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Sirva esta breve reseña para rendir mi pequeño tributo a quién tan buenos “ratitos” de lectura me ha brindado. No recuerdo a qué edad me aficioné a leer esta serie. Lo que si recuerdo es que la empecé por el tercero o el cuarto volumen. Luego ya casi en orden me leí un montón, aunque confieso que aún me quedan al menos dos o tres ejemplares por leer. Tampoco pasa nada porque no los lea.
Poco sabía entonces (y menos me importaba) la ideología “tan poco liberal” de la que Ussía hacía gala en más de una entrevista. Son más de 50 títulos los que nos deja, del marqués unos 14 ó 15, en los que la parodia que desplegada era difícil que no te arrancara bastantes sonrisas y más de una carcajada. En definitiva, cogías sus novelas para pasártelo bien, y era casi imposible que el autor no lo consiguiera.
Algunas de sus obras han envejecido peor (su “Tratado de las buenas maneras” levantaría muchas cejas ante el buenismo imperante), y su sentido del humor es claramente no compartido por muchos lectores actuales. Pero todo depende del talante con el que quieras empezar su lectura. Y yo, por si acaso, prefiero quedarme con la primera impresión.
Así que mi homenaje por tan buenos momentos. El que quiera leerlo con doble sentido que no cuente conmigo. Y si pueden (desconozco si está en podcast), que escuchen algún “Jardín de los Bonsáis” de su etapa con Luis del Olmo en “Protagonistas”. Ahí queda eso.
Y a quienes se enfadan si comparamos a Ussía con el magnífico Tom Sharpe y su estrafalario Wilt. Yo sí lo hago y no me rasgo las vestiduras por ello.
Cuatro estrellas al conjunto de la obra del Marqués de Sotoancho.
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