Este volumen ofrece una historia de Columbia desde los tiempos de antes del descubrimiento y conquista al presente. El hilo conductor de la narrativa es la fragmentacion espacial del pais y las divisiones profundas de la sociedad columbiana, ya sean culturales, etnicas, de clase o de localidad, region, politicas e ideologicas. Vista en una perspectiva de muchos siglos, la historia columbiana resulta un tejido abigarrado en el que se entrecruzan la geografia y la accion social que trata de dominarla a lo largo del tiempo y da un sentido peculiar a las divisiones de la sociedad. Un tejido que, a su vez, hace parte integral de la historia mundial y del hemisferio occidental, aunque el texto acentua las dificultades de integrar el pais por dentro asi como de incorporarlo al mundo.
En el momento de la educación respecto a la violencia del siglo cincuenta siempre aparecen los nombres de dos historiadores relevantes: Frank Safford y Marco Palacios, escritores del libro “Historia de Colombia: país fragmentado, sociedad dividida”. Ambos autores se complementan perfectamente ya que Safford compone el grupo conocido como “colombianistas” (Banco de la República de Colombia, 2012), ya que son académicos que han tomado gran interés en la historia de nuestro país y Palacios quien es parte del grupo de historiadores reconocidos en nuestro país respecto a la violencia de la década de los cincuenta.
Frank Safford obtuvo su doctorado en Columbia en historia latinoamericana para luego basar gran parte de sus escritos respecto al siglo XX del país colombiano que posteriormente le otorgaron un doctorado en la Universidad Nacional. Contrariamente, Marco Palacios obtuvo su doctorado en Oxford en filosofía además de haber estudiado leyes en Colombia: educación que complementa al académico perfectamente lo que le permitió vincularse al centro de investigaciones para el desarrollo para luego estudiar como investigador en la Universidad Nacional.
La unión de estas dos mentes maestras concluyó en el magistral texto conocido como “Historia de Colombia: país fragmentado, sociedad dividida” en la cual se hace un exhaustivo resumen de la historia del país desde la época precolombina hasta el presente. En este texto además de mencionar las diferentes dificultades que ya de por si tiene Colombia, también se menciona la gran dificultad que es el integrarlo a la comunidad internacional a causa de las múltiples variables de carácter violento que se ven influenciando al país día a día (Banco de la República, 2012).
Específicamente, en el capítulo “La violencia política en la segunda mitad del siglo xx”, explora a fondo como los sucesos políticos recurrentes durante las décadas de 1950 y 1960 fueron influyentes en las tasas de homicidio, lesiones y secuestros: encabezando las listas mundiales de estás estadísticas. Se piensa que van de 80.000 a 400.00 muertos a causa de las confrontaciones por parte de las élites a causa de imponer un modelo gubernamental a base de sus propias ideologías mientras que el “sectarismo” ahogaba a los diferentes grupos políticos del país. Estos datos evidencian claramente como a la división ideológica causada por la Guerra Fría también fue actor principal de la violencia en Colombia al crear la división liberal-conservador: dividendo “las élites de las chusmas” quienes llamarían comunista a quien no estuviera de acuerdo con sus ideas homicidas.
Estos eventos permiten la periodización de la historia colombiana que dividen las etapas de la violencia en la primera violencia (1945-1953) que sería la del sectarismo bipartidista y la segunda violencia que se refiere a los conflictos armados entre la guerrilla y el gobierno además de la pelea en contra del narcotráfico, la cocaína y la mala representación Colombiana a nivel global(1964-presente). La Primera Violencia inicio procesos en municipios de alto riesgo donde estarían haciendo “Limpieza sectaria al partido minoritario” que inmediatamente se devolvería con una venganza. Consequentemente, este patrón agarra fuerza tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitan que habría triplicado el numero de muertos a causa de homicidio en menos de tres años.
No obstante, el mayor impacto de la crisis no se fue identificado hasta la segunda mitad del año 1949 en donde el ascenso de Laureano Gómez impidió el acuerdo bipartidista del reemplazo de Gaitan, Mariano Ospina ya que los liberales tomaron la decisión de abstención: dando una razón para cerrar el Congreso. Ante tales acciones tan aberrantes, la resistencia liberal se organiza en guerrillas que pierden poder a causa de las venganzas familiares y el nuevo estatus de guerra civil que hace del conflicto un tema público que no fue considerado por ningún jefe gubernamental ya que “Ninguno de ellos quiso formalizar una guerra civil que ya existía.”
Los liberales que no conformaron estás guerrillas tomaron la decisión de ser leales a las guerrillas para postergar el retorno de la institucionalidad republicana. De estas diferentes formas de pensar aparecieron las “guerrillas de la paz” que se veían conformadas por campesinos conservadores que le hacían oposición a los grupos armados ya establecidos. Para el final de la década de 1940, se registraron 50.000 muertos en el país, se impusieron impuestos sobre el ganado para su venta y organizar a la sociedad respecto al “compadrazgo” y el apego a la patria. Continuamente, el papa Pío XII organizó a la iglesia para volverlo una organización anticomunista que dividió aún más a los dos partidos políticos y las élites de la sociedad quienes buscaron señales para definir el nuevo orden que se estaría tomando.
A lo largo que pasó el tiempo los diferentes roles sociales, la religión organizada y la afiliación partidista se fueron esclareciendo en la sociedad Colombiana para disolver los ritmos “revolucionarios” de la población. Estos eventos concluyeron en la desmovilización guerrillera y se dio fin de la primera etapa de la violencia en Colombia.
Posteriormente, para la década de los sesenta, se vuelve normal que los diferentes grupos liberales empiezan a ser desplazados de sus terrenos por el ejército ya que “los liberales toparon un conservador y lo mataban y un conservador topaba un liberal”. Esta persecución afectó la vida de miles de personas ya que se vieron forzados a dejar a sus familias y sus pertenencias, teniendo que empezar completamente de nuevo Estos actos dieron fin a esa tercera etapa que comenzaría los múltiples actos de injusticia social por parte del gobierno hacía los ciudadanos que habitaban las zonas rurales del país.
Como ya se mencionó anteriormente a lo largo de la reseña, Safford y Palacios hicieron una buena labor resumiendo veinte décadas de historia en la corta cantidad de 20 páginas ya que mencionan las variables causantes y las principales repercusiones de los acontecimientos protagonistas de la violencia del siglo XX en Colombia. No obstante, pienso que este capítulo no es una fuente completa de información respecto a la historia completa ya que “siempre hay dos lados de la historia”, no porque el gobierno sea el bueno (que no lo es, claramente es el enemigo del pueblo en está historia) mas si considero pertinente el completo análisis de ambos puntos de vista para el entendimiento de porqué Colombia está desastroso y porqué el tachar a los individuos con ideología de Izquierda “comunistas” es simplemente un pensamiento retrógrado que gente de hace casi un siglo consideraba excusa suficiente para matar.
Despite a relative insight into each of Colombia's main periods, this book can hardly be used as learning Colombia's history from blank, and someone with a light understanding of Colombia's present and past would take better advantage of the contents of this book. Nonetheless, one's understanding of Colombia's current political, economic, and social situations can be broadened by a thorough reading of Safford's book. Not giving five stars to this book is rather because of a single book's inability to provide a detail explanation of Colombia's complex and rich history. For instance, the chapters regarding 1950-2000 can be considered as too shallow when compared to the detailed work of Tirado Mejía's Nueva Historia de Colombia, but Safford has the edge in this comparison as to number of pages, since Tirado Mejía's Nueva Historia consists of several volumes. There is nothing more to say, that despite this book's relative undetailed explanation of some periods of Colombian history, this definitely is a good read. I would totally recommend it to anyone interested in Latin American history.