He tenido la suerte y la desgracia de recibir un detalle de Carlos Sisí. Un pdf con su novela corta Troll. Digo que he tenido la suerte por las sensaciones que me ha transmitido la historia, y la desgracia porque no la tengo en formato físico. Actualmente sólo se puede conseguir en formato digital desde la web del autor. Sin embargo, siempre me quedará el recuerdo y esta reseña.
Antes de empezar debo decir que de Sisí me entusiasman sus historias cortas. Me veo obligado a recordar su Edén interrumpido, una novela poco conocida pero cargada de tensión. En cambio, su historia más conocida, la de Los caminantes, es lo que menos me gusta de su biografía. La temática Z y otros factores que no vienen a cuento aquí son los causantes. Troll me ha llevado por el primer camino.
Nils Fredriksen es un niño de diez años que vive con su madre en el pueblecito noruego de Tanem, cerca de Trondheim. Pasa mucho tiempo solo jugando en los prados y bosques cercanos a su casa, pero no le importa porque tiene una imaginación desbordante, y sus fantasías visten su soledad. Una mañana, en pleno siglo XXI, Nils conoce a un Troll debajo de un puente, y de ahí surge una amistad alucinante que el mundo de los adultos no consigue comprender, respetar o... creer.
Novela corta pero intensa, lenguaje sencillo y muy visual acompañado por una carga de sensaciones que envuelve la trama en una mezcla agria y, a la vez, dulzona. Magia oscura, pero magia al fin y al cabo. Así resumiría lo que esta historia me ha dado.
El lenguaje de Sisí crece a cada novela nueva que escribe, y en Troll el lector disfrutará con su repertorio de cromatismos. La ambientación, apenas pincelada, se hace omnipresente en toda la historia, y siempre tienes en mente el paisaje gris típico de esas latitudes. El protagonista, Nils, es la luz de este paisaje, una luz débil que se tambalea por el miedo a lo desconocido pero que crece en intensidad gracias a su curiosidad innata. Por otra parte, el troll reúne la fantasía, la curiosidad, la ilusión y los miedos típicos de los niños. Ambos personajes, en realidad, son uno mismo y el autor se encarga de unirlos con mucho amor.
Entonces ¿estamos ante una novela de terror? Por supuesto, y esto es lo que más me ha entusiasmado de la novela. Sisí sabe que escribe para un público adulto, y nuestra comprensión de lo que sucede a lo largo de la historia viene dada desde una perspectiva, obviamente, adulta. Es decir, en todo momento sabemos que el protagonista está en peligro, pero no podemos ayudarle. Sentimos la necesidad de advertirle del peligro en el que se mete, de gritar, apartarle de esa compañía monstruosa que él, con sus ojos inocentes, no ve. Esta sensación que, como lector he percibido, Sisí la refleja en un tercer personaje, la madre. Ella también se muestra impotente, porque también es una persona adulta que no tiene acceso a ese mundo.
El ritmo de la historia es el adecuado, pues la relación entre el niño y el monstruo se debe asentar gradualmente. Quizás algún lector acostumbrado a ritmos más trepidantes pueda acusar cierta lentitud, aunque insisto que está plenamente justificada.
No voy a hablar más de esta novela, pues creo que con todo lo que he dicho es más que suficiente. Un trabajo de empatía con el lector magnífico y una forma de narrar notable. Bravo por Sisí.