro Digón De Safari – Mike Resnick Nana para un tirano – Jimina Sabadú Madeja carmesí -- Angela Slatter Navidad Roja – Lavie Tidhar Verano en ámbar -- Susana Vallejo La transubstanciación -- Eduardo Vaquerizo
Artículos El terror, un juego de niños -- Juan González Mesa Religión, raza, género y sexo en la obra de Brandon Sanderson – Alexander Páez Breve introducción a la ciencia ficción china -- Regina Kanyu Wang Monstruo abstracto -- Ricard Millàs La ciencia ficción en los países árabes – Cristina Jurado
Secciones Ciencia ficción 101: Babel-17, de Samuel R. Delany – Miquel Codony All Your Short Are Belong to Us – Elías Combarro Lo bueno, si breve 4 -- Dreams of Elvex Reconocimiento Alastair Reynolds, : el científico que quiso ser escritor – María Leticia Lara Palomino Mutadis La traducción de Twin Peaks o El trastorno de personalidad del agente Cooper – Noemí Risco Mateo Póker de cómics #5 – Armando Saldaña Ciencia-ficción dura en el idioma de Cervantes – Miguel Santander Castillos en el Aire #4 – Mariano Villareal
Reseñas Miquel Codony Six Wakes de Mur Lafferty – María Leticia Lara Palomino Los Príncipes de Madera de Daniel Pérez Navarro – Cristina Jurado The Arrival of Missives, por Aliya Whiteley – Josep María Oriol Snapshop de Brandon Sanderson – Alexander Páez
Cristina Jurado Marcos es una escritora española residente en Dubái, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla y Master en Retórica por Northwestern University (EUA).
Este es el primer número de la SuperSonic que leo. Pero no será el último. Tanto contenido por tan poco es un chollo. De hecho, la veo imprescindible para estar al día de lo que ocurre en el fantástico.
Lo que más me ha gustado ha sido: -las entrevistas: a José Antonio Cotrina, Daína Cahaviano y La Nave Invisible -los relatos: "De Safari de Mike Resnick" y Madeja Carmesí de Angela Slatter -los artículos: El terror, un juego de niños de Juan González Mesa y "Breve introducción a la ciencia ficción china" de Regina Kanyu Wang. -Secciones: Ciencia ficción 101 (Babel-º7, de Samuel R. Delany por Miquel Codony).
Llevo leídos siete números de la revista y no me ha decepcionado ninguno. En este número, además, todos los artículos y entrevistas, al completo, me han parecido muy interesantes. Para mí, SuperSonic es sin duda un must.
Lo bueno de las revistas, y no me canso de decirlo, es que puedes saltarte todo lo que no te interese y, si además llegas tarde, todas las novedades que ya hayas visto reseñadas o que hayas descartado en los meses (años) desde que salió la revista. En este caso, he leído un pelín más del 50 % de este número. Sin duda, me quedo con el relato (corto) de Angela Slatter: “Madeja carmesí” (con traducción del Alexander Páez), una reinterpretación oscura de un cuento clásico a lo “Nieve, cristal, manzanas” de Neil Gaiman. Como menciones especiales, me quedo con el de Mike Resnick (con traducción de Ramón Peña), muy gracioso aunque se alargue un punto de más, y el de Sergio Mars, con una atmósfera y una narración muy conseguidas, aunque el final no me convenza. Por su parte, las reflexiones de Miguel Santander sobre la ciencia-ficción dura hispana siempre son bienvenidas. Finalmente, y aquí viene el palo que no sé si he blandido en anteriores entregas (y si no, debería): Supersonic necesita una corrección a fondo. Las piezas que se entregan bien salen bien, claro, pero las que se entregan mal, como suele pasar con los escritos de Eduardo Vaquerizo (autor que me encanta, que conste), son incluso difíciles de leer.