Hace un año publicamos «Música de mierda», un ensayo romántico sobre el buen gusto, el clasismo y los prejuicios en el pop. «Mierda de música» nace con la intención de mantener vivo ese debate y traerlo a nuestro entorno cultural y vital. - El concepto de autenticidad en las chupas de cuero, la reafirmación lesbiana a través de Mecano, la honestidad en Raphael, la generación de la euforia en Marisol.- El paternalismo hacia Camela, la música barroca como verdadero underground, Sabina como mascota canalla de la derecha, Enrique Iglesias como esperanto pop en La Habana. - El esnobismo de los conversos del elitismo cultural, ahora cruzados del gusto hegemónico. Y, por encima de todo, la necesidad del amor para entendernos y del odio como herramienta para definirnos. Algunas de las firmas más audaces de nuestro país arrojan luz y volumen sobre esa «Mierda de música» que nos convirtió en lo que somos. Con textos de: Rodrigo Fresán, Marina Garcés, Sergio del Molino, Paul B. Preciado, José Luis Pardo, Javier Blánquez, Nacho Vegas, Marta Sanz, César Rendueles, Mercedes Cebrián, Servando Rocha y Raquel Peláez.
Rodrigo Fresán nació en Buenos Aires en 1963 y vive en Barcelona desde 1999. Es autor de los libros Historia argentina, Vidas de santos, Trabajos manuales, Esperanto, La velocidad de las cosas, Mantra, Jardines de Kensington, El fondo del cielo y La parte inventada.
Decepcionante. El libro original de Carl Wilson me resultó muy interesante: un crítico snob enfrentándose a sus propios prejuicios y tratando de encontrar en él la honestidad emocional suficiente como para conectar con una artista a la que había odiado toda su vida por cursi. Tenía sus resbalones, pero era interesante. Esta segunda parte, por el contrario... Más que "Mierda de música" debería llamarse "La crítica contraataca".
No termino de entender cuál es la función de esta secuela. El prólogo afirma que es "mantener vivo el debate". Yo no veo debate por ninguna parte; veo a varias personas que han ejercido la crítica cultural durante décadas y que están nerviosas, incómodas o directamente furiosas con el libro de Wilson, y que responden a un ensayo que se cuestionaba la pedantería cultural con… más pedantería. No debería ser un libro difícil de seguir porque los ensayos que contiene son cortos, pero sí, a ratos me costaba entender qué me estaban diciendo. La mayoría de artículos divagaban sin ton ni son, oscilando entre las anécdotas de juventud, la autojustificación y la prosa pseudopoética. A veces eran tan incoherentes que me fue imposible entender cuál era la tesis de cada artículo. ¿Qué estaban defendiendo? ¿Qué ideas estaban desarrollando? ¿Qué intentaban explicarme? Que me aspen si lo sé. Quizá soy parte de esas masas acríticas y sin gusto a las que esta gente tanto desprecia, pero de verdad no terminé de entender la mitad de los ensayos. Existe una cosa que se llama "hilo argumental". Es útil.
Le doy dos estrellas, en lugar de una, porque nadando en el mar de "categorías ontológicas", comparaciones de la música clásica con la comida sana, pies de página "irónicos" que ocupaban tres páginas, "a mí me gustaba Rafael antes de que fuera mamarracho-cool" y Esposas Pérfidas Que Te Obligaron A Quitarte La Chupa De Cuero Y A Dejar De Ser Alternativo, hay algunas ideas interesantes. Alguna anécdota que vale la pena. Pero en general esta lectura ha sido irritante y penosa, y me quedé con la sensación de haber presenciado una larguísima masturbación ante el espejo. Wilson SABÍA que era un pedante, y aunque de vez en cuando recaía hizo un esfuerzo en su libro por resultar mínimamente accesible. Las plumas que firman esta secuela están orgullosas de su esnobismo y parecen pensar que sin él el mundo caería en la barbarie. Y lo que es peor, muestran una ceguera social preocupante. En un mundo globalizado de desigualdades crecientes, decir alegremente que "la cultura es el gran desclasador" y que "el buen gusto es universal" es… ingenuo, en el mejor de los casos. Muestra una desconexión tremenda con el mundo real.
O tal vez me equivoco. Tal vez es una de esas categorías ontológicas que no entiendo.
En serio. Una no tendría que necesitar un doctorado en filosofía para entender una charla sobre música pop.
No lo recomiendo para nada. Creo que habría sido más rompedor haber dejado el libro de Wilson tal y como estaba. Él por lo menos hizo un timidísimo esfuerzo por salir de su zona de confort y darle una oportunidad al mundo de afuera de su burbuja. Esta secuela sólo refuerza la opinión hegemónica. Para escuchar que la cultura se va por el retrete y que sólo los elevados ángeles culturales que saben citar a Rousseau y a Derrida pueden salvarnos no hace falta abrir un libro, basta pasearme por mi antigua facultad o entrar en Twitter. Pero qué sé yo. Quizá alguien más formado que yo pueda sacarle jugo al libro. Nunca se sabe.
PS: La versión de "Bailando" de Enrique Iglesias no es reggaetón, es pop. Es muy delator que la crítica culta española corra a llamar "reggaetón" a cualquier música vagamente latina que le parezca inferior o de mala calidad. Muy, muy delator. También estaría bien, dado que lleva quince años insultándolo, que al menos aprendiera a escribir "reggaetón" correctamente.
PS2: Ahora resulta que la gente culta no sólo odia a Céline Dion, si no también a Enya. Pero qué problema tienen.
Ensayitos variados que dialogan con Música de mierda, libro que no es necesario leer antes para disfrutar de este. La aportación de Marta Sanz es espectacular, una especie de broma literaria de una de las autoras más listas y capaces de la actualidad.
Los ganadores del capitalismo desregulado han construido un discurso muy poderoso que apela a la creatividad, la reinvención personal, las dimensiones relacionales y colaborativas del trabajo...
Secuela muy irregular de Música de Mierda, de Carl Wilson.
Bien: Marina Garcés, César Rendueles, Servando Rocha. Meh: Rodrigo Fresán, Sergio del Molino, José Luis Pardo, Nacho Vegas, Marta Sanz, Raquel Peláez. Mal: Paul B. Preciado, Javier Blánquez, Mercedes Cebrián.
Compilación de ensayos bastante ingeniosos que son comentarios al libro de Carl Wilson “Música de mierda” (Blackie Books, no lo he leído) y que reflexionan sobre la legitimidad del elitismo en temas artísticos y culturales, sobre la conveniencia o no de la democracia en los gustos musicales, sobre la autoridad y el papel pedagógico de la crítica y los especialistas, y sobre la atracción inconfesable para el erudito hacia la música para las masas.
Diferentes autores, con ritmo y desparpajo, y normalmente bastante inspirados -algunos más amenos y otros más sesudos-, desfilan contando sus batallitas gremiales, sus querellas y disputas profesionales y sus pasiones y manías personales, junto con momentos de lúcida reflexión sociológica en torno a la industria discográfica en particular y al comportamiento humano en general. Es asequible, abundante en humor y en ironía, y resulta estimulante y variado, con apariciones estelares de figuras del altar nostálgico de personajes ochenteros: Raphael, Camela, Sabina, pero también Barón Rojo o Mötley Crue en el divertido capítulo de Sergio del Molino (“Manowar, una banda que sólo puede ser calificada como de gañanazos que presumían de tener el récord de volumen en un concierto, que salían a escena en taparrabos…”) o la denostada Enya, en el sarcástico y divertido tributo de Javier Blánquez.
“…las listas de ventas, que no solo falsean los números a su antojo (contabilizando discos “colocados” , es decir, distribuidos, como discos vendidos, ignorando luego las devoluciones o directamente impidiéndolas) sino que solo tienen en cuenta las ventas en grandes superficies…” Nacho Vegas
“…que oír su canción favorita de la adolescencia en un anuncio de seguros de vida les supone un enfado de proporciones inusitadas.” Mercedes Cebrián
“Los auténticos héroes del rock and roll siempre han sido gente aviesa y al límite, con los nervios a flor de piel, inestables”; ”Su idea tan brillante de “inautenticidad auténtica”, ha pasado a ser el signo de esta época; los grupos de versiones llenan aforos inmensos, la copia es casi mejor que el original, como si sobrevolase un sentimiento de cierta derrota ya asumida: del escándalo del playback durante los ochenta se ha pasado a su glorificación” Servando Rocha
Otra frikada de Blackie Books, para enfermos de la música.
Hi ha capítols que aporten reflexions interessants sobre el consum musical i altres són simples crítiques i notes a peu de pàgina de la primera part ('Música de mierda').
Potser m'esperava alguna cosa amb més profunditat i no m'ha convençut.
Artículos literariamente artísticos en torno a diversos aspectos de la música (a veces, tocada de forma tangencial). No es lo que esperaba, pero al menos está bien escrito en líneas generales.