COLECCIÓN GRANDES HISTORIAS. Una nueva edición de este drama romántico internacional ambientado en las ciudades del Lejano Tokio, Pekín, Shanghái, Hong Kong, Singapur y Bangkok, junto con otras tantas ciudades españolas y europeas, recogiendo los 25 últimos años de la vida de sus protagonistas hasta el momento actual. Los sueños y amores de juventud de un grupo de universitarios a los que la vida ha dispersado por medio mundo, y su difícil materialización en la vida adulta, son la base de una historia dramática y romántica a un tiempo, siempre conmovedora, llena de pasiones el amor, el sexo y las ansias de realización personal, que conviven con la fuerza de la amistad, del futuro y de los momentos felices de aquellos días. Llevada al cine (se ofrece link para verla). “Una novela poco común en la narrativa española actual” (EL CULTURAL-DIARIO EL MUNDO) “Un monumento a la literatura” (LIBROS UNO POR UNO) “Esta novela se lee de un tirón” (GUADALAJARA 2000) Libro recomendado por la ORGANIZACIÓN ANTONIO MACHADO 75 ANIVERSARIO EL AUTOR Francisco Rodríguez Tejedor, alcarreño de origen y madrileño de adopción, es un caso típico de doble vocación. Economista experto en negocios internacionales ha combinado una exitosa carrera en este campo con su vocación artística que se desdobla, a su vez, en la literatura y en el cine. Ha abarcado el El Claxon y Cinco Estremecimientos, el mundo del drama romántico y de la El día que fuimos dioses y Memorias del Sauce Curvo, y ha repasado, secuencia a secuencia, todas las fases del sentimiento más importante que tenemos en Los Mejores 101 Momentos de Amor. “Victorita, Victorita…”, una historia que forma parte de su novela “El día que fuimos dioses”, fue llevada al cine en una exitosa película corta protagonizada por Imanol Arias. El Claxon y El día que fuimos dioses, ya en su vertiente de guionista y productor, están en fase de desarrollo. Y en preproducción el thriller policí “La venganza de la Patagonia”, de la que es coguionista y autor de la novela, de próxima publicación.
3,5 estrellas Un texto complicado y poético que encierra una historia de historias donde la verdad sobre la soledad, el miedo, el amor, los recuerdos y las consecuencias nos acercan al interior de los personajes; unos personajes que no son lo que nos gustaría que fueran.
Hola, en primer lugar, darle las gracias a “Reseñan Sancho” por pensar en mi para leer esta novela. “El día que fuimos dioses” de Francisco Rodríguez Tejedor.
Me ha pasado una cosa muy curiosa con esta novela, la empecé a leer cuando me llego y la tuve que dejar aparcada. No conseguía conectar con ella.
Hace un par de días vi una entrevista de una persona que perdió a un familiar y es como si la mente se me abriera, volvía coger esta novela y en apenas dos días me la he leído.
Ha despertados tantos sentimientos en mí, me he visto en muchas situaciones que he leído en la novela. Y las he vuelto a revivir como si fuese yo esa protagonista.
La novela a pesar de ser dura la he disfrutado muchísimo, he estado en la mayoría de las ciudades que su autor nos va relatando a través de sus páginas, esa prosa poética con la que nos va deleitando su autor es conmovedora. Yo que soy una amante de la poesía la he sentido en mi piel. La novela es un canto a la vida y a la muerte, porque ¿qué es la vida sin la muerte y la muerte sin la vida?
La novela arranca con esta maravillosa frase. “Llueve sobre Singapur, sí, llueve en los confines de la Malaysia, llueve con la fuerza de las mareas, de los espíritus de los ancestros milenarios, llueve con el poder recurrente de la naturaleza, del dios de la lluvia que gobierna los cielos y los mares.”
Una novela nada al uso, donde su autor nos describirá aun grupos de amigos que se conocieron cuando eran estudiantes, pero por los derroteros de la vida, cada uno tomaron caminos diferentes. El azar o el destino hacen que todos ellos tengan algo en común, están al límite, son o han sido golpeados por la vida.
“Cada uno mata el tiempo como puede. Cada uno gasta la vida, mata la vida, donde le da la real gana”.
A través de sus páginas viajemos sin movernos del sillón, por distintas ciudades de las manos de sus protagonistas. Singapur, Sevilla, Madrid, Toledo, Hong Kong, Ámsterdam, Tokio, Pekín, Shanghái y Bangkok. Presentándonos al hombre solo, vulnerable, perdido y roto de desamor. Lleno de pasiones universales como el amor, el sexo, las ansias de realización personal. Que conviven con la fuerza de la amistad, el futuro y los momentos felices de aquellos días. Sin importar la clase social, ni la religión, ni la riqueza, ni la pobreza. Pero todos ellos con la carga de su propia mochila a cuestas.
“Yo tengo a mi Vitorita. Sin ella el mundo sería, sin duda, un nido de frío y soledad, de locura y desesperanza, que es lo que le pasa a tanta gente”.
De sus protagonistas destacaría:
Fernando:
Un importante hombre de negocios, casado, con hijos. Que ama a su familia con locura, pero para poder sentir. Necesita cada vez que viaja por las diferentes ciudades tener sexo con chicas para poder sentirse vivo. Un buen hombre, a fin de cuentas.
Indira:
Una chica india que por avatares del destino la vida la ha maltratado una y otra vez, pero ella sigue siendo compasiva y de buen corazón.
Eva:
Prima de Fernando, una mujer golpeada por la vida.
“Sabes que las palabras son como la vida, son la vida misma que sentimos, pensamos y luego lanzamos al aire, que queda impregnado así, lleno de resonancias, de ecos, de melodías”.
Tanto el personaje de Fernando, como el de Indira y Eva me han encantado, por su conexión.
“El agua nos bañaba con su piel de luna y supe que nunca olvidaría todo aquello”. Los personajes secundarios también juegan un papel importante en la novela. Todos nos aportaran sus vivencias.
La novela consta de cuatro partes:
- Lluvia en Singapur. - El tiempo de las hormigas. - Esperando los atardeceres amarillos. - Dime que fuimos dioses.
“La gente va viviendo, o mal viviendo, la gente nace, ama, llora, sufre, se troncha de la risa y un día, en un mal traspié, da con sus huesos en el suelo y queda reducida a polvo”.
Asia, es el nexo de algunos de ellos, ya que por un motivo u otro todos intentaran desconectar en ese continente, evadirse de esa vida monótona que les atrapa y sacando a veces lo peor de cada uno de ellos.
En la primera parte:
Fernando conocerá a Indira en Singapur y la vida cambiará para ella. Ambos nos ira relatando sus avatares de la vida. Son personajes que aun teniéndolo todo han perdido algo o lo perderán en ese camino que es la vida.
En la segunda parte:
Viajarán sus protagonistas a España y hay iremos conociendo a los diferentes personajes que compondrán la novela. A Indira le gusta pasear por esas calles, observar el ir y venir de la gente. Hasta el más mínimo detalle. Conoceremos esas vidas que soñaron sus protagonistas y sin embargo conoceremos la cruda realidad que la vida les ha deparado. Esa juventud que vivimos y perdimos, de la que muchos no queremos desprendernos y otros quieren repudiar. Cuando en algún momento de nuestra vida fuimos esos dioses que su autor nos quiere relatar a través de su pluma.
“La vida es solo una despedida. Te vas despidiendo de cada cosa que vas viviendo, momento a momento, desde que naces hasta el momento final y entonces, allí, nos despediremos definitivamente de todo. Lo difícil es aprender a despedirse de las cosas, de las personas, sin volverse uno terriblemente loco, sin hundirse en la ciénaga de la tristeza, o de la desesperación. Aprender a olvidar y a continuar caminando”.
En la tercera parte:
Es donde su autor nos ara, aun sin ahondar en la trama, descubrir la vida de un personaje que es el punto de unión aun sin saberlo de todos los personajes que rodean la novela, por un suceso que ha hecho que cambie su vida de una manera brutal. El cual iremos conociendo a través de sus cuadernos y anotaciones. Esa pérdida de memoria con la que vive ese personaje, el evadirse del dolor, el querer y no poder. Cada personaje lo vivirá de diferente manera de recuperar lo perdido o dejarlo pasar y vivir con ello. El volver a creer por un instante que el mundo es nuestro. Enfrentarse al amor, al mas allá, y volver a ser libres. Más allá de las adelfas.
“Hay un sitio más allá de las adelfas, hay un sitio al otro lado de la muerte, donde continuar unidos hasta el final de la eternidad que no tiene fin”.
En la cuarta parte:
Su autor nos llevará a través de la catarsis de los personajes a nuestra propia catarsis, nos hará replantearnos tantas cosas de nuestra propia vida. Esos personajes están tan rotos y destrozados como muchos de nosotros mismos. Una novela llena de sentimientos que no nos dejara indiferente. Aquellos momentos que vivimos, de forma tan intensa, que no hemos olvidado. Ni olvidaremos jamás.
“La vida hay que vivirla momento a momento. La vida te da y te quita y tú no puedes hacer nada, cuando te toca, te toca y aquí no hay más, solo aguantar y vivir, hasta que el cuerpo aguante, luego te mueres”.
En definitiva, una novela que he disfrutado mucho y también me ha dolido demasiado, porque algunas situaciones como las he vivido me han vuelto a doler al recordarlas de nuevo. Una novela que saca lo mejor y peor del ser humano, hace que te enfrentes y analices tus propios miedos. Me ha durado un par de días porque en algunos momentos he tenido que parar y respirar para seguir leyendo. Ya que los sentimientos los he tenido a flor de piel mientras la leía. Una novela que nos hace recordar si en algún momento de nuestra existencia nos hemos sentidos dioses.
“Las personas no vivimos como queremos, sino solo como podemos. Querríamos vivir como dioses y cambiar el mundo, y al final tenemos que vivir como hormigas y arrastrarnos por las aceras todas las mañanas”.
Totalmente recomendable al 100% Una novela que debería leer cualquier adulto.
'El día que fuimos dioses' es un libro que nos cuenta una historia realista, dura, con toques de esperanza, recuerdos de un pasado perdido y nuevas oportunidades. Un libro que nos habla de amores de juventud, de esa época en la que nos creemos dioses, con todo a nuestros pies, en la que pensamos que somos capaces de hacer cualquier cosa. Es un libro con una prosa delicada, poética, reflexiva y metafórica. En el que hay historias que, para mí, están de relleno, que me ha convencido por momentos pero que, al final, ha sido tal mi cabreo con lo que ocurre, que todo lo que había conseguido páginas atrás, se ha derrumbado por completo. ¿Si os lo recomiendo? Siempre es mejor juzgar por uno mismo, no os puedo decir otra cosa.
El libro se divide en 4 partes que el autor llama “libros”; la primera parte se titula “Lluvia en Singapur” ya que es el lugar donde comienza el relato y la lluvia es un elemento presente durante todo el texto, todo gira a su alrededor.
Llueve como se tiene que llover, como si se acabara el mundo, reblandeciéndose y desmoronándose todo en pedazos, hasta que no queda nada, de tanto llover y llover.
Durante la obra, tienen palabra muchos personajes, cada uno con su historia y sus momentos en común, entre todos, como protagonistas o quizá personajes más comunes en las historias destacaría a Fernando e Indira.
Fernando es un sevillano que se encuentra en Singapur por motivos de trabajo (es comercial). Suele viajar a muchos lugares muy a menudo, lo que le sirve para escapar un poco de su rutina, su familia, su vacío interior y encontrar la paz junto con otras mujeres. Allí conoce a Indira, una mujer atormentada por su marido drogadicto que la maltrata y obliga a prostituirse tanto por dinero como por el mero placer de hacerle daño. Entre los dos surge una atracción y pasan el tiempo y la noche juntos.
Aunque Indira trata que vayan bien las cosas con su marido, éste le responde de mala manera por lo que ella y Fernando huyen a Sevilla pero con la promesa de que su relación (más allá de la amistad) se acaba en el momento en que lleguen allí.
Así finaliza la primera parte con otros relatos secundarios entre este: el de Peter, un hombre que se hospeda en el mismo hotel que Fernando y su encuentra al final de su vida, y el de una pareja que trabaja en un restaurante de comida rápida.
La segunda parte es “El tiempo de las hormigas” y se ubica sobre todo en España. Conocemos a diferentes personajes: Jacinto Jiménez, Álvaro, Paco Arbeloa, Ricardo, Guillermo Garmendia, Eva Sanlúcar… la verdad es que el libro 2 es un poco lío con tanto personaje que es amigo de o compañero de.
No obstante, en esta parte se empieza a componer el grupo de compañeros de la universidad protagonistas de la parte final del libro. Lo que destacaría de “el tiempo de las hormigas” sería que Indira comienza de prácticas en la empresa de Fernando, estudia español y vive con Eva, una mujer muy triste prima del sevillano.
Rememorar todo lo que has vivido, todos los sueños que has perseguido, todos los olores de tu niñez, las caricias de tu infancia, tus idas y venidas al hormiguero, al amor, a la vida, la silenciosa ausencia de los que ya no están, todo ello es otra forma de vivir.
El libro 3 es “Esperando los atardeceres amarillos” y va más enfocado al viento que a la lluvia. Tanto ésta como la última parte, van más dedicadas a Eva ya que su primo pide a Indira que se acerque a ella y ésta encuentra un cuaderno donde la mujer, por consejo de su psicólogo, escribe un capítulo doloroso de su vida: una historia de amor con triste final.
El viento que nos da la vida, también nos la quita, el viento que, a veces, entre sus ráfagas, luminosas, nos trae el amor…
En la universidad, una aseguradora promociona un trabajo a un grupo de españoles e ingleses donde se encontraban Eva y Nando que les toca trabajar juntos estudiando a Antonio Machado. Debido a esta investigación van contando diferentes episodios de la vida del poeta y viajan por los lugares donde pasó la mayor parte de esta. Y entre ellos surge el amor.
Cómo decirte Nando lo feliz que fui en aquel viaje, cómo decirte si supiera dónde estás, dónde te has metido todos estos años, lo feliz que aún me siento recordando aquellos momentos.
Y toda esta historia la plasma Eva en su diario, no obstante, por más que lo intente, no consigue recordar a partir de un trayecto entre 2 pueblos en esta investigación, algo que frustra a la mujer por lo que decide ir con Indira a realizar ese camino.
El último libro llamado “Dime que fuimos Dioses” vuelve a la lluvia y comienza tiempo después con Indira en Hong Kong que ha quedado con su gran amigo Fernando y recuerda cómo acabó allí. Indira nos cuenta cómo acabó la historia de Nando y Eva, cómo las mujeres viajan a Sepúlveda, Eva se reencuentra con un compañero de la universidad y toda su memoria vuelve, y su mundo se vuelve a desmoronar.
Aunque no haga mucha mención a este, la presencia de Fernando durante todo el libro es constante, nos cuentan sus viajes, sus pensamientos, sensaciones, ese cariño por Indira y Eva, esa necesidad de cuidarlas… y me gusta que, a pesar de todas las idas y venidas de personajes durante la historia, empieza como acaba, con un encuentro entre el sevillano e Indira.
Me gustaría destacar que en una parte del libro, uno de los personajes, Paco Arbeloa, tiene la costumbre de que cuando se estresa, coger periódicos pasados y lee la sección que escribe Francisco Rodríguez Tejedor (autor del libro).
El estilo del libro es como muy poético en sí, muchas metáforas y comparaciones con elementos naturales, además, el lenguaje diría que quizá no es tan accesible para todo el mundo por que usa vocablos poco frecuentes sobre todo en la primera parte de la historia. También se recitan partes de poemas (sobre todo de Antonio Machado) y canciones.
Se muestra, además, una gran investigación y conocimiento por parte del autor sobre Machado y la literatura española. La historia que Eva Sanlúcar nos cuenta va de la mano de la vida del poeta por lo que nos expone gran parte de ésta.
Fernando viaja por negocios a Singapur y allí conoce a Indira, una muchacha india a la que la vida le ha llevado por los caminos de la tortura y la compasión. A diferencia de otras reseñas, en esta novela solo podemos empezar con una frase para resumir su inicio. Solo una oración donde se condensa la inmensidad de circunstancias que se darán a lo largo de las cuatro partes de las que se compone la novela.
En ellas, encontraremos las vivencias de unos personajes que se relacionan por su vida universitaria en común, pero a los que la vida años después les ha llevado por distintos caminos. Unos ricos, otros pobres, cada uno con su condena, nos cuentan cómo resulta la vida con su bagaje particular.
Sin embargo, algo, un aroma, nos alcanza a lo largo de toda la novela y es esa idea de Asia. Este continente se convertirá para algunos de ellos en el lugar de evasión que, como en sus apuntes de literatura, sirvió a miles de generaciones literarias para escapar del presente que les agobia, que les hace sacar lo peor de sí mismos, ¿o quizá lo que son realmente?
Por eso, esta frase inicial condensa en sí toda la primera parte de la novela, ya que Fernando, por negocios, sí, pero también por una búsqueda de ese algo que se perdió, acude a Asia, en concreto a Singapur, para volver a ser él mismo a través del sexo (en su caso). Y allí encuentra a Indira que será una de las narradoras de esta historia de múltiples vidas.
Este algo que se perdió será, junto a la idea de evasión, el segundo hilo conductor de la novela, porque si bien es verdad que encontramos a personajes que lo tienen todo, durante la narración perderán algo que será crucial para cada uno de ellos… y en cierta medida para nosotros.
El camino de las hormigas
En nuestra segunda parte volveremos a España y conoceremos al resto de miembros de ese grupo universitario. Cada uno de ellos nos enseñará el descreimiento de ciertos estatus sociales a través de su cotidianidad. «Sueña el rico en su riqueza, […] sueña el pobre que padece» como diría Calderón en La vida es sueño, y es que cierta medida veremos justo esto, el conflicto de las vidas soñadas, hasta cierto punto imaginadas, con una realidad que golpea a cada uno de ellos en algún punto de la narración, presente o pasado, que deja al personaje desnudo ante el lector.
Es en esa desnudez donde brillará la prosa de nuestro autor, que permitirá con su pluma fluida y directa, que no tiene reparos pudorosos, que el lector se desnude junto al personaje. Porque consigue justo eso, que pensemos en ‘cuando fuimos dioses’, una juventud que inexorablemente está perdida, pero que es una parte de la que no podemos renegar, de la que no debemos.
Más allá de las adelfas
Las dos últimas partes de la novela se centrarán en la vida de uno de los personajes que unirá de alguna manera al resto. Sin ahondar en lo que a trama se refiere, en estas partes llegaremos al tercer pilar de la novela. Al sentimiento de evasión y ese algo perdido, se unirá la necesidad de transcendencia.
Siendo este un tema que podemos encontrar a lo largo de la literatura, considero que en esta desataca por su particular perspectiva. La transcendencia no es permanecer curiosamente, sino recuperar aunque sea por un mísero instante esa sensación de que el mundo es nuestro. De este modo, los personajes de la novela pugnan entre esa evasión, ese dejarse llevar y seguir, o encontrar lo perdido. Para cada uno de ellos será algo diferente confiriendo a la trama de la novela una cierta universalidad: el amor, la libertad, un instante, el más allá…
Recuerdo que fuimos dioses
La verdad es que si tengo que se directa debo decir que la novela me ha gustado tanto como me ha dolido. Me ha tenido enganchada y me la he leído de una sentada, ya que todos los sentimientos que se desarrollan en ella eran tan cercanos a lo que sentimos tantas veces, que no podía dejar de intentar encontrar un consuelo en ella. No os diré si lo encontré o no, pero sí os diré que la narración nos lleva por lo peor de nosotros mismos, de una manera o de otra. Sea la envidia, el egoísmo, los vicios, los personajes que encontramos están realmente estropeados (por no decir un taco) y lo único que queremos para ellos es ese mínimo momento de redención.
Consigue el autor de esta manera que busquemos esa catarsis para nosotros mismos, lo que provoca que la experiencia lectora sea total. De verdad, os recomiendo muchísimo la novela, es una lectura adulta, que nos remueve por dentro, que quizá duela un poco, pero que al final nos da justo ese momento de trascendencia, ese recuerdo de que al menos una vez hemos sido dioses. Espero que os animéis con ella y que os guste.
Uff, me va a costar mucho reseñar este libro. Antes de nada, aclarar que es debido a mi gusto y mi opinión, esto no quiere decir que sea un libro malo sino que no ha sido un libro para mí.
En fin, de nuevo os digo, este libro no ha sido para mí. Hay veces que leemos un libro y sentimos que está escrito para nosotros. Pues con éste me ha pasado lo contrario. Me ha costado muchísimo avanzar con él. No es de mi estilo por varios motivos: el autor emplea mucho la "poética", no poesía en sí, pero sí una manera de escribir un tanto poética. No soy amante de la poesía y quizás por eso no lo haya disfrutado. Sobre todo en las partes en las que se repite una y otra vez la palabra "llueve" y algunas más. Páginas enteras con esta referencia me ha agotado bastante en la lectura. Creo que una persona que adore la poesía y este tipo de escritura sí le gustaría.
Lo mismo en cuanto al tema profundo que el autor trata. Hay muchas reflexiones y su intención es bastante buena a la hora de contar historias duras y muy realistas (contra el maltrato, etc.). Sé que esta profundidad es importante pero tampoco la he disfrutado a la hora de leer porque todo me parecía muy oscuro. No he sentido mucho la alegría (incluso en los momentos buenos del libro) y me he sentido como un poco fría. Creo que no he podido encajar bien con los personajes ni la trama, ni nada en general. El autor emplea un lenguaje muy maduro y entre esto y la historia en sí, considero que se trata de un libro para adultos, totalmente y para nada juvenil. Quizás esto es otro punto que ha hecho que no disfrutara porque suelo leer más juvenil que adulto (y si llego a leer adulto no es tan tan adulto). No sé si me entendéis pero es algo así como un tema adulto muy serio.
Todo esto ha hecho que no disfrutara de la lectura. No he podido captar bien la esencia del libro. Pero vuelvo a repetir, considero que otra persona que sí le guste el tema muy adulto, con tramas duras y realistas y con un lenguaje medio poético sí disfrutaría del libro, así que lo recomiendo para este tipo de lectores.
"No ha sido un libro para mí: lenguaje muy poético, tramas muy duras y realistas, y un género muy muy adulto."
Este es el primer libro que he leído de este autor y déjenme decirles que ¡Me ha encantado! Este libro es excelente, muy bien escrito y con unos personajes increíbles que te mantienen obsesionado desde la primera página. ¡He sentido tantos sentimientos leyendo esta obra! la forma en la que esta escrita me ha parecido tan preciosa que no he podido dejar de leerla hasta que he terminado. No soy de los que da muchos detalles en las reseñas porque creo que lo mejor es leerla en blanco para disfrutarla al maximo. ¡Buena lectura!
Novela muy profunda que te empapa de una gran nostalgia por la juventud perdida, de la que solo quedan, pasado el tiempo, los errores cometidos y en algunos casos el amor y la amistad como joyas valiosas que perduran a lo largo del tiempo. Una gran cantidad de personajes y tramas a los que hermana la lluvia incesante como símbolo del tiempo que pasa y nos agota a todos. Si te gustan las novelas adultas la recomiendo vivamente.
La verdad es que no sé cómo empezar a hacer esta reseña. En su día, leí la sinopsis de la novela y pensaba que me iba a encantar, aunque al final no ha sido así. Me cuesta mucho no hablar bien de un libro, pero tengo que ser sincera y lo siento mucho de todo corazón.
El libro está divido en varias partes donde iremos viajando a muchas ciudades interesantes y mágicas. En cada una de ellas, iremos conociendo a los distintos personajes de una forma íntima a través de muchas reflexiones. Confieso que desde el principio me costó adentrarme en la lectura y esto fue porque los personajes me resultaron muy oscuros y todo el ambiente demasiado depresivo.
Con respecto a los personajes, confieso que no he podido conectar con ninguno. Al principio y durante la lectura, sí sentía empatía por varios de ellos, pero conforme llegaba al desenlace este sentimiento iba desapareciendo. De hecho, solo puedo destacar a un personaje con el que sí he sentido emoción e interés.
El final del libro no me ha gustado nada de nada, ya que tira por la borda todo lo expuesto en la historia. No he podido entender el motivo de las decisiones de algunos personajes y me ha dolido el corazón de indignación. No puedo contar más sin hacer destripes, pero bueno solo quería dejar claro que, por desgracia, no lo he disfrutado.
La pluma del autor es muy poética y usa un vocabulario más bien rebuscado para expresar las ideas y las situaciones de los personajes. Este punto no me ha molestado y he disfrutado bastante de su prosa, pero tengo que comentarlo porque no todo el mundo está a gusto con este tipo de narración.
Para concluir, este libro nos narra una historia dura y llena de drama, pero donde también hay lugar para la esperanza. No he logrado conectar con El día que fuimos dioses y considero que no ha sido una lectura para mí. Ya sabéis que si a mí no me ha gustado, no implica que a vosotros tampoco os vaya a gustar.