Me decidí por esta lectura después de leer la primera frase de la novela: Todo sería más fácil si mamá no fuera mamá Al fin y al cabo ¿quién no ha pensado alguna vez algo semejante (por mucho que quiera a su madre)? Y mis expectativas ante una novela -decían- que trataba sobre las relaciones entre madres e hijas de una forma desapasionada y poco edulcorada, crecieron.
Tras la lectura, no sé muy bien cómo valorar el libro. Tiene aspectos muy interesantes. Todas las reflexiones -más sugeridas o insinuadas, que realizadas por la autora (sus personajes)- sobre lo que significa la relación materno-filial, tengas o no tengas hijos; los personajes -tomados de una a una- cada una con su personalidad bien creada, bien definida; el estilo narrativo, directo, ágil, que mezcla la narración de la escritora con los pensamientos de los personajes (de ellas) sin distinciones claras.
Pero, al mismo tiempo, cuánta amargura, soledad y frustración hay en la novela. No se salva ningún personaje, nadie es feliz ni se esfuerza lo más mínimo en serlo. Son conformistas, acomodaticios y están tan preocupados en prever lo que puede salir mal que ni tienen tiempo para ver lo que podría salirles bien. Me agobió no poder sacudirles y decirles que espabilaran, que la vida puede ser de otra forma...
No sé, el no empatizar con ningún personaje me sacaba de la novela (los puntos supensivos que salpican el texto, también; no me gustan como recurso estilístico). Ni con Dolores, la tía soltera que ama a sus sobrinas como una segunda madre, ni con Natalia, mujer profesional e independiente que vive su vida de espaldas a convencionalismos, por mencionar los dos personajes con los que -a priori- podría sentir más cercanía. Desde luego, tampoco con Gloria, infantil, manipuladora y demandante de atención constante, o con Ángela, que no averigüé muy bien de qué iba (creo que su familia tampoco, por cierto).
Lo que me lleva a valorar el retrato que hace de estas mujeres, tan dependientes -todas, cada una a su manera- de los hombres, del "hombre" apoyo, fuerza, salvador; del hombre -sea el que sea- que da sentido a sus vidas, ya sea padre, esposo o amante. ¿De verdad es este un retrato realista hoy en día? Incluso la relación entre madre (tía) e hijas pasa por sus relaciones con los hombres, de manera que -aunque se sientan libres- están ahogadas por la necesidad de que haya un "él" que dé permiso a sus decisiones, a su vida.
Cierto, hay mujeres así, no lo vamos a negar, pero las veo más propias de otra época, ya superada por suerte. Y eso es algo que me ha desconcertado en toda la lectura, la indefinición temporal de la historia; el no saber cuándo está ubicada. Por cómo se relacionan los personajes, por las convenciones que las rigen, entiendo que se desarrolla en los años 70 (como mucho los 80, pero no más allá), aunque tampoco de forma muy clara. Y entiendo que esta indefinición es buscada por la autora, aunque no me queda demasiado claro por qué, con qué finalidad ¿Tal vez centrarse sólo en las vivencias/circunstancias de las mujeres que habitan la novela, sin la distracción de un contexto que aporte/reste significados?
En cualquier caso, sí me parece una novela recomendable. Deja más interrogantes que certezas, remueve, a veces incomoda. Y eso es bueno. Y la brevedad también ayuda...