Con este cuarto tomo se termina la enorme tarea de reunir cronológicamente todos los cuentos escritos por Chéjov. Ha sido genial apreciar la evolución de su estilo desde el primer tomo, con sus escritos menos conocidos, colaboraciones periodísticas, hasta los tomos tercero y cuarto, donde alcanza su madurez y se incluyen sus cuentos más famosos.
Han sido unos cuantos años de lecturas (4 tomos de unas 1000 páginas cada uno) y ahora que termino, echaré de menos a sus personajes, los paisajes rusos, la estepa, las dachas, la sensibilidad que despliega Chéjov en todo lo que escribe y la mezcla de tristeza y alegría (en mi caso, más tristeza) que produce su lectura.