Este breve texto, que funciona más bien como ejercicio crítico, articula un diálogo interesante entre el pensamiento de Benjamin y el de Warburg. El nodo central que comulga este diálogo, como se ha de suponer, es la imagen y sus intensidades: en tanto torbellino fulgurante, en el caso de Benjamin, y como desborde dionisíaco, para Warburg. Ambas perspectivas, estimadas como abominables para sus respectivos tiempos, se conjugan en un diálogo que denota la importancia de estos pensadores para el presente, momento en que la imagen adquiere una relevancia multidimensional. El verdadero analfabetismo, nos dice Adriana Valdés, no radicaría en la interpretación fallida de un código lingüístico, sintagmático por su linealidad, sino en la incapacidad de comprender las fulguraciones de las imágenes que nos acechan en un mundo cultural que cada día las necesita más.
Me gusta que el ejercicio reflexivo de Valdés se acompañe de una lectura humanizante sobre los pensadores aquí aludidos (principalmente a Benjamin). El texto se abre, por ejemplo, con una referencia al remezón epistemológico de Benjamin al panorama crítico del momento, seguido de una alusión a la frustración que le generaba el no poder ingresar de manera exitosa a los circuitos intelectuales del momento y, en consecuencia, a la academia. Me habría gustado que Valdés explorara más esa vertiente, pero entiendo que ese no era su objetivo. No es ella quien se encargará de escribir una novela sobre el posible encuentro entre Warburg y Benjamin, nos dice.