Félix Luna fue un reconocido abogado, historiador, escritor, artista y político argentino, miembro de la Unión Cívica Radical. Fundador y director de la revista Todo es Historia.
Junto a Ariel Ramírez compuso la poesía de obras musicales como los álbumes Navidad nuestra (1964), Los caudillos (1966), Mujeres argentinas (1969, donde se destacan sus canciones Alfonsina y el mar o Juana Azurduy) y Cantata sudamericana (1971).
En los últimos tiempos, integró el Grupo Aurora, una reunión de intelectuales integrada por el ex vicepresidente Víctor Martínez, entre otros. Este grupo salió a confrontar con los intelectuales del grupo Carta Abierta, intelectuales de izquierda y peronistas que apoyan al kirchnerismo.
Imperdible! Roca es el fundador de lo que fue la Argentina Moderna, un país que llego a ser de los 10 países más ricos del mundo antes de encontrar la decadencia con el populismo.
Gran argentino Julio Argentino Roca. Piedra fundacional de lo que fue nuestro país. Vió y creó un país pujante donde el crecimiento era la regla. Ejemplo de lo que puede ser un hombre de política, audaz y al mismo tiempo pragmático. Salió de la pobreza y dificultad de Tucumán de la época a brillar en los círculos más altos de Europa. Fue resistido en sus tiempos, nunca fue adorado por sus contemporáneos, hoy la historia lo ubica en el panteón de los argentinos, quizás el argentino más importante de la historia detrás de José de San Martín.
Un libro esencial para conocer y comprender las bases y el fortalecimiento de nuestra Nación. La pluma de Luna supo darle el carácter y la trascendencia a ese lapso de la historia argentina, tomando como estandarte a la vida pública (y también privada) del General Julio Argentino Roca. Un libro imprescindible para ingresar a la gran obra de nuestro notable historiador Félix Luna.
"Y así es como yo, Julio Argentino Roca, general de la Nación, dos veces presidente de la República, conquistador del Desierto, fundador de la Argentina moderna, a la edad de 71 años, retirado de toda actividad pública, no teniendo en qué distraerme, me ocupo en recordar ligeramente mi pasada y agitada vida".
Félix Luna nos presenta la historia de Julio Argentino Roca en primera persona desde su nacimiento en Tucumán, pasando por su etapa estudiantil en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay para luego formar parte de innumerables batallas, entre las que se encuentran Cepeda, Pavón, Santa Rosa, etc. que marcaron su carrera militar para desempeñar luego el papel de ministro de Guerra durante el gobierno de Avellaneda, en reemplazo del fallecido Alsina, y llevar a cabo la famosa Conquista del Desierto que le daría el puntapié para aspirar a la presidencia de la Nación, lugar que ocuparía en dos oportunidades y finalizando en su retiro y posterior muerte.
El trabajo de investigación de Luna es muy bueno y permite profundizar la historia de forma muy llevadera y clara, incluso entretenida. Emite opiniones que Roca posiblemente utilizaría basándose en cartas y diversa bibliografía para llegar a estas conclusiones sobre, por ejemplo, los radicales, los indios o las figuras que desempeñaron diversos papeles en la política.
Profundizamos en la etapa de la Argentina moderna, a la que Alberdi llamó una monarquía vestida de república por sus capacidades de intervenir sin un control las provincias, decretar el estado de sitio, perseguir y eliminar a la oposición, enturbiar elecciones en las que una minoría privilegiada era la única representada, etc. desde la perspectiva de sus participantes.
“A pesar de todo, sigo siendo Roca. Una roca erosionada por las edades, coronada de líquenes y musgos blancuzcos, agrietada por tantos movimientos geológicos que la han sacudido; una roca sola y erguida, que todavía constituye una referencia insoslayable en el paisaje de mi Patria para que la caravana nunca pierda el rumbo mientras la aviste”
“De entrada comprendí todo esto y por eso mi necesidad estribaba en la creación de un sistema de gobierno, no de un partido; un régimen, más bien, que sustentara la concreción de mis proyectos. En las condiciones del país de entonces, con sus bárbaros hábitos electorales, lo que hacía falta era un orden político sólido y éste podía edificarse únicamente sobre los oficialismos de las provincias para unificar los intereses y las aspiraciones locales dentro de un equilibrio presidido por el Estado Nacional.”
“Cuando todo el mundo se equivoca, todo el mundo tiene razón... ¿No acabaría nunca de aprovechar la sabiduría de este astuto anciano que en el retiro de su biblioteca seguía influyendo decisivamente en la vida del país? Cuarenta años atrás había aprendido de él que hay que tomar el país tal como Dios y los hombres lo han hecho, esperando que los hombres, con la ayuda de Dios, puedan mejorarlo. Había sido una lección de pragmatismo que me fue siempre provechosa. Ahora, Mitre me enseñaba que no se puede gobernar contra la opinión general”
“Alguna vez se escribirá mi biografía y su autor aludirá, seguramente, a los esfuerzos que hice para edificar el país que hoy disfrutamos, y acaso hable de mis sacrificios, pues algunos hice, sin duda. Pero difícilmente mencionará el más grande y desgarrador. Nadie dirá que yo vacié mi corazón y me quedé solo de toda soledad, para que el primer magistrado de la República no fuera motivo de habladurías. Decreté mi propia infelicidad y la de la mujer que amaba en aras del único valor que pudo llevarme a esa decisión: la Nación, que debe tener a su frente a hombres que no merezcan tachas o, al menos, que no parezcan merecerlas.”
“Ahora percibo claramente la diferencia entre la obra de Julio César y la mía: mi tocayo creó un sistema político para cancelar la ineptitud y corrupción de la república romana. Yo, en cambio, he creado un régimen que será aprovechado por la república de los plebeyos y los proletarios que ya se delinea en el futuro…Nadie se acordará entonces de que fui yo quien le dio solidez y permanencia. Pero alguna vez los gobernantes del porvenir tendrán que mirar lo que hemos hecho, las decisiones que en su momento adoptamos, las líneas que seguimos, y aunque su bandera política sea muy diferente de la nuestra no podrán hacer otra cosa que continuar lo que hemos fundado. Pues las generaciones y las ideologías van y vienen como las olas del mar, pero el mar mismo permanece, no cambia nunca.”
“Advertía que la prosperidad que se gozaba no alcanzaba por igual a todas las regiones; beneficiaba, sobre todo, al litoral, a las zonas de las praderas fértiles y, parcialmente, a los islotes mendocino y tucumano; las provincias del interior que había recorrido en mi juventud, ésas habían quedado casi al margen de las corrientes del progreso. ”
“Nací en la época de Rosas y ahora transcurro entre ingenios como el teléfono, el aeroplano, el automóvil, el fonógrafo; maravillas que mi naturaleza, anticuada y un tanto rural, se resiste a aceptar aunque las disfrute. Yo demoré semanas en bajar de Tucumán a Buenos Aires cuando mi padre me mandó al Colegio Entre-Riano, en Concepción del Uruguay; hoy se tarda un día en ponerse en mi ciudad natal. ”
“Pero Pellegrini y yo estábamos vinculados por una sólida creencia común: la necesidad de un Estado Nacional fuerte, invulnerable a cualquier alboroto, respetable y sólido.”
“Con su rompimiento se disolvió el núcleo de poder político más poderoso del país, la fuerza estabilizadora que desde 1880 venía equilibrando la marcha de los gobiernos, ayudando a robustecer el poder del Estado, apagando los incendios que estallaban aquí y allá, dando continuidad a algunas líneas fundamentales de la acción gubernativa. No lamenté mucho su ruptura en el orden personal porque, como ya lo puntualicé, nunca fue mi amigo íntimo. Pero sentí que era un fuerte golpe contra el sistema que venía rigiendo desde 1880.”
“No sólo se cansa uno de gobernar. También los gobernados se cansan de nosotros...”
“Mi relato de este viaje apunta a otra cosa cuando le cuento las consideraciones de que fui destinatario: el altísimo concepto de que gozaba la Argentina en el Viejo Mundo, a tal punto que un ciudadano sin ninguna representación oficial, sólo por haber sido lo que había sido, atraía la atención y el respeto de todos.”
“Nunca como en ese viaje tuve la sensación de la grandeza y diversidad de mi país; nada tenían que ver las comarcas australes con las provincias del Noroeste o con el litoral. Y sin embargo, todas componían la misma Nación, y era de nuestra responsabilidad que también estos remotos dominios se sintieran parte de la comunidad nacional.”
Periodo de prosperidad, donde se definieron los límites del país y se realizaron acuerdos con Chile, Brasil y Uruguay. Pero también un periodo donde disfrazada como una república con democracia se escondía una monarquía con un círculo cerrado al poder donde todo se justificaba en nombre de la Argentina. Además, no es menor la gran dependencia que se generó hacia europa, en especial hacia Inglaterra. Durante este libro podemos adentrarnos en las hazañas de muchísimas figuras que marcaron la historia y el rumbo del país, desde presidentes hasta figuras “populares” como Alem. Argentina se comenzaba a consolidar como un país, pero todavía gozaba de momentos débiles donde en un abrir y cerrar de ojos dejábamos de tener congreso, presidente, gobernadores. En ningún momento se me hizo densa la lectura, y esto es producto del gran narrador (e historiador) que fue Félix Luna. Se encargó de contarnos la historia de personajes muy controversiales, como lo fue Roca, pero que sin lugar a duda marcaron la historia de la Argentina.
Es un libro para quienes realmente gustan de la historia argentina. Es un libro bastante extenso donde se cuenta en primera persona, la vida de Julio Argentino Roca, desde sus inicios en el ejército hasta su final. A mí me costó mucho leerlo debido a que cuenta mucho basado en batallas y enfrentamientos, me resultó pesado de leer pero al mismo tiempo muy enriquecedor, ya que nos cuenta historias y cosas que uno no sabía de esa época. Aparecen en sus páginas otros próceres como Sarmiento también, ubicándonos en tiempo y espacio. Me encantó la sensación que tuve, al leer de sus encuentros con estos otros próceres, imaginarme la situación. Quién diría que años después todos ellos iban a ser personas super reconocidas de nuestra historia, ellos, quienes compartieron tanto por llevar adelante nuestro país en aquella época. Eso es lo que rescato de este libro: el que me haya hecho imaginar esos pasajes de la historia, con tantos personajes ahora tan conocidos, llevado a próceres y que en aquella época eran uno más, no mucho más.
El libro está muy bien hecho, lleno de detalles. Se nota que Luna, como historiador, puede interpolar los específicos de la vida de Roca. A éste último lo encontré bastante pedante, a veces quería que se "callase". Aún así, se aprende mucho de historia argentina.
Un apasionante viaje de la historia Argentina, narrado en primera persona por una persona que ha vivenciando e influenciado en sucesos troncales de nuestra historia.
Estilísticamente perfecto, con grandes detalles descriptivos, estéticos y, evita a toda costa cualquier indicio de barroquismo innecesario, aunque... es un conjunto de "falsas" entrevistas al recordado presidente, pero que se vuelve, casi panfletario, en un pasquín reivindicatorio de un punto de vista histórico, dejando de lado cualquier pretensión analítica profunda.
Definitivamente un gran libro. La historia de la Argentina desde el punto de vista de la persona más importante de aquel tiempo. Por un lado es su "autobiografía" y por otro lado es el relato del país transformándose y progresando. También es una lectura agradable para cualquier lector casual de la historia.
Félix Luna pinta un Roca tal como imagina que era. Justifica sus acciones como Roca las justificaría, con su desprecio hacia los indios y se admiración por la cultura romana. Habla de los Radicales como lo haría el protagonista, con algunas concesiones finales hacia ellos más Lunistas que Roquistas.