Tengo muchas ganas de llorar, pero no puedo. Richard Sandoval reunió demasiados dolores que se tienen en Chile. Leí tantas historias terribles que ya conocía, pero que en el cotidiano se olvidan para poder funcionar. Desde anécdotas simples como las que se encuentran en los primeros dos capítulos, abarcando temas tan diversos como el despertar sexual y los perfiles de personajes que viven en cada población a lo largo y ancho del país, hasta lo que implica vivir en Chile: los horrores de la dictadura, la salud y la educación como bienes de mercado, la xenofobia y las detenciones ciudadanas.
No esperaba nada y me sorprendió. Mis textos favoritos fueron historia de un oso, la impunidad, Mateluna y Juan Pablo Rojas.
''Les pedimos disculpas, niños y niñas, por traerlos a vivir a un país que no cambia, que permite la media prescripción en los crímenes contra la humanidad, sabiendo que esos crímenes no prescriben, no se olvidan, aunque pasen cinco mil años; siempre son juzgables (...) Les pedimos disculpas por tener presos a apenas 125 de los 1.375 procesados por delitos de lesa humanidad; por Sergio Arellano Stark, el inspirador de los asesinatos con corvos, el malhechor principal de la Caravana de la Muerte, por dejarlo morir, como país, con sólo seis años de condena por un episodio en que mató a seis personas, para luego partir a la paz de su casa, aturdido de un Alzheimer que en la realidad adoptó mucho antes, cuando decidió no decir jamás dónde mandó a desaparecer a sus ensangrentados derrotados.''