La protagonista de esta historia, una nena que está por entrar en la pubertad, llega a la casa donde viven su abuela y su prima en el campo. Pero lo que sigue no es un idílico relato campestre. Al contrario. Ellas son mujeres aisladas, encerradas cada una en su propio desamparo, en una tierra yerma que ha dejado de ofrecer futuro. Sin embargo, la mirada infantil logra abrirse paso como se abre paso la naturaleza. Es temporada de moras: el tiempo se rige por los frutos de los árboles, mientras una chancha o un lagarto se convierten en los mejores amigos. Desde esta visión, el mundo parece ser también una criatura y para explicarlo hace falta inventarlo con lo que hay a mano: imagen y descubrimiento. Leila Sucari logra construir la voz de una niña cuya capacidad de observación es ajena a los prejuicios de los adultos. Su lenguaje es pura iluminación. Distinguida con el primer premio del Fondo Nacional de las Artes, Adentro tampoco hay luz se inscribe en la tradición de las novelas de iniciación, con una frescura sorprendente, que conmueve y divierte.
Linda historia que muestra a una niña en trance de ingresar a la adolescencia con los desafíos e incertidumbres que esos tiempos implican. La protagonista se debate en medio de difíciles vínculos con quienes la rodean (abuela, madre, prima), y es desde esa vulnerabilidad que observa e interpreta la realidad circundante. La novela presenta, a través de varios personajes, las tensiones entre posturas conservadoras y modernas, y aun posmodernas, por así decir. Me llamó la atención cómo la mirada de la niña asocia la percepción negativa de los demás personajes con la gordura, es un rasgo que parece repetirse en varios pasajes. Se extraña algún giro que le de alguna complicación a la historia, aunque se sugieren hechos que no alcanzamos a comprender del todo en una auspiciosa primera novela de Sucari.
Hay una escritora, hay una voz muy bien lograda y hay un estilo. Eso ya es más que suficiente. Hablando un poco más de la historia en sí... El personaje de la niña está muy bien construido. También el de la abuela, de la madre y la prima de esa niña. El único personaje masculino que resalta es el de un niño llamado Joaquín claramente es una historia sostenida por los personajes femeninos. La escritura es muy fluida y están muy bien utilizadas las metáforas. Está muy bien descripta la vida campestre y el paso de la niñez a la adolescencia. Uno se queda con más ganas de leer a Leila Sucari!
Como si se tratase de unas simples vacaciones, una nena es enviada por su madre a la casa de su abuela en el campo. Ella le dijo que sería sólo por un mes y que luego volvería a buscarla. Pero, los días en el campo pueden ser eternos. Allí, deberá compartir habitación con su prima, una joven exuberante y olvidada hace tiempo, y convivir con una naturaleza deslumbrante para sus ojos. La libertad que ofrece este paisaje muerto es un ingrediente extra a esta generación de mujeres desamparada, y en particular, para una niña que además tiene que crecer mientras tanto.
Desde que vi este libro, tuve la corazonada de que me iba a gustar y no me equivoqué. La novela está narrada en presente por la protagonista principal, una nena que se encuentra en la transición de la niñez a la adolescencia. A modo de un diario personal, es ella quien cuenta y describe las situaciones, los personajes, todo. Por eso, una de las principales características del libro es esa voz infantil que consigue interpretar la autora para señalar lo que sucede a su alrededor. No obstante, no es la ternura lo que se cuela entre las páginas, sino la inocencia, ajena a los prejuicios, al bien o al mal. La historia es llevada por los personajes, por lo que la niña mira o entiende de cada uno, y creo que ahí está la mejor parte.
Los personajes están construidos a la perfección. Aunque no conocemos los nombres de los más importantes (niña, abuela, madre, prima) ni tampoco se revela mucho sobre la historia pasada de ellos, podemos obtener un bosquejo bastante completo. La familia de la nena se encuentra formada por una abuela autoritaria, arraigada a un tiempo que ya no es y no volverá a serlo; la madre es una mujer que aún busca su lugar en la vida, depresiva e influenciable, a veces hasta infantil; y la prima es una joven hermosa, con una sexualidad a flor de piel, pero asfixiada por la realidad que vive. Ninguna se lleva bien con la otra, ninguna sabe hacia dónde ir o qué buscar, pero lo siguen haciendo de todas formas. Están perdidas en un presente sin futuro, en una tierra yerma hace mucho tiempo; y en el medio de todo ello, se halla esta niña. No me costó identificarme con ella. Me encanta cómo convierte a la naturaleza en su refugio y, en lo personal, que adoptase mascotas tan extravagantes como una chancha y un lagarto (lo dice alguien que de chica pasaba horas mirando caminos de hormigas y dando de comer a sapos bebes). La inocencia de sus observaciones te sacan sonrisas inevitables, en especial porque se contrastan con el resto de los adultos, quienes continuamente exponen sus miserias. El ambiente es pobre, mezquino e interesado; y cuando no lo es, se torna violento y superficial (los vecinos, que tienen la familia perfecta). Se trata de una novela muy femenina. No son muchos los personajes masculinos que intervienen, y cuando lo hacen sólo aportan oscuridad o confusión. La excepción es Joaquín, y quizá no es casualidad que sea el único hombre identificado con un nombre propio.
La escritura es perfecta, aunque informal, acorde a una niña. Se vuelca todo, sin filtro, sin necesidad de indicar diálogos o palabras ajenas, porque en realidad ahora ya son de ella. El ritmo es fluido y, si no te detenés a tomar pausas por tu cuenta, te arrastra consigo. Podés leerlo muy rápido, o podés leerlo despacio y hacerlo durar un poco más como yo.
Un desenlace apropiado, aunque no me quita las ganas de seguir leyendo un poco más.
Adentro tampoco hay luz es la historia de una familia de mujeres que, por una razón u otra, terminan conviviendo en una casa en el campo, pero con la particularidad de estar contada desde la perspectiva de una nena, que está abriendo sus pasos hacia la pubertad. Con la picardía y la falta de prejuicios que caracteriza a los niños, y la curiosidad que asoma en esta etapa de la vida, se ve obligada a amoldarse a un mundo de adultos cruel y miserable. Su abuela, su madre y su prima son sus modelos a seguir, aunque cada una de ellas está perdida, desolada, envuelta en la realidad que vive, llenas de ilusiones e incertidumbres. La niña escapa de esta locura y se refugia en los árboles, en las hormigas, en animales que adopta como mascota, en vecinas que parecen perfectas, en ancianas, en la directora del colegio, en un libro prestado, y en todo aquello a lo que pueda aferrarse. Y como si fuese poco, también tiene que tratar de entender qué sucede a su alrededor y dentro de sí misma. Una escritura precisa, cruda y fluida. Una primera novela de Leila Sucari que augura otras muy buenas por venir. Muy recomendable.
Me gustó bastante pero a la luz de lo que vengo leyendo, es poco original. Historia desde la voz de una niña convirtiéndose en adolescente y relaciones con las mujeres de su familia. Está bien.
Una primer novela que tiene todo lo que tiene que tener. Personajes inolvidables, un clima oscuro, juego entre lo real y lo paranormal, la niñez, la maduración, la iniciación sexual, el descubrir el mundo a los ojos de un niño. Todo.
"Adentro tampoco hay luz" narra la historia de una familia conformada por mujeres que por distintas razones terminan conviviendo en una casa en el campo. Lo interesante de la novela, es que está contada desde la voz de una niña que se va convirtiendo en adolescente, y cómo va experimentando y descubriendo sus relaciones con las mujeres de su entorno familiar. Es un coming of age en medio del campo.
La trama no me voló la cabeza, pero me pareció una buena novela. Por supuesto que uno se pone a opinar acá en Goodreads, pero la verdad es que yo no llegaría ni a un cuarto de lo bien que escribió Leila, jaja.
La voz de ingenuidad de la narradora, cuenta crueldades y desgracias con una liviandad que es bellísima y angustiante a la vez. Excelente Lo que no me gustó: los comentarios gordoodiantes.
Escrita con una sencillez engañosa. Lo no dicho enriquece la trama y es tan importante como lo narrado. Una linda novela, con lindos personajes. Agradable y rápida de leer.
Leila Sucari es sin dudas una revelación y una autora para tener en la mira. De esta, su primera novela, me atrapó en especial el ambiente y los personajes.
La narradora de la historia, una niña, cuyo nombre no se nos revela nunca, es obligada a pasar unos días –que devienen en meses– en el campo, donde vive su abuela y su prima. Una casa donde los relojes y calendarios estorban, en que el tiempo lo rige la naturaleza y los frutos de cada estación se vuelven nuestra brújula temporal.
A través de su voz, podemos observar la soledad que cargan las mujeres de la casa. Una soledad que tiene raíz en la garganta y que logró expandirse por fuera del cuerpo, conquistando lugar alrededor de ellas. Una soledad que entorpece el paso, que creció y ocupó más espacio del que debía, construyendo una distancia entre ellas y todo lo que desean. Una lejanía que les niega una vida mejor. La niña anónima la percibe y a medida que pasa el tiempo, logra atisbar los espacios lumínicos de la casa, los que están libres de su presencia y crea un mapa mental de ese laberinto amargo. El «afuera» cobra protagonismo y se vuelve su refugio, la naturaleza es quién la cuida ahora.
Me hizo sentir nostalgia de una infancia que no tuve, así nomas te das cuenta lo atrapante que es el libro. Yo me sentía la protagonista aunque no compartimos vivencias, su accionar y su imaginación fueron lo que me hizo acordar a cuando era chica. Me encanta, también el hecho de que la historia esta centrado en los personajes femeninos, en la maternidad específicamente, no leí otras obras de la autora pero con leer la sinopsis de sus otros libros me doy cuenta que es un tema recurrente en sus relatos y creo que es lo que mas me atrae a leer sus obras. Me hubiera encantado que fuera mas largo siento que faltaba mucho mas en la historia pero igualmente me gusto mucho. Super recomendadísimo
La voz narradora es la voz de una niña, de la que no sabremos su nombre, y que va creciendo con el descubrimiento de la muerte, la enfermedad, el sexo, la violencia, el dolor, la religión, la pobreza, la decepción, el desapego, la hipocresía y la frustración del mundo adulto. Y lo hará como cualquier niña, sin darse cuenta de que se está convirtiendo en una adulta. Un mundo exclusivo de mujeres donde el hombre está ausente por su irresponsabilidad y desinterés.
El año pasado leí "Fugaz", la segunda novela de Sucari, y me pareció muy buena. Esta, que es su primera novela, me pareció también muy buena pero no me movió tanto. Igualmente, tiene grandes momentos y es ligera de leer. Está escrita con capítulos cortos, aunque algunos sean como trompadas a la realidad, a la sensibilidad. Es interesante, la recomiendo para aquellos que quieran leer algo que no sea denso pero que sea impactante y te saque un poco de la comodidad de estar en la cama, leyendo un libro, como si nada fuera a pasar.
De cabeza uno de mis libros favoritos. Narra en una voz infantil -que no ignorante- una situación oscura y difícil que podría trasladarse años después a un relato en la consulta de un psicólogo. Me ha hecho sentir mucho -sentimientos incómodos especialmente- pero supongo que de eso se trata (qué gusto leer un libro y sentirme tan conmovida sin necesidad de descripciones demasiado explícitas en ciertos temas). Estoy segura de que Panza de Burro toma mucha inspiración en esta historia y creo que desde ahora laa voces infantiles van a empezar a ser mis favoritas.
En un entorno rural de Argentina una niña nos cuenta la historia de su familia matriarcal. Lejos de los esteriotipos, una abuela que nada tiene de dulce y tierna. Una madre que necesita mas que la cuiden con cero capacidad de criar y contener y una prima que le abre las puertas de ese mundo exterior no conocido y "prohibido". ☆ "La abuela dice que soy un narciso y yo le agradezco. Aunque si fuera una flor creo que seria una de esas silvestres que crecen solas en el pasto"
Una protagonista que ante la falta de atención, explora desde su mirada inocente su entorno y su paso a la pubertad. Su esencia inocente la hace tan querible e inolvidable. Es una novela con capítulos cortos, que aveces te dejan con ganas de más.Es de rápido lectura, pero no por eso esta exenta de frases maravillosas.
Me pareció espectacular. Esta niña, rehén de su madre, es puesta en la casa de su abuela. Subsiste, resiste, se adapta, para cambiar nuevamente toda su vida. Con un dejo similar a Las primas de Venturini, esta niña crece y aprende de donde puede.
El libro te hace sentir que sos una pre adolescente viviendo en el interior de Argentina incluso si nunca pisaste el interior. La escritura es cruda y todo lo que se quiere transmitir está bien logrado. La historia, atrapante pero rara.
Una novela sencilla, pero no menos interesante. De un devenir claro y una voz femenina que se encuentra frente a su relación con mujeres de su círculo más cercano. La trama en sí no me pareció tan atrapante
Atractiva tanto por su sencillez como por la ambigüedad que caracteriza a los personajes y hace que los amemos/odiemos constantemente. Maravillosa novela.
La voz de la narradora está bastante bien lograda. De ahí es que le doy 2 estrellas. Sin embargo, pasé la mitad del libro y sigue sin ocurrir nada. Los personajes son redundantes, la abuela, la prima, una y otra vez hacen lo mismo. Todo queda en momentitos, en un "durante" eterno que hace que el lector no vuelva a tener ganas de abrir el libro pese a haber leído más de la mitad. Esperaba más de un Primer Premio de Novela del Fondo Nacional de Las Artes y encima editado por Tusquets.