Su lenguaje es cotidiano, es como viajar en memoria de sucesos, por calles y lugares, de nuestras ciudades.
Estos mercados, dónde reconocemos personas, por qué son asiduos, se nos hacen rostros cercanos, aún cuando solo compartamos miradas cómplices de compras.
Calles que reconocen el paso del tiempo, y nos ofrecen la certeza de que la vida nos pasa.
Es grato, siempre, leerla entre uno y otro tema.