Me sabe mal ponerle esa puntuación, pero a falta de medias estrellas, me tengo que decantar por lo negativo a causa del último tercio del tomo. Hasta ese momento, no está nada mal: un poco de trasfondo para Eren y Mikasa con tal ahondar en la personalidad de esta última antes de su papel en la actualidad de la serie. Ahora bien, tengo la sensación de que nada es canónico porque ni Mikasa tiene un hermano (juraría) ni lo del hipnotizador parece real. Sea o no diegético, ahí es donde empiezan mis problemas: la trama se cierra con una estupidez increíble solo para llevar a Mikasa a un punto concreto en el que, todavía, no está. De hecho, me gusta que antes se la muestre con una botella de cristal rota para indicar que está dispuesta a todo para proteger a Eren, pero que no termine usándola. Si eso se hubiera conectado con la trama canónica de los secuestradores o el momento del tomo 2 en que decide luchar, lo habría entendido. El caso es que no lo hace; en su lugar, se inventa una inverosímil excusa argumental que conecta con un capítulo final intrascendente. ¿Sirve para mostrar que Mikasa ya sospechaba de Annie? Pues vale, nada nuevo. Parece un pobre intento de juntar las tramas de ambos tomos, pero se pierde tanto en su guion como en su intencionalidad. Me quedo de lejos con el primer volumen de este spin-off. Y, ahora, volvemos por fin a la trama principal.