Leer a Kollontai es llenarse de alegría y pena a partes iguales.
Alegría por ver que fue posible, que fue posible una novela política, con una voluntad clara de contribuir a través de la literatura a una sociedad nueva, a la vez que cuenta historias llenas de personajes entrañables y profundos. Es alegría por ver cómo, hace ya cien años, se planteaban, con absoluta lucidez, temas como el amor libre, la no monogamia o la crítica feroz a lo que se ha venido a llamar "amor romántico". Ver cómo, a través de sus personajes, pone sobre la mesa una manera de ver el mundo en la que el compromiso con la revolución está por delante de cualquier aspiración personalista, porque es la propia revolución la que permite esa libertad personal, esa manera de ver el mundo en la que el amor y la camaradería son dos caras de la misma moneda.
Es pena también por el prólogo. Misógino y horrible, con frases como "la primera víctima de su atractivo fue..." pintando a Kollontai con la machista imagen de femme fatale.
Es pena porque esta mañana escuchaba un podcast (que, reconozco, no he sido capaz de terminar) en el que se trataba de contraponer una especie de "Kollontai feminista contra el marxismo", que "estaba por el socialismo, pero también contra el hombre" o que hablaba de la Internacional de Mujeres Comunista como ¡una internacional feminista! Es horrible la tergiversación constante que se hace del legado de Kollontai, como, en contra de sus propios escritos, se contrapone comunismo a la liberación de la mujer.
Pero, en contraposición a esto, en "El amor de las abejas obreras" podemos ver cómo la realización de una libertad sexual plena va de la mano con la toma del poder político por el proletariado. Cómo la libertad de ser madre o no serlo va de la mano de garantías para poder abortar con seguridad y sin prejuicios morales asociados a esto, pero también para elegir ser madre o no, con pareja o sin ella, depende de la existencia de "guarderías". Cómo refleja tan bien esta conversación:
"- No pienso abortar. Puedo criarlo perfectamente. ¿Y para qué iba a querer un hombre a mi lado? Los padres solo sirven para presumir. Mira a Fedoseija: con tres hijos, y Fedosiev se ha largado con Dora...
Pero ¿cómo vas a apañártelas tú sola?
¿Por qué sola? Hay instituciones que sirven de ayuda. Quiero poner en marcha una guardería... Había pensado en contratarte como colaboradora. A ti te encantan los niños. Y este va a ser nuestro niño, va a ser de las dos...
¿Un niño comunista?
¡Justamente!"
La pena es también por ver cómo este libro es también una crítica a la deriva de Rusia tras la NEP, a la posibilidad de que fuera del partido hubiera, en palabras de uno de sus personajes, "más comunistas genuinos, más proletarios auténticos", o el cierre de las instituciones que la propia Kollontai contribuyó a crear " (...) con esto de la NEP les habían cerrado el club y les habían dicho que hacían falta para otra cosa. Ahora los escolares no tenían un sitio donde hacer los deberes. Les habían tirado sus colecciones. La biblioteca la habían repartido por ahí y algunos libros los habían vendido..."
Es esa tristeza que a través de Vasilisa expresa: "Ya no podía más. Lloraba de rabia. Veía que todo empezaba a desmoronarse. A todo esto, se habían promulgado nuevas medidas económicas. Había que pagarlo todo al contado: el agua, la electricidad, la contribución, las tasas. Y Vasilisa tenía que multiplicarse. ¡Todo en vano! Así era el "nuevo rumbo" de la economía: sin dinero contante y sonante no se iba a ninguna parte..."
Pena por ser conscientes de las limitaciones de la Revolución Rusa como revolución no completa, como expresa este fragmento:
"(...) que la habían echado del trabajo hace tres meses, que se había visto obligada a vender todo lo que tenía, que había pasado hambre, que se había quedado sin casa, que lo había pasado fatal, que había tenido que dejar de mandarle dinero a su anciana madre y que esta le había escrito diciendo que se estaba muriendo de hambre. Dos semanas antes había decidido hacer la calle (...)
Dejo aquí algunas de las frases que no quiero olvidar. A falta de volver a leer este libro, algo que, sin duda, haré.
"Nuestra principal discrepancia venía dada por su insistencia en que tenía que inclinarme por uno de los dos, mientras que yo, íntimamente, deseaba conservar tanto a M. como a Konstantín. Y esa salida me parecía más justa, más humana y más en consonancia con el auténtico fondo de la cuestión."
"¡Un bebé! ¡Qué bien! Pensaba enseñar a otras mujeres cómo criar un bebé al estilo comunista. No le había faltado ninguna familia, ni una cocina, ni andar acumulando trastos... Había que organizar una buena guardería... (...)
"El jefe provincial debería aglutinar a todos, ser una especie de "padre", una figura imparcial... Y este lo único que hace es ahuyentar a la gente."
"Y en ese caso, ¿a quién quiere usted si se puede saber?
¿A quién? Ante todo y sobre todo, a mi madre (...) Pero es que, además, ahora mismo hay gente a la que quiero, y mucho... Y no solo a mi madre. También a otras personas. Lenin, por ejemplo... No se sonría. Lo digo muy en serio. Lo quiero mucho más que a esos hombres que me han gustado y con los que me he acostado. Cuando sé que lo voy a poder escuchar, que lo voy a ver, estoy algunos días alterada. Por él también estaría dispuesta a dar mi vida. ¿O el camarada Guerasín? ¿Lo conoce? El secretario de nuestro distrito. Ese mismo... Pues a él también lo quiero. Pero de verdad, siempre acato lo que me dice, aunque a veces no tenga razón, porque sé que sus intenciones son correctas."
"He leído suficientes novelas para saber que para enamorarse hay que gastar mucho tiempo y mucha energía. Y no tengo tiempo. En estos momentos estamos desbordados por el trabajo en el distrito. Siempre andamos con prisa, siempre hay otras cosas en qué pensar... Por supuesto, también hay momentos en que una está algo más relajada... Y es entonces cuando te das cuenta de que hay alguien que te gusta. Pero, como usted comprenderá, para lo que no hay tiempo es para enamorarse... Apenas has empezado a encariñarte con alguien, lo envían al frente o lo trasladan a otra ciudad. O tú misma estás tan ocupada que te olvidas de esa persona..."