Cuando tiene 7 años Julio recibe un curioso regalo que marcará su existencia: un catalejo (o «miralejos», como él lo llama) con el que otea el horizonte y con el que imagina que es el vigilante de Gorgos, el pueblo costero en el que veranea. A partir de ese momento, junto a su amiga Irene, una niña de la localidad, descubrirá el mundo que lo rodea, verá cerca lo que está lejos y percibirá cosas que no están, o que no deberían estar, donde él las ve. Al tiempo que la relación entre ellos se intensifica, aflorarán amores no consumados, un crimen sin resolver, personas desaparecidas y el rostro de un monstruo, conocido como el Señor de los Bosques.
3.5. Una buena combinación de lo rural, la adolescencia y la leyenda. La historia tiene varios elementos muy distintos y consigue que encajen bien, pero no me ha sorprendido especialmente por su originalidad o por la profundización en los conflictos.
La historia me ha gustado, aunque creo que el final es un poco precipitado. Unos capítulos más no le hubiese venido mal al libro. Aún así es una lectura muy ligera, con capítulos muy cortos y que entretiene.