Hay algo hermosamente caótico en los relatos que conforman Retrovisor, el primer libro de Mónica Drouilly: historias quebradas donde la narración juega con los tiempos y con el espacio, zigzagueantes, fragmentados, exigiéndoles al lector que participe constantemente en su construcción, en la búsqueda de aquel rumor que encierra cada uno de estos siete cuentos.
Basta leer las primeras líneas del relato que cierra el libro, por ejemplo, para saber que estamos ante una voz distinta: “Ganó un caso, vendió el Peugeot, perdió el juicio, tomó su impermeable negro de hombreras anchas y se fue a Moscú. Mi madre. En 1994”.
El mundo que retrata Drouilly está lleno de fisuras y pliegues por donde transita su mirada, detalles algo distorsionados que le permiten hablar de personajes perdidos, ansiosos por encontrar un refugio que siempre les resulta esquivo.
Extraordinario conjunto de relatos que se prestan para la reflexión personal. 7 cuentos que no parecieren tener relación alguna entre sí, pero que construyen un verdadero edificio con distintos habitantes que se configuran alrededor de un hall central. Desde la visión de perder una mascota y no sentir remordimiento, hasta la explicación de una animita célebre de la ruta del sol. Historias que cierran de manera perfecta a pesar de lo breves, dejando sin atar las ideas que Drouilly quizo dejar en el papel: podemos escribir de lo que nos guste, y se puede hacer bien. Excelente lectura para una tarde junto algún líquido caliente.
(...) “Ahora que lo pienso, sacarle brillo al capó tiene algo de masturbatorio.” “Es un dolor agudo, intenso, determinante. También es un dolor que se gasta de tanto usarlo. Un poco como el amor.” “No tomar decisiones es una manera de tomar decisiones. El tiempo las toma.” “Nuestra amistad era hermosa como un abismo. El atractivo del vértigo era el elemento magnético de su personalidad.” (...)
La escritura de Mónica Drouilly es radicalmente distinta, en ella palpita una frescura y una potencia que la alejan y la destacan de mucha de la cuentística latinoamericana contemporánea, esa que últimamente empieza a tener un mismo sonsonete, una misma cadencia. Encontré ecos de Patricio Pron, sin duda, pero todo el tiempo, mientras leía estos cuentos caóticos y dislocados, no pude dejar de pensar en dos genias norteamericanas que me encantan: Kelly Link y Kij Johnson. No sé si sean influencias voluntarias, pero qué bueno es encontrarse con estilos tan arriesgados y estimulantes en nuestra lengua. Lean esta hermosa colección de cuentos, es un puro disfrute.
Se agradece estas nuevas voces femeninas en el pequeño círculo de escritores chilenos. Mónica Drouilly, sin dudas, aporta frescura y potencia.
Varios de los cuentos de Retrovisor me provocaron agobio. No lo digo en mala, en realidad es algo bastante bueno. Me gusta que la literatura provoque en mí sensaciones variadas, fuertes. Además Mónica se lanza varias frases y párrafos para el bronce.
Los cuentos que más me gustaron fueron:
Retrovisor Dolor exquisito Croquis estival con brisa leve
"En cada uno de los siete cuentos escritos con un carácter fragmentario, Drouilly introduce en sus personajes una especie de curiosidad que deviene, pausadamente, en obsesiones y perversidades. Con dejos de añoranza a la infancia noventera, los relatos recogen frecuentemente elementos de la cultura pop occidental (desde Rocío Durcal hasta Warhol), y evidencian la influencia del animé (Ranma ½, Los caballeros del zodiaco) en la niñez de alguna de las protagonistas"
"Mujer con torta de mil hojas" se lleva mis dieces. También me gustaron "Antagónicos" y "Cosmogonía de invierno en tránsito", pero el de la torta queda mucho más arriba.
De ágil lectura y composición fragmentaria, este libro de cuentos presenta imágenes muy vívidas y tiene reflexiones interesantes sobre la vida cotidiana (y la experiencia personal). Sin duda el mejor cuento es el que le da nombre al volumen, el resto no me parecieron tan bien armados, aunque rescato algunos momentos (particularmente los absurdos, inquietantes e insólitos).
«Y que estar viva tal vez se trata de eso, de corregir para adelante, de descubrir metáforas y encontrar la mejor manera de narrarse el pasado, y que tal vez esas imágenes y esas historias, en el futuro, sirvan para encandilar a alguien y chocar de frente con su vida, tal vez a propósito, para darle forma a voluntad y ver qué pasa con una –qué siente, qué piensa, qué descubre– mientras hace que las cosas sucedan.»
Una lectura de abril del 2017, bajo el sello de la #editorialLibrosdeMentira. Es mi primer acercamiento a @monicadrouilly, estos días anticipo la escritura chilena contemporánea necesaria. He descubierto que me simpatizan los libros que contienen epígrafe; a veces llego a alucinar mal, y me siento contenida en la historia. Es un buen libro el que se cierra con placer, y con ganas de proseguir. Algo similar me paso con «Retrovisor». El título podría efectuar una figura alegórica y metafórica respecto a lo que significa «Retrovisor», y cómo darle espacio en la vida propia.
La lectura es exquisita, por la forma de narración. Además, de una paradoja de oración última con la que culmina Mónica, porque, voltea la historia y te retribuye algo distinto de lo que hayas pensado. Me ha encantado, y prácticamente hemos desayunado juntes. No he deseado postergar porque ha sido el libro de tirón más simpático del año que casi huye de la vida. Destacar el papel de lxs lectorxs también es relevante: la lectura, la narrativa, la anécdota invita a sentarse e ir hilando los puntos sueltos de las historias.
__ Para mayor información sobre esta y otras lecturas, visitar @lecturasdelabruja
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Los relatos que se cuentan en este libro son bastante curiosos. Si bien, son inspirados probablemente en situaciones comunes y del día a día, tienen un pequeño misterio en ellos, un deje de ironía y también algo escondido que no puedes comprender si es que no lo piensas un poco más allá. Algunos de estos relatos como Retrovisor, Antónimos y Domésticos me dejaron con muchas sensaciones y pensando por un momento lo que acababa de leer y lo que significaba. Al ser una escritora chilena pude identificarme con algunos referencias que nos cuenta y así sentir las historias mucho más reales y cercanas. Por otra parte, pienso que debes tener conocimiento de literatura, arte y otros elementos culturales para poder comprender mejor aún este libro, sus historias, el trasfondo y lo que quiere dejar en ti. Me costó terminar de leerlo porque algunos cuentos no generaron algo en mí para querer terminar el libro o leerlo sin demora, y pienso que es por este tema de no entender ciertas referencias que explican allí, o por quizás no realizar una gran reflexión de algunos de los relatos que salen aquí. Si recomiendo mucho Antónimos, por su extrañeza y Domésticos por esa crítica a nosotros mismos y ese afán de llenar vacíos en nuestras vidas con algo ajeno, solo por el echo de quizás, querer ser parte de algo. Ambos me dejaron con más preguntas que respuestas y eso me gustó mucho de este libro.
A veces da la impresión de que muchos narradores contemporáneos escriben con demasiada conciencia de sí mismos: quieren producir textos que impresionen. Ese esfuerzo se nota y a veces cansa. La voz de Mónica Drouilly suena muy distinta: es natural y carente de artificios, y su ironía sutil me tuvo leyendo con una sonrisa de principio a fin.
Disfruté mucho las referencias nostálgicas a los 90s, los thundercats, los archivos secretos X. Los relatos tienen personajes interesantes, que muestran sus lados egoístas o inapropiados dentro de la moral y las expectativas de la sociedad (o las propias expectativas). Quizá esto es cosa de gustos, pero sentí que los relatos no lograban cerrar.
tiene una forma de narrar muy contemporánea y literal. Me parece que lo mas interesante es una capa de cotidianeidad inquietante con la que cubre todos los relatos.