Me ha fascinado a muchos niveles. Leonard utiliza el ciclismo como proxy para muchas otras obsesiones: la historia, la geografía, el desempeño humano de cualquier tipo en espacios tan remotos y salvajes como las montañas, la psicología del sufrimiento, la obsesión por metas banales e imposibles... He conectado con este libro de forma muy personal.
Hay otros pasajes menos inspirados y Leonard, en general, adolece de esa mirada acrítica y un tanto infantil del periodismo anglosajón hacia el ciclismo (2015-2017, hablamos del pináculo de la era Sky). Mi interés ha sido dispar en función de la temática del capítulo. Algunos me han atrapado (los encargados de retirar la nieve de La Bonette, los planes bélicos de Napoleón III como fuerza primordial para el nacimiento del Galibier o del Izoard) y otros no (Joe Dombrowski, en general, es una persona muy aburrida).
Se lo recomendaría a cualquier apasionado al ciclismo como actividad deportiva, no tanto a los aficionados al ciclismo como espectáculo televisivo.