Me crucé con este librito de pura casualidad. Uno de los objetivos de lectura de mi club lector es leer dos libros que tengan un animal en el título, y elegí esta obra solamente porque es cortita. No me habría imaginado jamás que iba a lograr sensibilizarme al punto de tener que leer los dos últimos capítulos llorando a moco tendido.
Tenemos aquí como protagonista a Lukas, un niño pequeño que recibe el mejor regalo del mundo en su cumpleaños número seis: un gatito. Lukas queda absolutamente fascinado con su nuevo gato, al cual nombra Noche; se vuelve su compañero, su alegría, su todo. Hasta que un día lluvioso, Noche desaparece. Lukas queda devastado y, a lo largo del libro, iremos acompañándolo en su búsqueda incansable, pasando por momentos de desolación y profunda tristeza, hasta su momento de aceptación, donde mezclamos un toquecito de magia con muchísima imaginación.
El gato al que le gustaba la lluvia es una novela corta de realismo mágico. Me pareció impecable cómo el elemento fantasía aparece desde el imaginario del niño de seis años: es su mecanismo de defensa, está ahí para ayudarlo a superar la pérdida y seguir adelante. Como cualquier niño pequeño, vamos. ¿Quién no ha usado a la magia como solución a una pregunta que no tiene respuesta cuando niño? Me parece recontra lógico y bien empleado.
Por supuesto que hay cosas que no me gustaron. Una de ellas es el mismo Lukas. Si bien su comportamiento sí va de la mano con lo que es tener seis años, muchas cosas que dice se me antojan muy maduras para su edad, sin embargo le doy pase libre porque es un libro infantil y no juzgo un libro para niños con la misma vara que un libro para adultos. Estoy segura que muchos pequeñines que lean –o a quienes les lean– esta obra van a verse reflejados en Lukas sin importar si se ajusta a su comportamiento específico o no.
En cualquier caso, este libro me caló muy profundo. Es bellísimo y muy dulce, expresa muy bien el trauma de perder una mascota. Todos los que hayamos vivido una experiencia similar conocemos muy bien esa angustia y lo difícil que es atravesar el luto, da igual si somos niños o adultos. Sin dudas, se ha vuelto uno de mis favoritos, lo recomiendo mucho para leerlo a los más chiquitos y también lo recomiendo a aquellos adultos que no tengan miedo de dejar de lado su "mente de persona grande" para sumergirse en el mundo visto desde los ojos de un chico de seis años.