Sinceramente, aún me sorprende y entristece cómo la educación sigue subestimando el valor de las artes. Con frecuencia, se conciben únicamente como un medio para expresar emociones o como actividades lúdicas para los(as) niños(as),pero esta visión es profundamente limitada. El arte no es solo un vehículo para lo sentimental: es un lenguaje del pensamiento, una forma de conocimiento, una herramienta para cuestionar, explorar y comprender el mundo que nos rodea. Reducirlo a ocio o manualidades es negar su verdadero poder formativo y desaprovechar una oportunidad única de aprendizaje integral.
Esta limitación se refleja en la práctica docente. Es crucial reconocer que un(a) profesor(a) puede ser artista y que un artista puede ser un(a) excelente docente. La creatividad no se transmite en abstracto; requiere experiencias, experimentación y reflexión. El arte no necesita confines ni paredes: puede nacer en cualquier lugar, a partir de cualquier estímulo. Sin embargo, en muchas escuelas, especialmente en Educación Infantil, esta asignatura se reduce a ejercicios superficiales: pintar flores para el Día de la Madre o hacer palomas con pajitas para el Día de la Paz. Ese no es arte, y enseñar así no forma a los niños y niñas como verdaderos creadores(as) o pensadores(as).
Para que el arte cumpla su verdadero papel, los niños y niñas deben experimentar con materiales, ideas y conceptos. Las artes plásticas son un medio para explorar la sociedad, cuestionar estructuras y desarrollar pensamiento crítico. A través de la creación, los(as) niños(as) pueden aprender a analizar problemas, proponer soluciones y expresar sus ideas de forma compleja y reflexiva. Es decir, el arte no es solo “hacer cosas bonitas”; es aprender a pensar, a interpretar y a intervenir en el mundo.
Sin embargo, para que esto sea posible, la educación debe evolucionar. Las metodologías tradicionales necesitan adaptarse a los desafíos del siglo XXI, y el currículo debe valorar el desarrollo integral del alumnado, sin privilegiar unas materias sobre otras. Ciencias, humanidades y artes son igualmente esenciales, porque formar a personas completas requiere estimular la creatividad, la reflexión y la sensibilidad por igual. Solo entonces el arte dejará de ser un lujo y se convertirá en una herramienta fundamental para la educación de individuos críticos, conscientes y capaces de transformar la realidad.