Con sus canciones, poemas y apariciones públicas, Mauricio Redolés se ha convertido en una figura incomparable de la cultura chilena. Atrevido, perspicaz, lírico, delicado y humorístico son términos con los que su trabajo podría ser descrito. Pero quedan cortos. Redolés es imprevisible, va por la libre. Pasa como si nada del poema coloquial al tango audaz, de la elegía amorosa al canto paródico, del chiste político al verso filosófico. El año 2000, bajo el título Estar de la poesía o el estilo de mis matemáticas, el propio autor editó un volumen con sus mejores poemas que se convirtió en un verdadero best seller alternativo. La presente edición es una remasterización de ese libro mítico prologada por el poeta y filósofo Yanko González.
No leo mucha poesía, porque me cuesta, pero leer a Redolés es pura belleza y puro placer. Cómo se le ocurren frases tan hermosas, por la cresta. Los poemas de amor romántico, de fusilamientos, de dictadura y sobre su hijo son los que me conmovieron más. Y despliega toda su inteligencia en los poemas absurdos, como el de los chaos y el del no querer convidar. De todo el libro, el que más me caló y nunca voy a olvidar es el del tipo al que van a fusilar y que escucha al milico asesino decir "ARRODÍLLENSEN" y el narrador piensa: "qué absurdo, no saben hablar y nos van a matar"; esa honestidad, de poner en un poema sobre el asesinato político, a un tipo cuyo último pensamiento es que el milico que aprieta el gallito habla mal. Lo absurdo de que te secuestre un pensamiento así en un momento tan solemne como tu propia muerte. Al margen de ese poema, escribí: "leer este libro cuando no tenga fuerzas, cuando dude, cuando tenga miedo". Y subrayé oraciones como: "La noche es una fragancia". "Quién pudiera volver los años y llorar contigo". "Yo pelié por la felicidad de ustedes". "Nunca intercambiamos promesas de ningún tipo, porque ella era la promesa porque yo era la promesa". "Escuchando tu cuerpo crecer todas las noches". "No me defraudes, no exijas después que quien me degolló muera degollado". "(Los carabineros) ponen como que nosotros hacemos las cosas y las hacen ellos mismos". "Plata que uno roba al estado para hacer poesía/mayor decadencia imposible oye". "Solitario en tu cascada hacia dentro de ti". "Sentir que la transpiración te hiere la camisa". "Redolés cree que yo cago plata / y a decir verdad yo nunca pensé qué tipo de caca hacías / Paula Jaramillo". "Fuimos felices / porque nos sobraban las palabras". "Quién quieres que sea muchacha / para que te fijes en mí?" "Pero tú me gustas tanto como para que no podamos ser / nunca más amigos / porque cuando uno se hace amigo de las mujeres que desea esas mujeres se transforman en cadáveres buenaonda". "El que calcula maquilla su corazón sin sangre". "Este planeta no te pertenece / no lo maltrates / tómalo mas no lo tortures". "Son las ocho de la noche y estamos en su ex universidad / la miro al irme / y sé que fue mi cárcel". "Un día tendré mi luz propia / seré mi fuerza propia mi ejército clandestino". "En donde los mayores placeres serán una vida / por la que tú y yo dimos una vida". "Hay una sinceridad de panadería que me pone nostálgico y sureño". "Ya no pienso en ti porque sé que tú tampoco". "Tengo más quisiera de los que quisiera". "Pienso (a veces eso hace bien)". "Tengo ganas de gritar viva cualquier cosa". "Mi nombre sea para ella algo confundible con cosas sin importancia". "Así la vida era un espiral que no tenía por qué simbolizar progreso". "(Tomando apuntes en mi agenda para un poema que tal vez un día no escriba nunca)". "El exilio no puede impedir que las madres nos envíen encomiendas". "Llegas tímida pero desafiante como bandera en territorio enemigo". "Ojalá los poetas fueran siempre prescindibles al poder".
La poesía o la literatura no es usar palabras rebuscadas ni arreboles ni ocasos ni escritura con monóculo y humita. No hay que tener las palabras limpias para escribir, sólo tienen que ser precisas y verdaderas. Y en el caso de Redolés, como dijo alguien que no recuerdo, son las palabras que usa la gente para escribir mensajes en los muros de los baños. Es poesía cotidiana. Un viaje muy bacán este libro. Tu corazón es muy grande y sensible, Redolés.
Maravillosa recopilación que le hace por fin justicia a Redolés como compositor y poeta de larga trayectoria, siempre del costado de los marginados, de los olvidados, de los retornados. Es un deleite además leer cada poema en voz alta siempre ya que el juego con la fonética y el habla coloquial chilena es perfecta (PASELAH, ENTHREGUE, VIEJOS CULIAOS).
siento que la poesía coloquial y pícara de redolés es la formula perfecta para quienes quieren introducirse en la poesía. este librito tiene de todi: amor, política, tangos, tallitas y remates preciosos. los mejores para mí siempre son los de amor, amor adolescente, amor desesperado. sobre todo “De-lira”, que me partió en dos.
Un título brillante, de esos que no pueden olvidarse.
Redolés es auténtico, y se percibe desde el principio. La forma en que retrata el horror y la injusticia nos remueve, y de pronto surge una luz gradual en sus versos, con ese tinte picaresco, redoliano.
El saber contar, el saber amar, el saber sufrir. El vivir constante del poeta que efectivamente ha vivido.
El libro es un caos en el mejor de los sentidos, es ingenioso, chistoso, nostálgico, vulgar, triste... Bueno, hay de todo acá se le hace total justicia a la figura de Redolés, es un poco extraño puedo decir, pero me encantó, grande Redolés
Dentro de todo, estoy satisfecha con la versatilidad de Redolés en su poesía, sin duda mis favoritos fueron esos llenos de ironía que retratan un Chile en dictadura, en momentos leía con mucha liviandad y de golpe salían versos como:
“lloré pensando en cuando supe lo del estomaguito de la flaca abierto cuando la tiraron del helicóptero así nadie flota dijo el de bigotes y jeans…” (Susurro al viento - De el estilo de mis matemáticas)
Son recopilaciones de prosas y poemas que van desde los 70 hasta los 2000 y relatan muchos episodios vividos en Chile como el golpe de estado, sobre detenidos desaparecidos y también sobre su destierro a Inglaterra, etc. Un poemario bastante crudo, irreverente (en el buen sentido de la palabra, si lo hay) y dirigido a lo satírico.
Es una recopilación magnífica. La prosa de Redolés siento que es muy única, no tiene escrúpulos en usar jergas populares ni se esmera en usar términos rebuscados, sin embargo conserva la profundidad de sus versos y logra transmitir más que palabras.
Lo que más destaco (simplemente por gusto) son aquellos poemas que narran la cotidianidad política desde la militancia hasta el exilio posterior al golpe.
Esta antología tiene varios poemas muy buenos, unos cuantos muy malos (algunos de ellos envejecieron pésimo), y la mayoría piolas. En general, me gustó.
Leer a Redolés es leer una poesía que dificilmente se escriba. No porque sea imposible sino porque en definitiva no queremos hacer y porque tampoco queremos compartir.