Este es uno de esos libros que nunca hubiera elegido leer y de haberlo hecho, jamás habría terminado de haberlo hecho por mi cuenta, y no siendo miembro de un club de lectura. Y de nuevo, me alegro de haber seguido adelante, de haber perseverado a pesar de un primer tercio en el que el libro me pareció una maraña de descripciones exageradamente detallistas y pasadas de moda que ralentizaban el desarrollo de lo que parecía ser lo interesante a priori: el crimen. Pero este libro encierra bastante más detrás del pretexto de un crimen de la España profunda, tipo Puerto Hurraco. Y a eso de la mitad, reconocí con cierto apuro que quizás me había precipitado al juzgarlo como un libro que simplemente había envejecido mal y no tenía el menor interés porque lo que contaba se perdía en pura palabrería con olor a naftalina. Pero no. Al final, todo tiene sentido, y aunque el paso del tiempo está ahí, y a veces me molesta un poco, el resto compensa, y al final me ha gustado, y bastante.
Moraleja: paciencia, a veces compensa.