Este libro es la conmovedora historia de uno de los más de sesenta mil casos de desaparición forzada que ha dejado la violencia en Colombia en los últimos cincuenta años. Es también el relato del dolor de muchas familias, que siempre inicia con una búsqueda y a medida que pasan los días se transforma en desesperanza y resignación.
Soy escritor, periodista y fotógrafo. Nací en Santa Marta, Colombia, y a la fecha he publicado cuatro novelas: Cuando Clara desapareció (2017), Mariposas verdes (2017, tres ediciones hasta la fecha), Ni un paso atrás (2014, dos ediciones formato bolsillo) y La sed (2013, siete ediciones en formato bolsillo).
Mi mantra personal es apostar por la creatividad y la innovación, y mi vida trata de seguir esa apuesta. Me gusta el cambio, el riesgo y probarme a mí mismo en todo sentido.
Antes de dedicarme a la escritura de lleno fui editor general y cultural en medios de mi país como los diarios El Tiempo, El Heraldo, las revistas Urbana, Diners, Eskpe, Plan B, DC (fundador), Semana y el Ministerio de Cultura, entre otros. Mis fotografías sobre el país y el agua han sido premiadas en los premios digitales The Bobs, y mis crónicas han sido galardonadas, entre otras, por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y el premio Semana - Deutsche Welle de Periodismo Ambiental.
En España fui redactor durante una breve temporada en los diarios La Razón y Cinco días, y también trabajé en el Financial Times Deutschland. Ahora acabo un máster en Media Innovation en la universidad NHTV, en Holanda. También he trabajado en la creación de libros institucionales y fui director de comunicaciones de la Feria Internacional del libro FILBo 2014 – 2016. Mi novela La sed está en proceso de adaptación para desarrollo cinematográfico.
Como ven, el cambio es mi motor. Amor las entrevistas, las crónicas, las historias creativas y creo en el poder de la ficción para transformar la realidad.
Este libro fue escrito por el hermano de una de las tantas personas desaparecidas en Colombia, y de una forma tan poética que no parece una historia real, y sin embargo, LO ES.
Al principio tuve problemas con eso, lo admito, por la licencia creativa que toma el autor de pretender saber exactamente qué pasó por la mente de Clara y el por qué de todas sus acciones, pero al final explica por qué lo escribió así, y de una manera MAGISTRAL. La mejor parte del libro, a mi parecer. Me dejó de una pieza.
Y la verdad es que es una preciosidad, y que además está muy escrito. Aunque es muy triste.
Muchas gracias al autor por compartir su historia con tanta meticulosidad y con tanto cariño. El dolor de un humano es el de todos los humanos. Y el amor también. Gracias por recordarnos eso.
Citas que destaqué:
1. Los hermanos asumimos la más dura misión: ir a ver en las morgues de Santa Marta y Ciénaga a cualquier mujer con una descripción similar a la de Clara. Ocho veces corrimos al llamado. Respirábamos hondo, imaginábamos la escena y hacíamos de tripa corazón.
Fue, quizás, una de las pruebas más duras. Sobrellevar primero el aspecto macilento de los pasillos, donde nos hacían esperar, y oír de fondo los raptos de histeria de otras familias que nos obligaban a tener una fuerza sobrehumana para no desfallecer. Luego, cuando por fin nos abrían la puerta interna de la morgue, iluminada por un bombillo de techo de sesenta voltios y en cuya sala central se respiraba un olor intenso a formol, nos obligábamos a acercarnos a ver los cuerpos exhibidos en mesones de cemento para su reconocimiento.
Que sea. Que no sea. Las dos cosas la deseábamos a la vez (...). Agradecíamos no hallar a Clara en la morgue. Y al momento, envidiábamos (a los que encontraban los suyos). Porque vivíamos con la dualidad de anhelar que sí fuera ella, que por favor fuera ella la que estuviera en ese mesón de reconocimiento, que fuera Clara si era que había muerto, para poder ya descargarnos y llorar y quebrarnos y desvanecernos del dolor.
2. La gente que se enteraba de que no había vuelto nos recriminaba por nuestro silencio. Nuestra madre no soportó esos ataques.
- A usted no le da nada la pérdida de su hija -, le insinuaron un par de vecinas, sorprendidas de no verla llorar en público ni buscar consuelo en ellas.
Nuestra madre las miró impasible y, aunque estaba quebrada por dentro tanto como nosotros y su esposo, hecha añicos, vuelta trizas, adolorida y compungida hasta el punto de sentir que se le había rasgado el alma (...), les contestó con diplomacia, pero con aplomo.
- ¿Quieren verme llorar por la calle y arrancarme el pelo como una loca, para que ustedes crean que me duele? Además, no está muerta. No aparece, que es distinto.
Entonces le daban la razón, disimuladamente. Clara seguro se había ido. O se estaba escondiendo. Pero volvería.
3. (Ésta está casi al final, y es prácticamente spoiler, pero es UNA PRECIOSURA. Para que se la salten, lo que no lo han leído y piensan leerlo. Aunque todos sabemos lo que pasa al final :( ).
Todo desaparecía. Todo ya lo había hecho. Los atlantes, los fenicios, los griegos, los mayas, los aztecas, la dinastía Ming, los chibchas, los patagones, los tayronas, los vikingos, los celtas, los neandertales o los homo sapiens originales. Habíamos destruido civilizaciones enteras y sacado energía para la envidia, la ira, la humillación.
Y ya nada de eso quedaba. Éramos, como especie, un follaje que caía de los árboles del tiempo tras cada generación y que sólo daba origen a nuevas plantas destinadas a repetir el ciclo. Legábamos la grandeza de algunas ideas y heredábamos o entregábamos el amor. Arrasábamos con la belleza para imponer el caos una y otra vez, hasta que la belleza se reinventaba de otra forma.
Nos extinguiríamos como civilización pronto, como se han extinguido todas, pero en el lapso que vivíamos como especie nos quedaba la única opción de entregarnos. De reír, así como reímos esa noche. De amarnos, así como nos hemos amado a pesar del dolor que nos separó durante casi veinticinco años y de las diferencias que nos marcaron. De amar el recuerdo de una hermana desaparecida para no olvidar, porque la memoria y el sentimiento de amor nos hacían humanos, pero también de amarnos como sobrevivientes donde no había otra opción para salvarnos.
* luego sigue, pero no la puse toda, para que la terminen ustedes, muajaja.
Es una de las tantas historias de desaparición forzada que se ven en Colombia.
Comparto dos citas que me llamaron la atención:
- "Antes que los hechos, lo que importa es lo que hacemos con la porción de realidad con la que convivimos y como la reconvertimos en algo útil o la desechamos para siempre"
- "Lo que nos define no es lo que vivimos, sino lo que soñamos ser"
Un libro que nos permite conocer desde adentro la historia de una familia que pierde a uno de sus integrantes. Leer este testimonio da una idea de por lo que ha tenido que pasar la gente a la que le han desaparecido un ser querido sin más ni más, la impotencia que van acumulando las páginas retrata muy cruelmente la sensación que da nacer, crecer y padecer este país.
Este libro es una buena dosis de sensibilidad a la realidad de Colombia.
Enrique busca respuesta a la desaparición de su hermana, y en el camino construye una obra llena de poesía y dolor. Al autor se le siente la tristeza, al contar una historia que a lo mejor es de muchos, pero no por ello es única. Un libro del que no sales ileso.
El conocer a Clara mediante la pluma de su hermano, es sentir también su impotencia, su rabia por aquellas cosas que no pudo denunciar porque fue silenciada, el vínculo con su hija pero también el desinterés por la realidad gobernada con trampas y dineros fraudulentos. Yo creo que no me alcanzan las palabras para describir lo que sentí con esta narración no solamente es un retrato de impotencia y silencio sino también de justicia por todas aquellas personas sumidas en la desaparición forzada.
Este libro es demasiado triste, retratar el dolor de una familia por la perdida de un ser amado es complejo. No me imagino que pasaría en mi vida si mi hermano no estuviera, si lo desaparecieran y el Estado no realizará ningún movimiento por resolver la situación.... Hermoso.
El libro retrata gran parte de la historia de Colombia, clara representa a miles de personas desaparecidas y su familia, a miles de familias, la historia es Interesante y dolorosa.
Hay historias que son necesarias, como ésta. Son tristes porque la vida en general es triste pero también son la única voz que se les puede dar a ciertas víctimas para que al menos haya algo de sentido o significado en su sufrimiento. Si no, es como si fuéramos cómplices de un segundo crimen, el de silenciarlas e ignorarlas