Un estilo desgarrador, crudo. Nos habla desde las entrañas sobre la pérdida: del apetito, de las ganas de vivir, del recuerdo; la depresión. Pero también del hambre, de las ganas de vivir... aun en un mundo deshumanizado que nos consume y arrebata lo más querido, lo más mundano. Tulia grita, grita a una Europa que deja morir niños en la orilla de la playa. Al menos, desde todo esto me atraviesa su poesía, pero, ciertamente, podría leerse en clave de otros temas. Por ello, volveré a leerlo pronto.