Lo mejor para oxigenar el cerebro al enfrentarse lecturas largas, sesudas y exigentes es intercalarlas con relatos, y no hay relatos que despejen más a un servidor que los de misterios. Nada como un buen asesinato para reactivar las neuronas, nada como la sangre derramada para lubricar esas conexiones cerebrales. Podría haberme ido con Agatha Christie, pero me decidí por una escritora algo más moderna, otra gran dama del misterio inglesa reconocida mundialmente por sus historias detectivescas. Una autora que, luego de leer Orgullo y Prejuicio, se dijo a sí misma que la novela hubiera mejorado con un homicidio; una autora que debían de gustarle tanto los niños que imaginó un apocalipsis en el que la esterilidad acabará con la humanidad. En efecto, habló de P. D. James.
Decir antes que nada que no había leído nada de P. D. James y que todo lo que conocía de su obra escrita me ha llegado en formato película. Hijos de los hombres es una de mis películas de ciencia ficción favorita, y a mi madre le encantó La muerte llega a Pemberley -creo que ya comenté la anglofilia de mi progenitora. Por tanto, este es mi primer acercamiento, y antes que acercarme a la autora por sus dos sagas más famosa he optado por estos seis relatos de temática criminal, más en consonancia con las historias de Patricia Highsmith que de Agatha Christie, pues aquí la figura del detective está ausente.
Los seis cuentos relatan un asesinato. En algunos sabemos desde el principio el autor del crimen y en otros la autoría no queda clara. En este segundo grupo los relatos juegan con las expectativas del lector. Nada es lo que parece ser y siempre va a haber un giro sorprendente, no siempre tan sorprendente como le gustaría a la autora. Sin embargo, lo mejor de la colección es la manera en que James nos relata el crimen, pues la mayoría de relatos están narrados en primera persona, por lo que el cuento toma el formato de confesión, de agría y en ocasiones perversa confesión, pues el narrador que desnuda su alma por lo general tiene mucho que contar y más que justificar. Los dos relatos que no cuentan con este narrador en primera personan también destilan este tono irónico y sutilmente cruel, aunque con un añadido más cómico.
Lo mejor que se puede decir de la colección es que es muy divertida, y lo peor, que no es muy memorable.
Los relatos incluidos en esta antología son los siguientes:
El yoyó (***): un estudiante de un internado va a pasar las vacaciones de Navidad en casa de su abuela. La de por sí desagradable perspectiva de pasar las fiestas con una anciana cascarrabias se ve reforzada al tener que compartir coche con el profesor menos querido por el alumnado. En un punto del camino, el chofer decide hacer una parada para aliviar su vejiga, y el profesor decide acompañarle. El chaval, que permanece en el coche, ve como a los pocos minutos solo regresa el chofer.
La víctima (****): el protagonista, un anodino bibliotecario, nos relata cómo su encantadora mujer, de la que estaba profundamente enamorado, le abandona para irse con un banquero que sí puede satisfacer todas sus necesidades. Con el corazón roto, sin perspectivas de futuro, el único motivo que tiene para continuar viviendo es vengarse de su burlador. Y para ello pergeña un retorcido plan que le permita tanto salir indemne del asesinato como llevarlo a cabo infligiendo la mayor cantidad de dolor.
El asesinato de Papa Noel (***): el protagonista, un chiquillo obligado a pasar las Navidades con su familia debido a la ausencia de sus padres en el país, es testigo de cómo todas las rencillas y rencores familiares acaban con el patriarca asesinado... ¡vestido de Papa Noel!
La niña que adoraba los cementerios (**): una joven huérfana queda al cuidado de sus abuelos. La muerte de su madre, además del arresto de su padre, han colocado un velo amnésico sobre ciertos episodios de su infancia y una inquietante fascinación por los cementerios.
Una residencia muy deseable (***): el protagonista, profesor de instituto, observa alarmado el comportamiento veladamente sádico que su compañero manifiesta para con su joven esposa. Un día, la situación escala de tal manera que la mujer es encontrada por su vecina casi muerta por asfixia y con la cabeza introducida en el horno.
El cumpleaños del señor Millcroft (***): un anciano recluido en una aburrida residencia de ancianos quiere cambiar a un lugar de retiro más agradable y estimulante, y, por supuesto, mucho más caro. Estas noticias no agradan a sus hijos, que ven este merma en su futura herencia intolerable, e intentan convencer al anciano de que lo reconsidere. Sin embargo, lejos de reconsiderarlo, éste les dará un argumento de peso para plegarse a sus deseos.