Cuando Enrique Aguerre llega a La Escondida descubre que allí, en ese campo semiabandonado en plena cuenca del Salado, lo espera el fantasma del dueño anterior. Esa presencia, crecientemente ominosa, comienza a interferir en la vida cotidiana de Enrique, el nuevo dueño de la Escondida, que naturalmente quiere mejorar el lugar a su voluntad. La lucha que se plantea, crecientemente violenta, entre el fantasma que no quiere ningun cambio y el joven que pretende que las cosas sean de otra forma, se ve complicada por la relación de Enrique con su padre. El padre de Enrique era, a semejanza del dueño anterior, un viejo estanciero, dependiente solo de sí mismo y experto en todos los temas relativos al campo. Enrique va entendiendo, a medida que los recursos diabólicos del dueño anterior trastocan sus deseos de hacer al lugar realmente suyo, que el fantasma podría ser, también, una creación de su propia mente. El momento de la historia es esta época; conviven el poncho, los polars, el Direct TV y los celulares. La zona es la de la Cuenca del Salado, el corazón ganadero de la argentina. Sólo la voz que nos narra la historia puede dar su final personal a este relato que, de soslayo, también pasa revista a los últimos cuarenta años de la Argentina.
Creo que está bien situar a este texto dentro de clásicos de la literatura fantástica argentina, pensando en Mujica Lainez, Borges o Silvina Ocampo, entre otros nombres. Como crítica, estimo que por momentos bordea la parodia a las historias de terror. Eso igual no está mal. Pero, sobre todo, hay que destacar que la novela te deja algo que persiste mucho tiempo más tarde haberla leído. Te deja algo como un sabor a nostalgia acerca de las relaciones de los padres con los hijos, el paso de la vida, cierta especie de tono muy particular muy tranquilo. Y eso se lo agradezco, porque perdura. La atmósfera del campo argentino muy bien retratada, te transporta al campo desde las primeras páginas, hay también una historia de amor. El estilo es muy simple -pero interesante-, como la historia que te contaría un paisano por esos pagos y eso es de agradecer. Está contado desde la mirada de la clase alta, o de una clase alta al borde de dejar de serlo. Pero que, a su vez, recela un poco de la ciudad (muy sutilmente). Agradezco mucho esta lectura y es una joyita en el kindle unlimited.