Siglos después de que una catástrofe de índole ecológica provocase el secado de los océanos del mundo, la humanidad yace en un estado primitivo donde solo unas tribus prevalecen en un estado meramente salvaje. Una de ellas, la tribu liderada por el fuerte y valeroso Thoz, cuenta en sus filas con un miembro único y diferente, un niño de piel negra que es repudiado. El anciano de la tribu ha decidido que visitará la aldea de los dioses, Santiag, diciendo y sellando el destino del niño negro, ya que a su vuelta este deberá ser sacrificado. El anciano nunca vuelve y el Niño Negro decide partir durante lo noche en solitario en su busca, un viaje que lo llevará a redescubrir la civilización humana del pasado.
Adaptando la novela homónima de uno de los nombres más conocidos de la ciencia ficción francesa, Stefan Wul, nos llega este integral de los tres volúmenes en que se dividió la obra original. El espectacular cómic lo firma el ilustrador francés Oliver Vatine en todos los aspectos, ya que tanto guion, dibujo y color corren de su cuenta, respetando totalmente el material original, conservando la división de capítulos de la novela y cada cliffhanger final. Un cómic de entretenimiento, aventura y ciencia ficción que no deja de ser una fábula ecológica dentro de un mundo postapocalíptico. A través de los ojos de Niño Negro iremos conociendo el mundo devastado, los motivos de ello y como es la supervivencia del ser humano en un terreno tan hostil. Esto cambiará a partir de la mitad del álbum, donde el relato se torna en una historia de ciencia ficción futurista, donde elementos tecnológicos avanzados como robots o clones tomarán el protagonismo de la historia.
El apartado gráfico es espectacular desde que abres la primera página. Las ilustraciones y el color ofrecen lo que pide cada escena, con viñetas de gran tamaño que quitan el hipo; donde las imágenes de paisajes desbordantes, ciudades destruidas y fondos marinos te absorben la vista. El preciosismo de los paisajes y el detallismo de los personajes te deja prendado, sabiendo integrar muy bien elementos tecnológicos con ese mundo desgarrado y abandonado. Un dibujo claro, definido y trabajado, con un color muy preciosista que dota a la historia de vida propia.