Ana Castro (Pozoblanco, Córdoba, 1990) es periodista y trabaja en el ámbito de la Comunicación Corporativa. Ha promovido y participado en distintos proyectos culturales, entre ellos el Festival Cosmopoética. Sus poemas aparecen en diversas antologías. El cuadro del dolor es su primer poemario. El cuadro del dolor, merecedor del III Premio de Poesía Juana Castro, es el primer poemario de Ana Castro. En él se recoge una aproximación poética al dolor, en la que cobran especial sentido las raíces y la genealogía familiar y literaria y en la que el lenguaje se vuelve insuficiente, abriéndose así a una serie de imágenes orgánicas y ficticias en su intento por tratar de darle un nombre. En el fallo del premio, el Jurado destacó: "el poemario versa sobre el dolor, sobre las raíces y la familia, orgánico y material, sugerente y crudo. Con más voz personal que eco, el poemario posee ritmo interno y elige un léxico contenido para expresar intensas emociones".
Sé que dije que no me sentía preparada para puntuar la poesía que leo pero si no le doy las cinco estrellas a esta maravilla igual exploto. Me ha llegado al alma y me la ha roto. Me ha hablado y me ha dicho tantas cosas... 💔 Acabo de terminarlo y ya quiero leérmelo otra vez. Voy a secarme las lágrimas, si eso.
El cuadro del dolor ha sido ese poemario que necesitaba leer. hay lecturas que son hermosas, enriquecedoras, fuente de aprendizaje. pero hay lecturas que, además de todo eso, son fuente de reconocimiento, de verte reflejada en los versos de otra, de encontrar tu dolor y ese otro que no conoces pero con el que empatizas en versos ajenos. esas lecturas me son necesarias, porque me duelo, y creo que la poesía nos permite hermanar dolores, hilar incluso sin saber coser, hilvanar estómago y corazón hasta que la tinta y la herida permean la tinta y la herida de la otra. no conozco remedio que alivie mi dolor como los abrazos y los poemas de otras mujeres que se duelen también, y no conozco el dolor de Ana, está claro, sencillamente trato de sentirlo (que no comprenderlo, porque estoy convencida de que el dolor sólo lo comprende la que lo sufre o convive con él) en sus imágenes y metáforas. esas imágenes y metáforas que conjuran el retorno a un pasado en que todas éramos, un poco, una sola (como cuando mamá y la abuela). desde ahí yo sí quiero construir futuros, por inciertos que sean, por mucho que los tiña el dolor.
Es el mejor poemario que he leído en lo que llevamos de año y uno de mis libros favoritos de 2018. Leer a Ana después de leer a Terry Tempest, seguir leyendo sobre el dolor de esta forma, tan bonita y sincera, es maravilloso.
En conclusión, creo que El cuadro del dolor es un libro imprescindible. Valiente. Hermoso. Duro. La poesía que acaricia y rompe el alma, que no la suelta. La apelmaza contra el pecho y la hace suya. Tengo que darle las gracias a Ana por ser tan valiente, por regalarnos esta composición. Darle las gracias por esta revolución.
Cadena trófica, hija-madre-abuela, raíces, dolor, familia, herida, cicatriz, hilos y la mujer-raíz. Tenía puestas muchas expectativas en este poemario y, por desgracia, me ha parecido algo reiterativo en las ideas. A pesar de que tiene buenos poemas, no me ha terminado de llegar y ya casi al final he tenido una pesada sensación de monotonía. Quizás me falte esa sensibilidad especial de la gente que sí lee mucha poesía.
Ana Castro no sólo habla de dolor en su primer poemario, sino que enlaza las figuras familiares (la hija, la madre y la abuela) con las tradiciones heredadas. Sin duda trata de la pérdida, del deseo inevitable que ésta te deja, de la incapacidad física de ser de nuevo lo que eras. En estos poemas también hay mucho sufrimiento mental y se expone la manera en que lo cargamos a cuestas sin que nadie pueda verlo y comprobar lo mucho que pesa, lo mucho que duele. Al final, estos poemas son mujeres en distintas facetas, pasando por problemas de los que, a parte de dolor, han surgido versos realmente hermosos.
“El cuadro del dolor” es el debut poético de la jovencísima y talentosa Ana Castro. Es un libro que parece haber sido escrito por necesidad, por plasmar sobre el papel el dolor que se empeña en no abandonarla y que, por ser invisible, es necesario nombrarlo para conseguir la empatía y la comprensión de los demás. Pero esa es solo mi impresión.
Hay un bosque de agujas de pino en mi vientre.
Ana Castro es una Frida Kahlo andaluza para quien los avances médicos de este siglo XXI no son suficientes, nada consigue eliminar el dolor que siente. Toda esa ciencia a su disposición y sin embargo: operaciones, salas de espera, cicatrices, tratamientos y medicinas. Pero el dolor persiste.
Los médicos impotentes, a veces avergonzados, a veces pidiendo perdón y sólo son capaces de repetir entre ellos como un mantra: “el cuadro del dolor… el cuadro del dolor…”
Pero el dolor no, el dolor es transparente-casi-invisible acaso una vibración en el rostro o una súbita contracción del vientre. por eso hay que nombrarlo, decir MI DOLOR
Si la seguís en redes sociales, donde a veces comparte pinceladas sobre su vida en los centros de salud, también descubriréis que hay médicos que no creen su dolor, lo cual es algo ya doloroso en sí mismo: como no encuentran la causa física suponen que su dolor tiene un origen psicosomático, le dicen en su cara que el dolor está solo en su cabeza, que son imaginaciones suyas, que en realidad no tiene ningún dolor. He vivido tantas situaciones rocambolescas y bizarras en las consultas de la Seguridad Social que yo la creo: creo en su dolor y algo en mí se retuerce de impotencia por querer extirparlo.
Otro dolor añadido es la añoranza de la hija que no puede tener. Planea entre las páginas de este poemario tan pálido como una pena complementaria, por si no había ya bastante sufrimiento.
Y NO. El dolor no es normal, es extraordinario: es confeti tóxico y mariposas oscuras prendidas en la lengua. Pero cuando la piel se agrieta y rugen los murciélagos dentro y la vista se nubla porque el ruido en el abdomen, y los puños golpean el vientre desde dentro, entonces, justo entonces, si me preguntas de nuevo al borde de la puerta del despacho o al salir del baño, te diré eso: me duele lo normal. Mi dolor normal: erupciones volcánicas de colores, un espectáculo pirotécnico privado.
Su poesía es la de las cosas sencillas: la madre, la casa, los gestos pequeños, las mujeres cuidándose entre ellas. Tras pasar las primeras páginas y cuando el dolor empieza a empañar todas esas imágenes, a hacerse protagonista, dejando a la autora impedida para la vida que llevaba antes, se me han caído las primeras lágrimas y he tenido que posponer la lectura un buen rato.
Recuerdo una frase que repetía alguien a quien creía conocer: “El dolor es sólo dolor”, cinco palabras que reducían el dolor al plano físico del que no debía dejarlo salir, relativizando así los padecimientos corporales en contraposición a las heridas sentimentales. Algo así como una filosofía de vida para quienes están condenados a convivir con los analgésicos.
y noto que la vida bulle pero no me alcanza.
Y todo ese sufrimiento que no acaba, transformado en arte. Enhorabuena, Ana Castro.
Me da rabia, porque había leído reseñas que le daban a este poemario de Ana Castro una buenísima crítica. Si bien trata temas interesantes a mi parecer redunda en ellos, resultan escasos para la longitud del escrito y los recursos y las perspectivas para hablar de ellos más de lo mismo. Me he quedado chafada, de verdad. Me gusta su voz, pero no me ha transmitido demasiado. Como digo creo que ha sido más en cuanto a la manera de tratar los temas y el abanico de matices que ofrece. Aún así reconozco el talento de la escritora.
Yo, sin entender nada de poesía, sin gustarme siquiera... Me lo he leído en apenas una hora. Porque era Ana la que hablaba pero estaba dando voz a todas esas mujeres que convivimos con un cuadro de dolor constante. En mi caso, no me han creído, me he tenido que justificar mil veces, he tenido que pedir perdón... Hasta que el dolor no traspasó la frontera de lo interno, de lo personal, no me escucharon. Vértigos, vómitos,ataques de ansiedad, contracturas desde el cráneo hasta los dedos de los pies. "Tienes las cervicales como una roca, normal los vértigos". Las manos las tienes llenas de tendinitis, normal que te duela coger cualquier cosa. "Los dolores del estómago deben ser causa del covid pero haremos pruebas". Necesito una psicóloga y no tengo dinero. Necesito un fisio y no tengo dinero. Necesito empezar a nadar, poco a poco y no tengo dinero.
Ana, siento que estés pasando por todo esto. Gracias por hacerme ver que no estoy sola en este camino de vaivenes que pasan de fatiga crónica, fibromialgia, contracturas crónicas, enfermedad de crohn, colon irritable... No tienen ni idea y yo solo sé que tengo mucho dolor. Y ahora sé que tengo que nombrarlo porque existe. "Existe más que yo".
Desgarrador y crudo, pero tremendamente bello. Tal vez he resonado más con estos magníficos poemas porque yo también he experimentado mucho dolor. Me gusta cómo la autora convierte en belleza el sufrimiento. No obstante, es duro leer algunas partes y remueven mucho por dentro. Me ha resultado precioso.
El mejor libro de poesía que he leído este año y posiblemente en los últimos años. Sé que mi dolor no es el de Ana, pero aún así lo siento, lo siento mío, siento que el mío es suyo, siento que el dolor se confunde aunque no sea igual.
La poesía de Ana Castro es tan similar a la mía. Me veo reflejada en sus versos, como si ella fuera mi yo del futuro, cuando llegue a su edad. Me ha encantado.