Normalmente me tomo con ciertas reticencias los libros de "autoayuda" que inundan el mercado editorial, pero Iñaki Piñuel es doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, docente en la Universidad de Alcalá y dirige los Barómetros Cisneros sobre acoso y violencia psicológica tanto en el trabajo como en el entorno escolar. En publicaciones anteriores ha abordado la problemática que supone cruzarse a un psicópata en entornos laborales. En esta publicación se centra en un terreno en el que es aún más dañino cruzarse con uno: la esfera de las relaciones personales y más concretamente las de pareja. Los psicópatas integrados, normalizados o domésticos, como su nombre indica no están recluidos en una cárcel por haber descuartizado a nadie, sino que están entre nosotros y pasan desapercibidos (de ahí el término "integrados") gozando a menudo de una buena imagen, buenos puestos en la sociedad y popularidad. Esto lo hace más peligrosos aún porque están camuflados como lobos con piel de cordero. Las estadísticas para estudiar la prevalencia de estos depredadores intraespecie, son complicadas de elaborar precisamente porque están integrados y pasan desapercibidos, pero los estudios indican que podrían suponer entre el 6 y el 12% de la población (si tenemos en cuenta los diferentes espectros que engloban el problema que van desde la personalidad antisocial, la naricista, el aberrant self-promoter, los malvados y los maquiavélicos, que pueden no cumplir el diagnóstico de psicópatas pero sí presentar rasgos subclínicos), una cifra nada despreciable. Esto conduce a que puedas cruzarte con la friolera de 60 psicópatas a lo largo de tu vida, y es altamente probable que al menos uno de ellos te deje muy tocado. Es importante destacar que no existe un "perfil de víctimas", todos podemos caer en sus redes (la culpa no es nunca de la víctima ni de nada que la víctima haya hecho), aunque sí suelen cebarse con personas especialmente bondadosas, poco confrontativas, ingenuas o con gran capacidad de perdón (cualidades que no son malas salvo si estás delante de un psicópata). La única persona que está a salvo de un psicópata es otro psicópata. Este libro resalta la importancia de no caer en la falacia del mundo justo ni culpar a la víctima. También indica cómo podemos apoyarla, y que en ningún caso es válida la estrategia "equidistante" entre el agredido y el agresor: es necesario tomar partido. No se puede no tomar partido dado que "no posicionarse" es también una posición. No tomando partido nos estamos poniendo del lado del agresor.
El libro además expone de manera clara la forma de actuar y de pensar del psicópata, sus sesgos cognitivos, las estrategias de manipulación que utiliza, y lo que es más importante, cómo identificar y salir de esa situación. Normalmente se requiere de un año a dos de rehabilitación.
Entre los aspectos que me parecen mejorables del libro es que hay algunos errores ortotipograficos en la redacción. Además, estaría bien que pesar de ser un libro divulgativo, aportara un apartado de citas con todas las referencias bibliográficas. Por ejemplo, no estoy de acuerdo en que la terapia EMDR (que es la que utiliza su autor y que además es más una técnica que una terapia) sea tan absolutamente imprescindible, aunque sí estoy de acuerdo en las terapia que expone que son contraproducentes. También debo resaltar alguna inexactitud acerca de descripciones de conceptos como "locus de control" y "error fundamental de atribución". Por lo demás el libro es muy interesante para aprender a protegernos de este peligro del que ninguna persona está exenta. Por ello es fundamental reconocer sus características y estrategias: la elección de una víctima propiciatoria que le pueda suponer una ventaja y que se encuentre en un estado de vulnerabilidad, su frialdad, indiferencia y falta de empatía, la utilización de tu persona como un medio para un fin en lugar de un fin en sí mismo, la falta de reciprocidad, la unilateralidad en la relación, la fase inicial con el bombardeo de amor, la almagemelizacion, la mimetización e idealización para posteriormente dar lugar a la fase de descarte, la inducción del doble vínculo traumático, la estrategia de luz de gas y confusión, el mecanismo de disonancia cognitiva, la indefensión aprendida, la triangulación, el encabalgamieinto de relaciones, la utilización de la vergüenza y la culpabilizacion que dan lugar a la paralización, el recurrir a desestabilizarte emocionalmente para presentarse como víctima de sus víctimas la elección del peor momento y la peor manera para la puntilla final que deje devastado a su víctima... muy interesante!!