Todo Alatriste reúne en un solo volumen sus siete primeras aventuras —no descarto que algún día habrá más—, y bien valió la pena hacerse con él, aunque ya tenía varios libros de la saga por separado, por el extenso prólogo y por la introducción de Alberto Muntaner, gran especialista de la épica medieval y del Siglo de Oro.
Estamos ante aventuras épicas de capa y espada, subgénero casi inexistente en el panorama literario español, cuyo lenguaje, importantísimo para la ambientación, es una mezcla entre el castellano cervantino, el decimonónico y el actual, que da como resultado un idioma accesible, exótico, antiguo y elegante al mismo tiempo.
La caracterización de los personajes tampoco defrauda. Algunos son históricos y otros de libre invención, aunque no hay motivo para pensar que no existieron realmente; así de bien encajan en el Madrid de los Austrias, y en esas localizaciones tan escrupulosamente documentadas. Por lo que nadie crea que va a salir indemne de atesorar conocimientos en torno a esa época en la que Pérez Reverte es muy versado, y no desaprovecha oportunidad de demostrarlo (cosa que se agradece), acompañándolo de excesivas lecciones morales —me perdonarán, pero en esto último prefiero que el autor tan solo muestre, y sea el lector el que reflexione y tome partido, aunque la elección sea obvia—. Es posible que, como él mismo reconoce, comenzó esta saga pensando en su hija, y a ella le escribe; o quizás utilice estas páginas para manifestar sus opiniones acerca de esta España que, a pesar de reconocerle sus miserias y defectos, se nota que ama profundamente.
destacar también lo bien que se desenvuelve el autor en los momentos de acción y tensión, aunque a veces peca al convertir a su narrador testigo en omnisciente, restando algo de sensación de veracidad a la escena, tan necesaria para este tipo de relatos.
No quiero alargar más esta reseña, pero no puedo terminar sin comentar que no estamos ante una copia de Los tres mosqueteros ni de ninguna otra, es cierto que hay similitudes, pero también diferencias que confieren Al Capitán Alatriste de un carácter más propio, más original y, por supuesto, más castizo.