Soy imparcial con este autor. Me encanta su personalidad, sus programas de radio, sus conferencias y sus aficiones (aunque supongo que no las conozco todas). No es un libro de misterios al estilo Von Daniken o JJ Benitez. Es una recopilación de lugares, objetos y arquitecturas que, por una u otra razón, son o fueron especiales en su momento e incluso ahora. Buena lectura para ir poco a poco, apuntando algunas y disfrutando de la forma de narrar (y de hablar) del autor, con su distintivo sentido del humor.
"El que viaja con consciencia sabe a lo que va y para qué va. Tiene ansias de conocimiento, quiere saber más del lugar que visita, empaparse de la belleza de su paisaje, de su historia, leyenda y misterio. Y si llega la oportunidad, tocar las piedras, abrazar un árbol, compartir experiencias con sus compañeros de viaje, saborear el plato típico de la zona, ensimismarse con un capitel románico o zigzagear entre las piedras de un cromlech. Al viajero le gusta disfrutar del momento, le gustar "estar" y "mirar", si, mirar, observar, extasiarse y hasta meditar si fuere menester. Un turista se puede cruzar con un viajero y ni siquiera se verán. Buscan cosas distintas: el turista la última foto y el viajero el último instante".